Historia de JosPadre

JosPadre

La búsqueda personal acerca del sentido de la vida inicia en la adolescencia y culmina cuando nuestro corazón deja de latir. De niño somos adoctrinados con una serie de ideas acerca de la vida, la moral, las costumbres, los roles sexuales, los deseos, las aspiraciones. En suma somos una especie de esponja que absorbe lo que los padres y la sociedad nos impregna. Las conductas se dirigen hacia fines de convivencia y de encajar mejor en el mundo. Nací un 20 de octubre del año de 1963 en la ciudad de México. Mis padres, como la inmensa mayoría de nuestro país profesan la religión católica, apostólica y romana. Fui criado bajo preceptos del cristianismo, me bautizaron (sin mi consentimiento), me confirmaron (todavía ando buscando al sacerdote que me dio la cachetada para devolvérsela) e hice mi primera comunión. Como buen católico tuve que aprenderme de memoria los diez mandamientos, el credo, el padre nuestro, el ave maría y muchas cosas más. La cosa iba más o menos así, fui infundido por el temor a Dios. Recuerdo como cuando alguna cosa mala te pasaba era común escuchar: “Te castigó Dios”. Dios, el gran espíritu que todo lo ve. Ese ser que nomás te anda vigilando para sacudirte las nalgas cuando te equivocas. Ese Dios amoroso que hace lo correcto siempre. Obviamente no leíamos la Biblia pues en aquellos tiempos la Biblia era solo para los doctos e instruidos. Asistíamos a misa los domingos y como recuerdo como deseaba que terminara lo más pronto posible, pues a la salida se encontraban los más suculentos chicharrones o papas o charritos que, con limón y salsa, hacían la pena aguantar los ritos, los sermones y las largas y repetitivas oraciones. Más allá de la búsqueda de la salvación de mi alma para irme derechito al cielo, siempre me preguntaba la razón de un Dios tan severo y cruel. Recuerdo cuando nos narraban el diluvio se me llenaba la cabeza loca de ideas como “Qué gacho dios”. Ah, pero cuidadito de poner en tela de juicio los designios del creador pues se venían los regaños y las sentencias  de tu inequidad. Dios se convirtió entonces en un ser maligno, perseguidor, nada buena onda y un juez implacable.

Llegó la adolescencia y con ella las dudas que a la mayoría de las personas nos llegan a cambiar la vida. Mi vida era demasiado religiosa y por ahí llegó lo que se conoce como “crisis de identidad”. En primer lugar observaba como muchas de las doctrinas de los católicos eran trasgredidas y justificadas. Por ahí un mandamiento decía que no había que mentir, pero los mayores lo hacían. ¡Incluso los mismos sacerdotes! Se empezó a germinar en mí la duda de la verdad. Pero el año en que inició mi ateísmo fue cuando ingresé a la Normal (soy probesor titulado) y recuerdo como las clases de Filosofía e Historia me llenaron el alma de una expectativa de vida mucho mayor que la de la religión. El centro de atención comenzó a ser el hombre: su evolución a través de millones de años, su lucha por civilizarse, la búsqueda constante de saber de dónde venimos. Me di cuenta que la religión surge en todas las culturas como el medio para contestar preguntas sobre nuestro origen. Los aztecas, mayas, toltecas, teotihuacanos y demás culturas prehispánicas desarrollaron una visión muy interesante. Los griegos con sus maravillosos y exquisitos Dioses interactuando con los hombres, las ideas de Oriente y, por supuesto, los hebreos. Todas las culturas desarrollaron respuestas y en todas intervinieron dioses. La duda comenzó. ¿Sería cierto que dios existe? La pregunta rebotó en mi interior y a cada paso de lectura más dudaba la existencia de ese ser superior. Comencé a plantear dudas en casa y, mi querido padre, fue muy severo conmigo. A tal grado que me llegó a golpear por negarme a ir a la Iglesia los domingos. Mis hermanos fueron más buenas personas que yo y obedecieron sin chistar. Recuerdo vivamente como me tumbaba en la cama y escuchaba los preparativos para ir a la cita dominical con Dios. Las voces de mi padre reprochándome mi conducta y la perdición de mi alma, las miradas tristes de mi madre y de mis hermanos: era la oveja descarriada. Pero entre más leía menos me convencía de ese Dios.

