Mi historia, por David

Todo comenzó cuando tenía 15 años. Mi padrastro era miembro de toda la vida, y cuando se casó con mi mama, él decidió traer los misioneros a la casa, y yo como no era muy sociable y había salido recién de la escuela, acepté que me hablaran, pero apenas me enseñaron y empezamos a tener una amistad, ellos me invitaron a bautizarme y lo hice. Recuerdo ese día, fue mucha gente.

Al paso de los años yo iba por ir, no entendía nada que pasaba, qué era el sacerdocio, por qué tenía que ir los sábados con corbata a la mutual. Yo solo quería jugar futbol y tener amigos. Sentía que todo era tan complicado, y cuando no iba a las actividades a las que me invitaban sentía el enojo de mis líderes. 8

Al paso de los años no fui más, y nadie vino a verme o a preguntarme como andaba. Solo había sido una cosa más de la vida; mi padre se había ido a otro país y con mi mama nos quedamos solos y muy mal económicamente. Tuvimos que ir a vivir con mis abuelos.

Al paso de los años mi papa volvió a casa. Estaba decidido a quedarse en el país otra vez, pero un día como que dijeron “¡Vamos a la capilla! Quizás Dios nos ayude”. Eso decía mi papa porque no tenía trabajo. Fuimos y nos recibieron bien, y desde ese momento empezó el control total sobre nosotros; sin darme cuenta, pasaba todos los días en la capilla. Según mi mamá, teníamos que devolver el cariño que nos dieron y la ayuda que nos ofrecieron en ese momento.

Mi papá al tiempo se había convertido en un dictador en la casa y la familia se tornó muy complicada. Es interesante que, ahora que recuerdo las cosas, veo que todo lo que nos rodeo era la iglesia y la manipulación diaria para hacer lo que ellos creían era bueno para mí y mi familia.

Mis padres nunca se sellaron, porque, según los lideres, no estaban listos. Yo siempre sentí mucho dolor por no tener una familia eterna.

Ya pasando el tiempo, un presidente de rama me obligaba a ir a las 5 de la mañana a las reuniones de la presidencia de rama. Yo era el secretario ejecutivo, sabía bastantes secretos y problemas, pero como yo tenía mis problemas personales y un día le confesé que me gustaba ver porno, él se enojó mucho y me hizo sentir que era el peor ser humano de la tierra. Tuve que convivir con ese pesar por largos años.

Cuando fui a la misión, pensé que sería algo increíble. Sí lo fue, me fue demasiado bien. Tuve casi 100 conversos, era el ejemplo del presidente, era el misionero que tenía técnicas de conversión muy eficaces y siempre era el que más números tenía. Cuando me mandaron a las oficinas, sentí la envidia de muchos; sentí que me miraban mal, que me acusaban si hacia algo. Cometí el grave error de que me gustara una misionera, y los asistentes me acusaron y me mandaron lejísimo de la capital. De Buenos Aires me mandaron a 25 de Mayo, como 5 horas lejos de mi antigua casa. Me sentí tan destruido; no había hecho nada malo. Lo más cómico es que un misionero y una hermana eran novios y estaban en la misión y siempre se hablaban; al final ahora están casados y tiene hijos. Siempre sentí que me trataron diferente por ser latino.

Mi viaje a 25 de Mayo estuvo lleno de locuras, bauticé en un mes a 15 personas, más que todos en la misión; según mi compañero que era de las oficinas, más que todos los misioneros del mundo. Para mí eso era sinónimo de que era un buen misionero y que quería el bien para todos.

Mi presidente de misión me dijo, “Élder, no puedo estar enojado con usted”. Claro, había bautizado a más personas y así más diezmo, jajaja.

Cuando volví a mi país, me encontré con el panorama más desolador. Pensé que me dirían cómo empezar la vida, cómo buscar trabajo, hasta pensé que me tomarian en cuenta para ayudar en el barrio. Pero no fue así. Fue el tiempo cuando más solo me sentí en mi vida. Con esa terrible presión de casarte con la primera mujer que tuviera estándares eternos, o con la que sea, con tal casarte. Un amigo me dijo, “Casate con quien sea, total el amor viene después”. Menos mal que no le hice caso.

Al final me las rebusqué solo en todo, en buscar trabajo, en mis estudios y aun así a pesar de la soledad que me hacían pasar en mi barrio. Sentir que perdí dos años de mi vida, y cuando volví nadie me dio ni bola. Eso es desanimante.

Más encima mis padres no estaban bien y a mi vida la veía totalmente mal. Me preguntaba, ¿donde están las bendiciones? Pero siempre pensando y teniendo CULPA por mis errores o faltas que pasé en mi misión o en la vida.

A medida que pasó el tiempo me fui enterando que había varios amigos míos que cayeron en la ley de castidad. Claro, si era obvio; de donde soy la gente es más liberal y estas cosas son puros cuentos de hadas donde encontrar un virgen es más difícil que encontrar una aguja en un pajar. El punto es que a ellos les perdonaron y cubrieron mucho estos temas, aunque el barrio sabia, y aun así a uno lo pusieron de consejero. ¡De consejero! Todos sabían que la había cagado, pero lo pusieron de consejero para cuidarlo.

Después, me enteré que hacían uso de los diezmos para ir a comer como presidencia de rama, o en esas famosas actividades de HHJJ y MMJJ donde los lideres gastaban y gastaban dinero en restaurantes caros. Muchas veces, las mismas personas se financiaban sus actividades con el dinero de los miembros. Pero siempre se justificaban con boletas de egresos.

Te cuento que serví de secretario del presidente de rama por mucho tiempo y me enteraba de todo, que a la mamá del presidente de estaca la ayudaban para que se comprara un auto nuevo porque al otro lo había chocado y casi se mataron.

