Mi historia

Es difícil saber cuándo exactamente perdí mi testimonio, ya que fue algo más o menos gradual. Y muy personal. Dudo que alguien abandone la iglesia exactamente las mismas razones por las que yo lo hice. Ya en la época que estaba trabajando en el obispado, hace unos cuatro años, empecé a tener serias dudas. La muerte del presidente Hinckley también me afectó mucho, porque lo quería tanto. Hasta que me enteré que trabajó muy duro para detener la enmienda de los derechos civiles, la cual garantizaría la igualdad entre hombres y mujeres… El presidente Monson siempre me cayó muy mal, y esto fue algo que era muy conflictivo para mí. ¿Cómo podía ser que uno dudara del profeta, no? Pero por más que oré y rogué a Dios que me ayudara a aceptarlo, nunca pude hacerlo. Uno de mis problemas más grandes fue que casi inmediatamente después de la muerte del presidente Hinckley y la asunción de Monson, éste mandó una carta a los obispos, para ser leída durante la reunión sacramental, diciendo que la gente dejara de contar esa historia de que “cuando uno vaya al cielo y diga que vivió durante la época del presidente Hinckley, los ángeles se nos van a postrar en reverencia”. ¿Por qué no dejar que el pobre hombre esté muerto por un tiempito al menos antes de tratar de asesinar los mitos sobre su persona?

Supongo que las dudas más serias me empezaron a aparecer a medida que empecé a leer ensayos y libros acerca del cerebro y la mente humana. Aprendí que gente con diferentes estructuras cerebrales reaccionan muy diferente frente a las mismas experiencias. Muchas personas tienen una gran facilidad para aceptar relatos metafísicos, mientras que a otros les es imposible creer en cosas que no pueden ver y comprobar. No es una decisión personal el creer o no, es una disposición mental. Entonces, me pregunté, ¿Por qué Dios exigiría que todos crean en Él para ser salvos y al mismo tiempo crearía a alguien que por su propia naturaleza no puede creer en Él? Además, está comprobado que una persona que nace con ansiedad o que sufre de depresión experimenta sensaciones diferentes. Por eso, la prueba de la iglesia de que uno tiene que orar y “sentir por medio de un ardor en el pecho si estas cosas no son verdaderas” me empezó a parecer una prueba sumamente subjetiva. Además, mi mamá sentía ese mismo ardor en el pecho cuando iba a otras iglesias, ¡y yo lo sentía cuando escuchaba canciones que me gustaban mucho! ¡Exactamente el mismo sentimiento que tenía en la iglesia! Ahí me di cuenta que ese sentimiento no tenía nada que ver con el espíritu, sino con un sentimiento de comodidad, de pertenecer a un grupo, de participar de algo familiar, de cantar canciones que nos gustan, etc.

Además, después de escuchar en la televisión de varios asesinatos en masa, los cuales parecen ser tan populares acá en los EEUU, tuve que reconocer que esta gente cometiendo los asesinatos no podían ser normales. Ésta es gente a la que le falla la cabeza. ¿Esto quiere decir que no van a ser responsables por los crímenes cometidos cuando estén frente a Dios? Si no pueden evitar actuar de esa manera porque no tienen control de sus pensamientos, ¿van a ser castigados por haber sido creados así? ¿Y por qué crearía Dios a este tipo de gente? ¿Para probar a los santos, para ver si van a ser fuertes en sus tribulaciones? Uno tiene que reconocer que eso es algo muy, muy cruel. Además, ¿dónde está el libre albedrio de gente que no puede controlar sus acciones?

Finalmente, en esa época empecé una dieta muy rigurosa, y empecé a aprender qué comidas son buenas para uno, qué alimentos nos afectan de qué manera, y qué comidas tiene uno que evitar. En resumen, era un analfabeto de la comida y pasé a ser mucho más educado en el tema. Mientras más aprendí, más me di cuenta que la palabra de sabiduría no tiene ningún sentido. Por ejemplo, se nos dice que “tomar café es pecado”, como diría Arjona. Pero ¿por qué? ¿Porque es una bebida caliente, como dice Doctrina y Convenios, o porque tiene cafeína? La palabra de sabiduría no dice nada acerca de la cafeína, y ambos José Smith y Brigham Young tomaban té y café.

