Madre no mormona ruega públicamente a sus vecinos SUD que no ignoren a sus hijos

Carta para los mormones (de una madre de otra fe)

Una madre de Gilbert, Arizona, una ciudad tan mormona que los miembros de la iglesia tienen suficiente poder como para influenciar lo que se enseña en las escuelas públicas, les da una lección de aceptación y amor a sus vecinos SUD.

Queridos vecinos mormones,

Habiendo vivido en Gilbert por la mayoría de mi vida, hemos sido visitados por misioneros mormones jóvenes y apasionados a través de los años. Recientemente nos han ofrecido su ayuda en cualquier cosa que necesitemos. Estos intercambios siempre incluyen típicas palabras amables como, “Gracias por su generosa ayuda”, y agregamos que “No, no necesitamos ayuda en este momento”. Pero después de su última visita, cuando los jóvenes se alejaban en sus bicicletas, me di cuenta que sí tengo un favor que pedir. Un pedido que ha estado hirviendo debajo de la superficie, sin ser mencionado, por algún tiempo. Un deseo que comenzó a formularse en mis años de escuela primaria y que se ha ido refinando desde que tuve hijos en esta ciudad. La próxima vez que un misionero mormón me pregunte si hay algo que pueda hacer por mí, voy a responderle humilde y venerablemente de la siguiente manera:

Por favor enséñenle a sus hijos a ser inclusivos con mis hijos no mormones, y por favor guíenlos a llevar esa inclusión más allá de la escuela primaria a la secundaria.

Por favor animen a sus hijos para que se sienten con los míos en la cafetería.

Por favor permitan que sus hijos inviten a los míos a fiestas de pijamas, fiestas de cumpleaños, y a reuniones los fines de semana incluso DESPUÉS de que mi hijo ha dejado en claro que no está interesado o interesada en ir a charlas fogoneras, seminario o a la iglesia con su familia.

Por favor permitan que sus adolescentes vayan con los míos a bailes familiares, eventos atléticos y a cenas en grupo, confiando que, tal como ustedes, mi esposo y yo hemos hecho lo mejor que pudimos para criar a un adolescente que conoce lo bueno de lo malo.

Por favor reciban a mis hijos en sus hogares y permitan que sus hijos visiten a los nuestros.

Por favor pídanle a sus hijos que consideren lo aislante que es durante “los días de extra crédito de seminario” para quienes NO vienen a la escuela vestidos como para ir a la iglesia.

Por favor reflexionen en el hecho de que los adolescentes se pasan la mayoría de su vida comparándose con sus compañeros, así que cuando reconozcan que nunca será “aceptable” salir con sus hijos o hijas o ser sus mejores amigos, será, en el mejor de los casos, dañino para su delicada autoestima.

Por favor recuerden sus años de juventud cuando su objetivo principal era ser amados y aceptados por quienes eran sin tener que hacer como que eran alguien diferente.

Por favor entiendan que la fe de mi familia también enfatiza la importancia de amar a otros, de dar de nosotros mismos, de perdonar a quienes nos han dañado, y buscar el perdón cuando hacemos mal a otros…

Por favor apoyen a sus hijos para que tengan conversaciones abiertas, vulnerables, honestas, transparentes, amorosas, amables y llenas de aceptación con mis hijos sobre lo que creen y por qué. De hecho, mientras nuestros hijos están teniendo esas conversaciones “de grandes”, espero poder compartir más en profundidad con ustedes, los padres mormones.

Por favor sepan que yo considero que sus hijos tienen la misma importancia que cualquier otro niño que comparta la fe de mi familia o que no tiene ninguna religión. Su hijo es especial, y hermoso, y digno de mi amor y preocupación, sin importar la doctrina o la teología.

Por favor crean que yo veo nuestras diferencias como una oportunidad de crecer juntos en una aceptación amorosa. Dios no dijo que toleremos a nuestros prójimos. Yo los amo y los invito a mi hogar con brazos abiertos, a ustedes, a sus familias, y a su fe… Su fe es un componente importante de quiénes son…

A medida que comparto estas esperanzas para mis hijos, me doy cuenta que estos son los mismos deseos que quise expresar cuando era joven, y todavía siguen siendo deseos para mí. Quiero conocer a mis vecinos mormones. Quiero que compartamos nuestras celebraciones y que suframos nuestras pérdidas juntos. Quiero entrar en relaciones profundas con ustedes, relaciones que nos permitan celebrar nuestras diferencias, y que nos ayuden a levantarnos mutuamente en lugar de juzgarnos en silencio desde el otro lado de la calle o de la reja del patio. Quiero que nos abracemos y que compartamos cenas, y que nos enviemos chistes por teléfono, y que vayamos al cine, y que vayamos a la pileta juntos, y que hablemos de política, y que lloremos, y riamos, y que vivamos nuestras vidas juntos. Estos deseos nunca han sido expresados porque nunca los sentí tan fuerte como para expresarlos, pero ahora que tengo hijos, no hay nada más vital que asegurarme de que tengan un profundo sentimiento de pertenencia en este lugar en el que decidimos criarlos.