Por cierto recuerdo un evento donde sentí algo especial con respecto a Dios. Tendría tal vez seis o siete años de edad y, en navidad, una tía nos invitó a misa de gallo. Yo asistí y en mi interior germinó un sentimiento de profundo amor y ternura esa noche. No puedo afirmar que sentí la presencia del creador, no soy nadie para poder afirmar tal cosa, pues al ser un sentimiento estoy plenamente convencido que es subjetivo. Lo que sí supe es que, si existía Dios (y en ese instante no lo dudaba) era un dios lleno de amor y ternura. Pero ese sentimiento fue desvaneciéndose al ver que ese mismo Dios permitía la muerte, la pobreza, las injusticias, la maldad, la iniquidad. Y, a pesar de los llamados de los papas, Dios simplemente no intervenía. Guerras, destrucción, muerte y mi enfermedad la cual me hizo sufrir mucho. Desde los trece años comencé a presentar molestias en mi corazón, las taquicardias (latidos acelerados del músculo cardiaco que alcanzaban hasta 300 pulsaciones por minuto) dieron al traste con mis energías juveniles. La enfermedad hoy se conoce como el mal de Wolf-Parkinson-White pero cuando yo presentaba los síntomas no existía el diagnóstico. Recuerdo que en cierto día cuando tendría yo unos 19 años tuve una crisis prolongada del mal. La taquicardia duró cerca de trece horas y el corazón retumbaba en mi interior sin descanso. Regresaba de la normal con mi novia y a eso de medio día se arrancó la matraca. Fui llevado fuera del metro y se localizó a mi familia. Me trasportaron a casa donde se me suministro un medicamento pero el mal no cesaba. Pasaban las horas: las cuatro de la tarde, las siete de la noche pero el corazón no se detenía. Las molestias de esta enfermedad son muy pesadas pues por todo el cuerpo circula menos sangre y sobreviene vómito, y una sensación de ahogo. Sudor y desesperación. Diez de la noche y sólo era esperar a que el ritmo cardiaco regresara a la normalidad. Mi madre estuvo junto a mí todo el tiempo y su cara de angustia y preocupación. Estaba en un sofá de la sala sudando e intentando dormir (de esa manera a veces paraba la arritmia) En un momento imploré a ese Dios que desistiera, que me quitara la vida, tanto para dejar descansar mi cuerpo así como para permitir a mi familia vivir sin un ser enfermizo, terminar con la tristeza de mi madre que, una vez muerto sobrellevaría mejor. Pero ese dios misericordioso no se hizo presente, llegó la medianoche y seguía el malestar. Entonces me encolericé con el supuesto Dios, le maldije, y en mi mente estalló la rebelión total. Juré vivir para demostrar su inexistencia, su crueldad y su falta de misericordia. Le odié con todas mis fuerzas. Por fin más o menos a la una de la madrugada el malestar se contuvo. Mi corazón volvió a latir de manera normal. Pero el rompimiento estaba hecho.

Así empezó mi ateísmo. Y a cada visita de personas yo presentaba objeciones lógicas apara mi edad: ¿Dios misericordioso? Y las muertes de niños en África, las muertes ¿Dios bueno? Y sus sacerdotes robando y en actos de pederastia ¿Dios de amor? Pues no destruyó a su propia creación en el diluvio. En fin, mi ateísmo creció pero nunca toque la Biblia. Pasaron los años y nuevos amores hicieron olvidar los anteriores. Llegué a estudiar Psicología y me dediqué a mi más grande pasión que consiste en la educación. No asistía a iglesias y estaba feliz sin Dios. Me casé y tengo dos hijos. Afortunadamente la ciencia pudo más que los rezos y las oraciones y tres investigadores dieron con la causas de mi enfermedad y a la edad de treinta y tres años fui operado y el mal cardiaco finalizó. Lo que Dios no pudo hacer, el hombre con sus deseos de estudio y de aprendizaje lo logró.  Debo aceptar algo: cuando las circunstancias se venían en mi contra ¡cómo deseaba que existiera Dios! Pero, como habrán de suponer mi mente razonaba que eso era imposible, además yo le odiaba.