– Si es porque es una bebida caliente, ¿por qué se nos permite tomar sopa, chocolate caliente, mate, té de hierbas, etc.?

– Si es porque tiene cafeína, ¿por qué nadie ha dicho que tomar Coca Cola, o energy drinks, es un pecado? ¿Por qué el chocolate, el cual tiene cafeína, es permitido?

Una estudiante mía, que es mormona y que me criticaba constantemente porque yo tomaba café, me dijo que el chocolate es permitido porque tiene muy poca cafeína. “¿Entonces está bien pecar, siempre y cuando el pecado sea muy chiquito?” le pregunté. Ella sonrió y se puso colorada, pero no me contestó.

Una vez que estas dudas empezaron a apilarse, me permití mirar a la iglesia desde el punto de vista de un no mormón y a analizar mis creencias como alguien que recién se encuentra con esta fe, pero sabiendo todo lo que sabía en ese momento. El resultado fue que ya nada de esto tenía ningún sentido para mí. Hay una historia muy popular en la iglesia:

“Si uno pone un sapo en una olla de agua caliente, el sapo va a saltar inmediatamente fuera de la olla. Pero si uno pone un sapo en una olla de agua tibia, y poco a poco empieza a subir la temperatura del agua, el sapo va a quedarse ahí hasta que el agua va a ser tan caliente que el sapo se va a morir”.

A pesar de que este es un experimento falso (los MythBusters lo desmitificaron), yo creo que es una buena metáfora para los miembros de la iglesia. Cuando uno se encuentra con la fe por la primera vez, todo lo que uno escucha es acerca de que Dios nos ama, y de cómo Jesús visitó las Américas, y cómo uno va a vivir para siempre con sus seres queridos, etc. Después uno aprende que hay que bautizarse por los muertos, pagar el 10% del sueldo, abandonar los amigos que son “malos ejemplos”, trabajar muchas horas gratis para la iglesia todas las semanas, que trabajar y comprar los domingos es pecado, etc. Si uno se encuentra con creencias extrañas, nunca es al principio. Para cuando uno escucha esas cosas, uno está comprometido y convencido de que la iglesia es verdadera, por lo tanto, por más extrañas que parezcan esas cosas nuevas, ¡tienen que ser verdad! Pero imagínate si uno escuchara TODAS esas cosas al principio. ¡No hay forma que uno se bautizaría o dedicaría su vida a algo así! Y no es que estoy diciendo que la iglesia mormona sea más rara que cualquier otra iglesia. Para mí, todas son rarísimas, todas tienen sus cosas extrañas. Pero como uno ha escuchado estas cosas desde la cuna, es fácil aceptarlas.

Para darte un ejemplo, imagínate que misioneros hindúes vienen a tu casa y te dicen que hay que adorar a Brahma, el creador de todas las cosas, el cual tiene cuatro cabezas y cuatro brazos. O a Vishnu, el dios serpiente azulado. ¡Uno nunca creería en esas cosas! No porque no sean ciertas (quien sabe, tal vez el Brahma nos esté esperando junto a San Pedro allá en las nubes), sino porque es algo que para nosotros es muy extraño, algo que nunca habíamos escuchado antes. Sin embargo, para la gente en India esto es tan natural como un hombre con barba y con una túnica blanca sentado en un trono en el cielo (¿a una cuadra al norte de Kolob?).

Como mencioné, es difícil de explicar. Fue un proceso gradual, y un tanto confuso. Por mucho tiempo, después incluso de que ya no creía, me obligué a creer, porque me daba mucho miedo pensar que todo lo que había creído por 24 años no era cierto y que todo el tiempo y dinero que invertí fue para nada. Pero al final tuve que aceptar que esas cosas no me hacían felices, y que me merecía vivir el resto de mi vida siendo honesto conmigo mismo.

 

Notas a la cronologia:

1997: Cuando estaba en el centro de entrenamiento misional (CEM) con mi companero esperando el taxi que nos iba a llevar al aeropuerto y a nuestras respectivas misiones, nos encontramos con el élder Scott en el vestibulo del CEM. Yo quedé sorprendido con lo gordo que era, mientras que mi companero saltó, le dio la mano, y le preguntó si podíamos sacarnos una foto con él. El élder le dijo que estaba muy ocupado, y que tal vez despues de su reunión a la que tenía que atender inmediatamente. A pesar de que le hubiera llevado 30 segundos sacarse la foto con nosotros, le dijimos humildemente “por supuesto, no hay ningun problema”, sabiendo bien que en cualquier momento el taxi iba  a venir y no lo volveríamos a ver.