Por décadas he sentido una separación invisible pero palpable entre mi familia y nuestros vecinos mormones… Un criterio silencioso que dice, “No podemos estar demasiado cerca. No podemos vivir esta vida juntos; no podemos ser amigos íntimos a menos que pertenezcamos a la misma fe”. Quiero derribar esas barricadas y abolir este destructor silencioso de la amistad. Temo que estemos desechando amistades valiosas y comuniones que pueden llegar a cambiar nuestras vidas por permitir que la religión segregue nuestras vidas.

No somos tan diferentes. Nuestros hijos no son tan diferentes. Todos vivimos en un mundo hermoso pero roto, y todos hacemos lo mejor que podemos con lo que tenemos. Con inclusión y aceptación podemos aliviar nuestras cargas y amarnos a pesar de nuestras flaquezas. Todos somos humanos con problemas, así que tengamos problemas juntos. A medida que nuestras piezas fracturadas se junten, seremos transformados en un tapiz magnificente y vasto, lleno de colores brillantes y unidad… Nosotros podemos unir nuestros corazones en una comunidad de “nosotros”, hilos dinámicos de almas estrechándose para alcanzarnos los unos a los otros, para amarnos los unos a los otros, para entendernos los unos a los otros, siendo fieles con nosotros mismos a la vez que nos apoyamos mutuamente. Amados y amando. Formando parte por completo.

Sinceramente,

Renee’ (su esperanzada vecina)

P.D.: No estoy diciendo que los mormones son el único grupo religiosos que puede recibir un pedido como este, o que solo se aplica a los mormones. También estoy infiriendo que yo no podría beneficiarme al leer estas palabras aplicadas a mi propia vida con respecto a otros grupos o a “los demás”. Yo creo que todas las religiones y cada denominación podría beneficiarse al ser más inclusivas, pero escribo esta carta en relación con mis propias experiencias y recuerdos y las preocupaciones que siento por mis hijos. Mi esposo judío-agnóstico podría escribir una carta idéntica, basada en su propia historia, y cambiar la audiencia a “Queridos cristianos”, o “Queridos católicos romanos”. Todos debemos admitir que se siente bien pertenecer a un grupo, pero es demasiado a menudo que es a expensas de vivir una vida vacía de aquellos que son diferentes a nosotros, y creo que eso es una tragedia. Es cansador tratar de quedar bien consistentemente con el “club” correcto estos días. Las razas, etnias, religiones, orientaciones sexuales, géneros, afiliaciones políticas, condiciones socioeconómicas, vecindarios, regiones, nacionalidades, profesiones, y la lista interminable de maneras en que dibujamos líneas invisibles continúa.

 

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6 Comments on "Madre no mormona ruega públicamente a sus vecinos SUD que no ignoren a sus hijos"

  1. Renato Saavedra | 09/10/2017 at 9:42 pm | Reply

    El hecho de pertenecer a la “única iglesia verdadera” muchos miembros se creen ya exaltados y eso lo hacen ser xenófogos, racistas e intolerantes.

  2. Jose Rodriguez Rojas | 09/13/2017 at 12:33 pm | Reply

    Escribir una carta a sus vecinos acusandolos de no inclusivos, cuando ella claramente no quiso ser inclusiva me parece que deberia reflexionar sobre su forma de actuar, es triste ver gente que mediante una carta hacerse una victima pero en fin la naturaleza humana es asi

  3. Omar Elías Valenzuela Escobar | 09/13/2017 at 3:54 pm | Reply

    Le encuentro toda la razón a esta mujer en su suplica, es algo que se ve y que los que hemos sido Mormones alguna vez hemos experimentado, esa actitud no ha cambiado

  4. Omar Elías Valenzuela Escobar | 09/14/2017 at 7:08 am | Reply

    Las diferencias se ven en distintos ámbitos en la Iglesia, tanto para los que son investidos o familias de cargos eclesiásticos de barrio o estaca, y se sienten Dioses o de la farandula Mormona por decirlo de alguna forma, como en las diferencias que se dan de clases sociales y que son tan marcadas en la Iglesia, ahora lógico no solo pasa en las religiones, sin embargo, hablan de los SUD y por eso me refiero a ello y es siempre en base a mi experiencia

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