Tendrían mis hijos 11 ó 12 años cuando mi exesposa tuvo como alumnos a unos niños mormones. Le invitaban a ayudar a preparar unos talleres para las mujeres de la Iglesia y ella, haciendo migar con ellas y sus padres, comenzó a asistir. Cabe aclarar que ella también era atea pero le cayeron bien los mormoncitos y su manera de relacionarse. En cierta ocasión nos invitaron a una cena navideña y se nos acercaron unos muchachos jóvenes quienes preguntaron si deseábamos recibir pláticas. Yo me encogí de hombros pero mi exesposa aceptó. Así pues empezaron a ir los misioneros a casa. Yo les dije que era ateo y que, por tanto no me interesaba escucharlos, pero a insistencias de mi exesposa accedí a tomar la primera plática. Me pidieron que hiciera una oración y yo dije simple y llanamente: “Dios demuéstrame que realmente existes”. Por razones que no entendía siempre solicitaban que estuviera presente en sus pláticas. Total me empecé a interesar en lo que decían puesto que una de mis dudas era porque el catolicismo veneraba a santos y estatuas y, según me había dicho, eso no era bíblico. Cabe aclarar que el método mormón de convencimiento es perfectamente estructurado para inculcarte sus ideas. De hecho yo siempre había renegado de mi bautizo y en esta iglesia tú decidías si lo hacías. En fin, por una u otra razón nos bautizamos pero les aclaré que, por motivos de ayuda a mi exsuegra yo no podía asistir a las clases y si acaso sólo llegaba a un acto que se llama sacramental. Comencé a participar y hasta me dijeron que yo sería ordenado quesque sacerdote. Yo les dije a los miembros que comandaban la capilla que yo no me sentía preparado para ello. Aún así me lo impusieron pero yo nada sabía pues no había leído su libro principal que es el “Libro del Mormón”. Un primer encontronazo fur en una fiesta a la cual fuimos invitados. Era en la noche y el Barrio que nos tocaba estaba entre nuestra casa y un mercado, el cual era tardado pasar. Llegamos mi familia y yo y estando ahí escasos cinco minutos, uno de los misioneros se acercó conmigo y me dijo que mi ex no podía permanecer en el recinto ya que su falda era corta. -¿¡Corta?!- me volteé a mirarla y su falda llegaba a la rodilla, pero por la mortal de esta secta eso era mal visto. Hablamos los cuatro y decidimos regresar a casa y no volver a la fiesta. Al día siguiente el misionero fue a visitarnos y se disculpó argumentando que esas eran las reglas y que, los mormones, son muy obedientes a lo que dice Dios. No abandoné la iglesia por este acto de mojigatería absurda de la religión mormona. Pero ello detonó la lectura. Inicié la lectura del libro del mormón y al llegar al capítulo donde se afirmaba que en América existieron caballos, ovejas, trigo seda y no sé que tanto más paré mi lectura y regresé a un librito muy bello acerca del origen del hombre americano de Paul Rivet. Yo había leído y creído que el hombre americano vino de Asia en la cuarta glaciación. Releí el texto y no decía nada acerca de hebreos en barco colonizando América. Y la duda saltó.