Después de decirnos que estaba muy ocupado, se encontró con un misionero estadounidense al que saludó muy cordialmente y con quien se fue a un rincón a charlar muy animadamente. Todavía estaba charlando con su amigo misionero cuando el taxi llegó.

Por años me sentí culpable por pensar que lo que el élder Scott había hecho era despreciativo hacia nosotros e innecesario, al punto que cada vez que lo veía en la televisión me costaba tomar lo que decía en serio. A pesar de orar para “pedir perdón” por mis sentimientos hacia un profeta de Dios, nunca pude superarlos.

2003: Mientras estaba viviendo en Provo asistí al barrio de solteros por un par de meses. En esos dos meses literalmente nadie me saludó.

2004: Nunca en mi vida había sido una persona interesada en la política, pero durante las elecciones del 2004 aprendí de las barbaridades del presidente Bush y no pude evitar sentirme muy en contra de sus políticas. Mientras más aprendí de las doctrinas conservadoras, menos me identifiqué con ellas, y no entendía por qué la inmensa mayoría de los mormones podrían ser republicanos.

Si bien es cierto que el republicanismo en los EEUU es el partido de “los valores familiares”, siendo que están en contra del aborto, del casamiento gay, de darle más derechos a las religiones que a las personas mismas, etc., también son los gran defensores de la libre empresa, también dando más derechos a las industrias que a las personas que trabajan para ellas. Para los republicanos, el gobierno jamás debería regular a las empresas, lo que significa que las empresas deberían tener el derecho de pagarle lo que quisieran a sus empleados, aún si eso significa pagarles tres centavos por hora, negarles beneficios médicos, negarles vacaciones y fines de semana, y cosas así.

Siendo que Jesucristo enseñó cosas diamentralmente opuestas a esto—sin mencionar que la ley de consagración de Smith, en la cual todos debían dar de todos sus bienes para la causa común, y todos recibirían exactamente la misma paga por sus labores, independientes de la naturaleza de tales labores (un doctor recibiría lo mismo que un albañil)—, nunca entendí cómo los miembros de Utah podían recoinciliar semejantes contradicciones en sus cabezas.

Ahora me doy cuenta que es una cuestión de tradición. Sus padres fueron mormones y republicanos, sus abuelos fueron mormones y republicanos, y así. Mientras que yo, que estaba fuera de ese círculo, podía ver las cosas de una manera más objetiva y no tan emocional.

Cuando en el 2004 la iglesia decidió apoyar una enmienda a la constitución haciendo que el matrimonio gay fuera illegal, quedé más confundido que nunca. Yo en esa época pensaba que la homosexualidad era un pecado, pero que la gente tenía el derecho de hacer lo que quisiera siempre y cuando sus acciones no afectaran a los demás. La iglesia, con sus acciones, se estaba asegurando que los homsexuales ni siquiera tuieran la oportunidad de elegir sus acciones. Esto es una directa contradicción de la doctrina SUD, según la cual el plan de Satanás era quitarle al hombre su libre albedrío:

Pues, por motivo de que Satanás se rebeló contra mí, y pretendió destruir el albedrío del hombre que yo, Dios el Señor, le había dado, y que también le diera mi propio poder, hice que fueseechado abajo por el poder de mi Unigénito (Moisés 4:3)

¿Esto significaba que la iglesia estaba promoviendo el plan del diablo? Esta fue la primera vez que decidí que los líderes de la iglesia estaban equivocados y que no iba a seguir sus consejo en algo. Por supuesto que lo justifiqué pensando que a veces los líderes actúan como hombres y no como profetas, pero no pude dejar de pensar que había algo extraño en todo esto.

Hoy ya no creo en el diablo, así que no creo que los líderes hayan estado, directa o indirectamente, siguiendo su plan, sino que creo que los líderes simplemente están operando una empresa en la que tienen que tomar decisiones que van a dejar conformes a la mayoría de sus clientes.