Algo que siempre vi, fue lo que llamamos en mi país pitutocracia, es decir si soy tu amigo vos me ayudas a entrar al trabajo, o con dinero. Es un enganche, básicamente. El pituto es eso que yo soy tu amigo, y como soy tu amigo, te llamo de consejero. Como soy tu amigo te dejaré de presidente de rama. Lo más chistoso es que nunca me sentí amigo de nadie y por eso no me invitaban nunca a sus actividades.

El actual obispo no quería servir una misión. Quizás cuantas veces se metió con su novia y al final lo perdonaron para que fuera. ¡Pituto!

Y asi sucesivamente hasta que conocí a mi novia, la cual ahora es mi esposa y con quien tengo hijos. En aquel momento era mi ángel. Me presentó a sus papas por Skype, miembros fieles y dignos. Alto estándar para mí que vengo de una familia de inicuos, jaja. Pero como siempre pasa algo, y la vida no es como uno parece, antes de casarme con ella, hablé con el obispo y me negó la recomendación para que un familiar tan cercano (mi mamá) fuera al templo. Su escusa fue, “Ella no está preparada, y si tiene que esperar 7 años para ir, en 7 anos irá”. Y todo por el puto diezmo, y eso que mi mama ni trabajaba.  Ni te imaginas el dolor que tuve, que mandé todo a la punta del cerro.

Y bueno como una cosa mala nunca anda sola, tuve sexo con mi novia, la pena, la frustración y todo me hizo cometer aquel error (así lo veía en aquel momento), y la culpa, la bendita culpa, me hizo confesar a mi obispo, ¿y adivina? Me castigaron y me trataron peor que a un delincuente, fornicador y perverso hombre de la tierra.

El consejero de la estaca me dijo que le dijera con detalles lo que había hecho, y para mí eso fue tan grotesco y mal educado que me reservé mis palabras. Cuando tuve el consejo disciplinario—y eso que ya estaba casado con mi esposa, porque estos tipos se demoraron como 4 meses en llamarme para el consejo—fue como un interrogatorio, y el presidente de estaca me dijo que era un fornicador. Así tal cual, yo apenas teniendo 24 años, lleno de planes y deseos de ser feliz. Lo más divertido fue que al presidente de estaca lo sorprendido su esposa con la nani, como le dicen acá en EEUU, y pasé que tuvo un accidente porque escaparon en auto. O sea, le fue infiel, o así como me contaron la historia, pero creo que es así porque ahora tiene una pata de palo y todo; fue porque la ex esposa los pilló besándose. Los demás en el consejo tenían sus historias también. Yo las conocía a todas, pero nunca los juzgue a nadie. En un momento ellos me pidieron que saliera para el veredicto, y lo peor de todo es que escuche todo lo que hablaban y solo eran cosas malas, las peores que un ser humano podría recibir. Prefería que la tierra se abriera para tragarme por el sufrimiento que tenía en ese momento, y que paso la cuenta en mi matrimonio hasta el día de hoy.
Fui condenado a un año de suspensión, y mi esposa 6 meses.

Fue el peor año de mi vida. Me preguntaban ¿Por qué no puedes orar, Dave? ¿Por qué no puedes tener compañero para visitar? Y cuando quería ayudar, me lo negaban. Pero claro, a mi esposa le daban asignaciones, llamamientos y le pedían cosas, y la trataban como un angelito, y a mí como al culpable del hecho.

Cuando pude, superé ese trauma. Mi esposa no pudo, y sé que aún no se perdona por lo que pasó.

Me vine con ella a EEUU, y el cambio fue tan grande que nos distanciamos mucho. Pensé que acá en EEUU los mormones eran casi perfectos, pero me equivoqué, y al empezar a ir a la capilla vi que eran tan diferentes, tan competitivos, de cerrar su círculo y no dejar a nadie que entre porque ya tienen suficientes amigos. En las clases solo hablando de revelaciones burdas y se enfocaban siempre en el diezmo y las ofrendas.

Este cambio trajo consigo que yo perdiera mucho mi fe y que el amor que teníamos como matrimonio se viera deteriorado. Siempre tuve esperanza de que los padres de mi esposa me ayudaran a convencerla de que fuéramos a la capilla o que la ayudaran a ir a un psicólogo para superar sus traumas, pero nunca lo hicieron, siempre estaban ocupados en Family Search y no tenían tiempo de cocinar o limpiar. Eso me desanimó, porque para la comunidad ellos eran muy serviciales, pero dentro de su hogar eran todo lo contrario, y con un espíritu muy autoritario.

Me obligaban a hacer lo que ellos querían, era increíble el control y posesión de lo que yo quería, sentía que no podía comprarme un dulce o un chocolate. Sentía culpa.

Así estuve casi un año y decidí mudarme a otro lugar. Actualmente vivo solo y estoy preparándome para mi divorcio; es lo más difícil que he vivido en mi vida, pero me liberé de personas muy manipuladoras y posesivas. Dejé la iglesia y ahora me preocupo de vivir feliz y amar a mis hijos. No te miento, aún sigo con pensamientos que si es lo correcto o no, pero sentir que la vida es una sola y que si existe un Dios, no creo que sea tan complejo o extraño para que cree un plan tan complicado que solo unos pocos conocen y se salvaran.

Qué padre, que si su hijo le pide un pan, le da una piedra.

Manu dentro de mi historia me salte muchas cosas e hitos importantes, pero debo decirte que la información que das al publico es muy importante, porque uno libera su mente y se da cuenta que este sistema destruye al final. Mi esposa esta traumada con muchas cosas de la iglesia y yo pasé por un periodo muy terrible, donde ser el mejor o perfecto era primordial. Ahora no me importa y me acepto más cada día.

 

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