Otro aspecto aunado a lo anterior fue que cuando se me impuso el sacerdocio inferior llegué a preguntar si no sería buena idea que a la mujer también se le diera el mismo privilegio. Antes de continuar debo aclarar que soy una persona que desde mi adolescencia me molestó mucho ver como la sociedad trata a las mujeres como cosas, objetos, pertenencias del hombre. Tuve una relación con una mujer de la Universidad que me enseñó mucho acerca de la igualdad entre los sexos y leí textos en los cuales creo totalmente. Por respuesta recibí amonestaciones y reclamos. Me dijeron que en la iglesia no se permitían opiniones más que la de los apóstoles y profetas. Pero, al fin y al cabo universitario de la UAM-Xochimilco, en donde el sistema de aprendizaje se basaba en la búsqueda constante de información y no en la digestión acrítica de los conceptos, es decir que se había formado en mí, no una actitud de sometimiento sino de ser pensante. Así pues me molestó de gran manera estas cosas y empecé a ir de vez en cuando a sus clases y las clases eran siempre “obedecer, obedecer, obedecer”. Tus pensamientos en la iglesia no valen si no dices exactamente igual lo que dicen los líderes. Y ni modo se me prendió el coco y empecé a buscar información acerca de la Historia del mormonismo y como supe de la poligamia y del rechazo a los negros solicité mi excomunión. Fui despojado de mi bautizo y del sacerdocio. Pero antes de pasar a lo siguiente con mi reencuentro del mormonismo debo narrar algo curioso. Cuando después de un mes y medio se me dijo que se me iba a dar el sacerdocio mayor. Yo me negué pues les argumentaba a los obispos y auxiliares que yo no sabía  nada y que tenía dudas. Pero les valió un sorbete mi posición y en una conferencia de estaca me nombraron y cuando preguntaron si había votos en contra, pues que levanto la mano. Se me vino el chahiztle pes me regaño el obispo diciéndome que eso no se hace. A lo que le argumenté que yo le había dicho que no me sentía preparado. Así pues me salí de la iglesia, mis hijos a la semana y mi ex al mes. Jamás volvimos a saber de gente que supuestamente era amiga. Nuestras almas estaban perdidas.

Pasaron los años y tuve que dar por terminado mi matrimonio por cuestiones que no es importante mencionar. Pero llegó a mi vida una mujer que me atrajo de una manera increíble. Me sentí atraído por su belleza espiritual, su conversación y también por su físico. Ella era compañera de una escuela donde trabajo y cada vez me llamaba la atención. O sea Cupido me dio en la mera nalga. Así pues comencé a intercambiar correos con ella y que me entero que es mormona. ¡En la torre mi general! ¡No manches! De la mujer que me enamoré era miembro de la iglesia de la que no salí nada a gusto. Pero el amor, es el amor y mi sentimiento por ella creció enormidades. Un viernes de 2013 le declaré mi amor diciéndole que había sido mormón pero que, sabiendo que ellos solo se casan con los de su secta, yo estaba dispuesto a entrar de nuevo siempre y cuando ella me ayudara a despejar dudas. Y así empezamos. No quiero entrar en detalles acerca de ella pues está casada pero el marido se alejó de su familia desde hace ocho años y no ha regresado aunque hasta hace poco mandaba dinero. Yo sabiendo de su situación y de la mía (aunque separado no me había divorciado) mantuvimos un romance muy platónico pero el amor es el amor y ambos crecimos en atracción. Comencé a asistir a la Iglesia de ella y hablando con su obispo pedí permiso de asistir a clases ya al sacramental. Junto con ella comenzamos a leer el libro de mormón y cuando llegamos a la parte de los caballos y cabras no supo contestar. Sólo me dijo que debía orar para recibir la verdad a través del espíritu santo. Un detalle antes de continuar. En cierta ocasión le comenté a ella lo que me había ocurrido en esa misa de gallo y con mi enfermedad. El proceso terapéutico fue tal que “sentí” reconciliarme con Dios. Entonces dije “Dios existe, pues querer demostrar que no existía era tácitamente, aceptar su existencia”. Como fuese comencé a ir a la capilla e incluso fui a una conferencia. Puse todos mis sentidos en entender lo que decían. Recuerdo que estaba con mis orejas bien abiertas y, bajo la recomendación de ella, abriera mi corazón a los profetas vivientes. Así lo hice. Pero llegó un discurso donde un apóstol mencionó algo acerca de la función de la mujer que denotó a mi parecer machismo. Así se lo hice saber a ella y me contestó: “Yo no puedo poner en duda lo que dice un apóstol o un profeta”. Para mí eso fue como un balde de agua helada, pero mi amor por ella no menguó ni un ápice. Había dado mi palabra de poner todo lo posible y así lo hice.