2005: A pesar de que en todos los barrios a los que asistí (con excepción del barrio de solteros en Provo) tuve muchos amigos, en este barrio la gente parecía estar intimidada conmigo. Me imagino que es porque este es un barrio lleno de cowboys y gente que no está acostumbrada a tratar directamente con latinos o con gente de otras minorías. No creo que lo hagan porque sean racistas, sino porque no han tenido la experiencia. Mi único amigo en el barrio por años fue otro latino, un caballero de Uruguay, y su esposa americana (perdón, “estadounidense”).

Si bien no creo que los miembros del barrio en general eran racistas, no puedo decir lo mismo del consejero del barrio, quien más tarde llegó a ser el obispo y en este momento es el presidente de estaca (estoy escribiendo esto en enero del 2015, y él fue ordenado el año pasado). Recuerdo bien que cuando estaba en una de las reuniones del obispado, el obispo preguntó si nos parecía bien que un hermano de Hawaii, de descendena tongana, fuera llamado como el secretario financiero del barrio. El consejero dijo que no, porque como este hermano estaba sin trabajo, no quería ponerlo “en una situación en la que se vería tentado a hacer algo inapropiado”, queriendo decir que este hermano tal vez nos iba a robar la plata del diezmo. Por supuesto que no tenía ningún problema que el resto de los miembros caucásicos del barrio pudieran trabajar con las finanzas, ya sea que tuvieran trabajo o no.

Este es sólo un ejemplo. Sus comentarios eran tan inapropiados que por un tiempo empecé a llevar un diario en el que escribía las barbaridades que decía acerca de los miembros del barrio que no eran blancos y de las mujeres. Cuando él llegó a ser obispo, todos los latinos fuimos relevados de nuestros llamamientos. Mi amigo uruguayo, quien había sido miembro del consejo de sumos de la estaca y que trabajaba (todavía trabaja) para la oficina de la Iglesia, fue llamado como el que limpia los asientos y pasa la aspiradora después de la sacramental.

Si bien un miembro fiel diría que no hay llamamientos pequeños en la iglesia, es difícil no ver esto como una humillación.

2008: Proposición 8 es la enmienda a la constitución de California que prohibió el casamiento gay. La iglesia donó millones de dólares y recrutó a cientos de miembros de la iglesia tanto en California como en Utah para que trabajaran en sus esfuerzos a favor de esta enmienda.

A esta altura veo que la iglesia no sólo vocaliza su opinión, sino que está muy activamente trabajando en contra del albedrío de un grupo entero de gente.

2010: Nunca dije que todas mis experiencias en la iglesia fueron negativas. Crecer en la iglesia evitó que tomara drogas de adolescente, como lo hicieron todos mis amigos. Si bien el grado de culpa con el que crecí empeoró mi depresión y me llevó a momentos en el que pensé seriamente en suicidarme, al menos me mantuvo en línea por años. Conocer a mi esposa y haber adoptado a mi hijo, los dos amores más grandes de mi vida, no hubiera sido posible sin la iglesia.

Cuando mencioné esto en el podcast, hubo una persona que me criticó mucho, diciendo que era un desagradecido al criticar a una organización que me permitió tener una familia. Este es el problema con ese argumento, según lo veo yo: Si bien es cierto que la iglesia me permitió conocer a mi esposa, también es cierto que si no hubiera sido miembro, hubiera conocido a otra chica con la cual casarme y con la cual muy probablemente hubiera tenido una relación semejante. Los mormones no son los únicos que se casan, y de hecho el divorcio entre mormones, al menos en Utah, es tan o más alto que entre los “gentiles”.

Si bien también es cierto que adopté a mi hijo por medio de los servicios sociales de la iglesia, tuve que pagar casi $10,000 por la adopción, o sea que este no fue un acto de caridad. Si no hubiera sido miembro de la iglesia, hubiera podido adoptar otro niño fuera de la iglesia por la misma cantidad y por medio de exactamente el mismo proceso, excepto que no tendría que haber pasado por todas las entrevistas de dignidad (como nota curiosa, la trabajadora social de la Iglesia que trabajó con nosotros en nuestro caso y que nos hizo muchas veces entrevistas preguntándonos cómo estaba nuestro testimonio, hoy es miembro de Ordain Women y es una activa crítica de la Iglesia y de su machismo).

Hoy la iglesia ya no hace adopciones. No entiendo por qué, ya que era una solución para muchas chicas y mujeres que quedaban embarazadas y que les daba una alternativa. Al ser esta una organización de la iglesia, estas chicas sentían que el dar a sus hijos en adopción era algo aceptable y preferible a tener que abandonar sus estudios y sus planes de una carrera para criar a sus hijos. Incluso Michael McLean, uno de los músicos más famosos dentro de la iglesia, tiene una canción llamada “De las manos de Dios a mis manos a tus manos” que trata el tema y que es una especie de himno a la adopción en la iglesia.

2011: Hace poco alguien me dijo que uno no puede hacer que alguien se vaya de la iglesia. Si una persona aprende todos los horrores en la historia de la iglesia y reflexiona en las contradicciones de su doctrina, todavía puede justificar sus creencias de una u otra manera. No es hasta que uno siente una desconección emocional con la iglesia que esos conocimientos nos afectan al punto que decidimos irnos de la iglesia.

Así que cuando los líderes de la iglesia dicen que muchos se van porque fueron ofendidos por un miembro o lider de la iglesia, es más o menos cierto. Pero nadie se va por ser ofendido si al mismo tiempo tiene un “testimonio” sólido de la iglesia. Es la combinación de tener muchísimas dudas y ser ofendido que uno decide irse.

Yo no estuve ofendido, pero tuve una gran desconexión emocional. Primero que nada, al no tener amigos en la iglesia me costaba encontrar la motivación para ir, porque por más creyente que uno sea, hay que admitir, la iglesia es tremendamente aburrida. Además, mi llamamiento era muy difícil. Era mi responsabilidad ir a todas las reuniones del obispado, la que algunos años empezaba a las seis de la mañana los domingos, y duraban por tres horas, además de las tres horas de clases y de la reunión sacramental. Los domingos eran una asunto de seis horas de reuniones. También tenía que asignar las oraciones de la reunión sacramental, y a veces era tan difícil encontrar a alguien dispuesto a orar que algunos domingos me llevaba más de una hora encontrar a alguien (el consejero que ahora es presidente de estaca estaba completamente en contra de que las mujeres dijeran la primera oración). Más de una vez no conseguí a nadie y tuvimos que decir la oración mi esposa y yo. Cuando mi hijo nació, fue también muy difícil, porque era un chico que lloraba tanto que la gente nos tiraba dardos con los ojos, así que me pasaba la mayoría de las clases en el pasillo o cambiando pañales. Cuando la situación se puso tan tensa e incómoda que empecé a preferir quedarme en casa antes que ir a la iglesia, es cuando me puse a reflexionar en todas las dudas que había tenido hasta ese momento.

Fue en ese tiempo que dos cosas más pasaron que sacudieron mi fe:

  1. Leyendo el Libro de Mormón con mi esposa llegamos a 1 Nefi 12, donde dice de los lamanitas, los supuestos antepasados de los indios americanos,

Y aconteció que vi, que después que hubieron degenerado en la incredulidad, se convirtieron en una gente obscura, repugnante y sucia, llena de ocio y de todo género de abominaciones.

No sé cómo, siendo que ya había leído el libro al menos unas 13 veces, pero esa escritura me chocó por primera vez. Supuestamente Nefi en una visión vio que los indios americanos iban a ser oscuros, repugnantes, ociosos, abominables. No puedo negar que tuve que aceptar que tal vez el libro era una invención de una mente racista y no la palabra de un Dios amoroso.

  1. En esa misma época mi esposa encontró un video en YouTube explicando porqué la gente se va de la iglesia, en el que el presentador, dio una clase sobre los mayores problemas con la historia de la iglesia y cómo eso puede afectar el testimonio de alguien que después de años en la iglesia se encuentra con eso por primera vez.

Ese video y el hecho de que ya no tenía un llamamiento que consumiera mi tiempo me motivaron a aprender más acerca de la historia de la iglesia. Primero leí la biografía de José Smith Rough Stone Rolling, seguido de An Insider’s View of Mormon Origins. Después de esa introducción, no pude parar. Empecé a coleccionar libros de historia y libros viejos de la iglesia, al punto que hoy soy un coleccionista aficionado, con más de 500 libros sobre el tema en mi biblioteca. Algunos dijeron que soy obsesivo, o tal vez enfermizo, y tal vez tengan razón. Lo que sé es que la historia de la iglesia es muchísimo más interesante de lo que nos enseñan los domingos.

2012: Con mi nuevo conocimiento de la historia de la iglesia, y con el deseo cada vez menor de ir a la iglesia, le escribí una carta a mi entonces obispo—el que no es un fan de los latinos y de las mujeres—diciendo que ya no estaba interesado en la iglesia y que no quería ningún llamamiento o ser visitado por los maestros orientadores. El hecho de que conseguí un segundo trabajo los viernes y sábado por la noche le dio una manera de justificar mi ausencia a los curiosos que le preguntaban a su esposa—pero nunca a mí en persona, a pesar de que vivo a media cuadra de la capilla, en una esquina principal del barrio por la que TODOS pasan.

Con todo mi nuevo tiempo libre y mi deseo de compartir mi conocimiento fue que comencé el podcast.

2014: Yo estoy convencido de que alguien que ha sido miembro de la iglesia por mucho tiempo y que la toma en serio, cuando se inactiva por desision propia pasa por el llamado “proceso de duelo”. Uno de los primeros pasos de ese proceso es la ira, y es típico escuchar a ex mormones decir cosas muy negativas en contra de la iglesia. Y es que esa es una manera de desahogarse y aceptar la separación de una manera definitiva. Es importante para la persona que pasa por esto marcar una división clara entre su nueva situación y su vida anterior en la iglesia, y la manera más fácil de hacer esto es atacar a la iglesia.

Es por eso que en la iglesia uno escucha que los que han sido los miembros más fieles, cuando se van, se convierten en los críticos más violentos. Lo que también es cierto es que este proceso no dura para siempre, sino hasta que uno encuentra algo nuevo en su vida con lo cual reemplazar a la iglesia. Yo he encontrado una nueva pasión por mi trabajo, por mi familia, y por la escritura, los cuales para mí son mil veces más gratificantes que la Iglesia.

Personalmente, creo que el periodo de la ira me duró unos meses, al menos hasta que mi esposa aceptó mi situación y dejó de pensar que era un inicuo por el sólo hecho de no ir a la iglesia. Pero cuando la iglesia decidió excomulgar a Kate Kelly y a otros por dar sus opiniones de manera pública, y la humillación que le hicieron pasar a ella al mismo tiempo que la ignoraron fue irritante. Lo peor es que la excomulgaron por correo. ¡Ni siquiera le dieron la oportunidad de defenderse! Yo pensé que el enojo se me había pasado, pero cuando todo esto se dio, no pude evitar sentirme tan enojado que quise mandar mis papeles para renunciar a la iglesia inmediatamente.

La única razón por la que no lo había hecho hasta entonces es que mi esposa me había pedido que esperara, y por respeto a ella preferí esperar. Afortunadamente ella ya no sólo está inactiva, sino que no cree en la iglesia para nada, así que no tiene ningún problema con que renuncie si quiero. Y ése es el proceso en el que estoy trabajando ahora.
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Actualización del 18 de febrero del 2015:

Hoy recibí la carta de la Iglesia diciéndome que mi nombre fue borrado de los registros. Bah, estoy seguro que no fueron borrados; estoy convencido que sigo ahí pero con un asterisco, o algo así. Y quién sabe si no me van a seguir contando cuando den las estadísticas durante la conferencia. Pero ya está; soy oficialmente un ex mormón.

Y sé que para un miembro fiel es tristísimo ver que alguien se va de la Iglesia por voluntad propia. Lo cierto es que desde que dejé de creer, no tuve mucho interés en seguir formando parte de la institución; y si no borré mi nombre de los registros antes fue por respeto a mi esposa, quien siguió atendiendo la iglesia por un año después de que yo me alejé mental, emocional, y físicamente de ella.

Recibir esta carta no fue algo que me hizo particularmente feliz, pero tampoco me entristeció. Es simplemente un paso más en mi vida. Y es que si hay tantas cosas en el mormonismo que me parecen tan mal y con las que estoy en desacuerdo, sería hipocresía seguir considerarándome uno más de ellos. Y no han sido pocos los problemas que me han venido molestando por años ya:

– El trato a las mujeres como ciudadanas de segunda clase (y si me dicen que no es cierto, les desafío a que me den el nombre de la Madre Celestial, o a decirme un solo rol que ha tomado en la creación del mundo y en el Plan de Salvación. O de algún llamamiento que alguna mujer tenga que no sea directamente dependiente del sacerdocio).

– Estoy en profundo desacuerdo con la posición de la Iglesia con respecto a los hermanos homosexuales, y porque he visto en persona cómo familias han perdido parientes jóvenes, jóvenes que se mataron porque no podían lidiar más con la presión de tratar de “curarse” de su homosexualidad, o de tratar de no actuar en sus instinctos más básicos y naturales. Y recuerden que no hace falta tener relaciones sexuales para romper la ley de castidad, el segundo pecado más grave después del asesinato, ¡con sólo pensarlo o desearlo uno ya falló! ¡Con semejantes estándares quién no se va a sentir como un constante fracaso, especialmente si uno toma a la Iglesia en serio!

– No me gusta la culpa y la presión que se pone en la juventud en general. Me niego a que mi hijo crezca con el sentido de culpa con el que crecí yo. Culpa que sentí por los “pecados” más insignificantes, porque después de todo tenemos que ser perfectos como Dios es perfecto. O como me dijeron tantas veces en la escuela dominical y en la clase de hombres jóvenes, “el agua hierve a 100 grados, no a 99”.

– Me niego a pertenecer a una institución que calla a sus miembros bajo pena de excomunión y ostracismo.

Por eso fue que el 5 de febrero de este año, 25 años y un día de mi bautismo en la Iglesia, envié un email a la oficina de registros pidiendo que mi membresía fuera finalizada inmediatamente. Como respuesta tres días más tarde recibí esta carta:

I m out! -page-002

Querido hermano …: ¶ Se le ha pedido a nuestra oficina que reconozca que hemos recibido su reciente carta, en la que pide que se elimine su nombre de los registros de membresía de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.Se nos ha pedido también que le informemos que la Iglesia considera estos requerimientos como una cuestión eclesiástica que debe ser tratado por los líderes locales del sacerdocio antes de ser procesado por los empleados de la Iglesia. Por lo tanto, una copia de esta respuesta ha sido enviada al Presidente … Anderson, de la estaca …. El va a pedir al Obispo … Eskelson, del barrio … 8 que lo contacte con respecto al cumplimiento de su pedido. ¶ En vista de las consecuencias eternas de tal acción, los Hermanos le ruegan que reconsidere su pedido y que considere por medio de la oración la declaración adjunta de la Primera Presidencia. ¶ Sinceramente, Registros Confidenciales.

Junto con este folleto:

I m out! -page-004

Una invitación para volver ¶ Estiramos nuestro brazo a los miembros de la Iglesia en todo el mundo en un espíritu de amor y hermandad inspirada por el Señor Jesucristo.Nuestro interés y preocupación están siempre con los individuos, hombres o mujeres, niños o niñas. Nuestra gran responsabilidad es ver que cada uno sea recordado y “nutridos por la buena palabra de Dios” (Moroni 6:4). Si alguien le ha ofendido, lo sentimos mucho. Nuestro único deseo es cultivar un espíritu de misericordia y bondad, de entendimiento y de sanamiento. Buscamos seguir el ejemplo de nuestro Señor, quien “anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38). ¶ Regrese. Cuéntese entre nosotros. Deléitese en la mesa puesta ante usted en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y esfuérzese por seguir al Buen Pastor. ¶ Para ustedes que por alguna razón se encuentran fuera del abrazo de Cristo, les decimos que vuelvan. Le invitamos a que regrese y participe de la felicidad que una vez conoció. Va a encontrar a muchos con brazos estrechados esperando recibirle, ayudarle, y darle consuelo. ¶ La Iglesia necesita de su fortaleza, amor, lealtad, y devoción. El sendero está fijado y es incuestionable por el que los que quieren regresar puedan recibir todas las bendiciones de pertenecer a la Iglesia, y estamos preparados para recibir a todos los que deseen hacerlo. ¶ Sinceramente suyo, ¶ Thomas S. Monson, et al.

Así que después de decir que me quiero ir de la Iglesia, lo mejor que pudieron hacer es mandarme un folleto impreso hacía 6 años en el que me piden que vuelva (porque ahora obviamente estoy fuera del abrazo de Cristo) para así poder darle mi devoción a la Iglesia. Qué técnica tan impecable, ¿no? Primero me insultan diciendo que sin la Iglesia no valgo para nada, y después me pidan que vuelva para poder así tener el privilegio de trabajar gratis para ellos.

No, gracias.

Ese mismo día envié otro email explicando que prefería que mi pedido se cumpliera sin hacerme perder el tiempo, y esta vez la respuesta se tardó un poco más de 3 días, después de los cuales recibí la carta final:

I m out! -page-001

Querido hermano…: ¶ Esta carta es para notificarle que, de acuerdo con su pedido, su nombre ha sido removido de los registros de membresía de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.Si desea volver a convertirse en un miembro de la Iglesia en el futuro, el obispo o presidente de rama local en su área estará feliz de ayudarle. ¶ Sinceramente, ¶ Registros Confidenciales

Asi es que, exactamente 25 años y dos semanas de unirme a la Iglesia, pasé a ser un ex mormón. Por supuesto que eso es algo que me consideraba desde hacía mucho, pero ahora es oficial.

Como diría Beyonce: “Si te gustaba, deberías haberle puesto un anillo”, refiriéndose a que hacer las cosas a medias no sirve.

Espero que nadie piense que tiene que sentir lástima por mí. Desde que mi esposa y yo nos fuimos de la Iglesia, nuestra relación familiar es mejor de lo que ha sido desde que nos casamos hace 12 años. La presión de ser perfectos y de ser un constante ejemplo para el otro; el sentirnos juzgados por no tener hijos por tanto tiempo, y porque después de tener uno, tuvimos la osadía de no querer más. De no tener tiempo o ganas de leer el Libro de Mormón todas las noches porque era tan dolorosamente aburrido, o por no querer ir al templo regularmente, a pesar de tenerlo a diez minutos, porque en el fondo lo considerábamos como una pérdida de tiempo. Por supuesto que no nos atrevíamos a decir estas cosas en voz alta, pero ambos pensábamos lo mismo, y sin embargo nos juzgábamos mutuamente por no ser lo suficientemente dedicados a lo que la Iglesia esperaba de nosotros.

Ese tipo de cosas le causan una fricción terrible a una pareja. Es estresante tener tanto que hacer en el trabajo y la escuela y encima de eso tener que trabajar 20 o más horas gratis para la Iglesia, porque, como me dijo uno de los consejeros del barrio con el que trabajé por años, uno simplemente no le dice que no a un llamamiento que obviamente fue inspirado por Dios.

Tal vez esa sea una de las razones por las que el divorcio entre mormones es tan alto. (Como nota aparte es interesante notar que mientras más religioso uno es, mayor la probabilidad de divorcio, mientras que los ateos y agnósticos tienen la taza más baja de divorcios: http://www.religioustolerance.org/lds_divo.htm.)

Y el no tener que recoinciliar ideas contradictorias y conceptos que van en franca contradicción de la historia y la ciencia; el no tener que justificar a viejitos homofóbicos hablando con la autoridad suprema de Dios cuando el resto del mundo estaba furioso por sus comentarios; el no tener que tratar de entender por qué líderes religiosos tratarían de pasar legislación en el país para prohibir que un grupo entero de gente tuviera el derecho a vivir como quisiera sin dañar a nadie. El solo hecho de abandonar esas acrobacias mentales me ha causado un alivio tremendo.

No ha sido fácil. Es complicado dejar algo a lo que uno le dedicó su vida por más de dos décadas, pero hay una vida después del mormonismo. Ahora el mundo es grandísimo. Mis posibles amigos no están limitados a las personas del barrio. Mis ideales no tienen que conformarse a doctrinas establecidas hace 200 años en una cultura que no tiene nada que ver con la mía. Y puedo juzgar el valor de la gente no por la religión a la que pertenecen sino por el tipo de personas que son.

Así que no se sientan mal por mí, porque estoy feliz, porque ya no vivo con miedo y con la ansiedad de ser una persona imperfecta. Estén felices por mí porque he decidido vivir una vida íntegra, porque he tenido el valor de ser mí mismo, a pesar de lo que digan los demás (y créanme, viviendo y trabajando en Utah hay muchísimos “demases” que van a hablar).

Y porque como dice el famoso himno, he decidido hacer lo justo por más que me cueste.

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Si le gustaría compartir su historia en la Iglesia, contáctenos a manuel@pesquisasmormonas.com

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