Pasaron los domingos, comencé a hacer lo que se supone que debe hacer un miembro: oraba, ayunaba, pagaba diezmos a pesar de no haber sido rebautizado, participaba en clases,  iba a acompañar a las visitas. Es decir puse todas mis fuerzas en ser mormón. Sinceramente y debo confesarlo, lo hacía pues la mujer en cuestión ha influido en mi como ninguna otra. Haz de cuenta que encuentras tu media naranja, un poco tarde pues tengo cincuenta y un años, pero como se dice “para el amor no hay edades”.

Desde que me cambié al barrio hablé con el obispo y le narré mi anterior visita al mormonismo y le dejé en claro que deseaba intentarlo. El me mencionó que no había conocido de un caso similar y que averiguaría como reincorporarme. Mientras tanto seguía estudiando con ella y me explicaba cosas relativas al plan divino. También estaban las clases y poco a poco la verdadera doctrina fue saliendo a la luz. Recuerdo que en “Papilla del Evangelio” (el inicio para los recién conversos) se comenzaron a decir cosas que me pusieron en jaque.  Por ejemplo que Dios no fue siempre Dios, que se ganó ese privilegio al portarse bien y que era un ser con cuerpo físico. Manifesté mi duda pues desde chavito me habían enseñado que Dios era espíritu y siempre ha existido. La maestra me dijo que existen muchas falsedades en la Biblia y que si algo tenía esta iglesia es que tenía las respuestas de todo. Que el mismo Jesucristo había corrido el velo de la ignorancia y la “plenitud del Evangelio” había sido restaurada. Muy bien entonces debo hacer algo que nunca había hecho: leer la Biblia. Y así empecé. Además los líderes de la iglesia te lo dicen cada instante: “debemos leer todos los días para conocer a Dios”. Y me di a la tarea de ello. Y comenzaron las contradicciones: Efectivamente en la Biblia se habla de que Dios siempre ha existido y que siempre ha sido Dios. Pero en la iglesia enseñaban otras cosas. Volví a preguntar y por respuesta se nos dijo que la Biblia había sido corrompida por tantas traducciones. Sólo el libro del mormón era el más correcto. Pero me di cuenta que también el libro mencionado dice que dios es espíritu y que es uno. Total las dudas nunca fueron contestadas ni por las maestras ni por mi bella mujer. De cualquier manera creí que efectivamente yo estaba mal, que no estaba orando correctamente, ni habría mi corazón. Soy muy sincero, así lo hice pero la cosa no marchaba. Es decir, por mas esfuerzos que hacía seguían surgiendo dudas. En primer lugar el obispo no hizo nada para ver mi situación y si me podía volver a bautizar. Tuve que ir a mi anterior barrio tres veces a pedir si sabían algo de mi registro. Inclusive sacaron unas cajas con papeletas de bautizo pero nada apareció ni el de mis hijos ni mi exesposa. Tenía pláticas con el obispo y constantemente mentía diciendo que estaba preguntando. De hecho me solicitó en reiteradas ocasiones el teléfono de la capilla anterior para hablar de mí con el obispo. Supe y tengo la palabra de aquél que nunca se comunicó con él. Entonces se me vino una idea: Una de dos, o dios no quiere que sea parte de esta iglesia porque no soy digno o bien dios me está diciendo que no entre a esta iglesia pues no es la verdadera.

Obviamente las dudas fueron creciendo: que si Jesús sudó sangre en Getsemaní, cuando la Biblia no dice eso. Que es una revelación moderna. En fin mi relación sentimental con la mujer crecía pero mis dudas también. Recuerdo que comencé a llevar un registro de las cosas que decían en clase y anotaba mis percepciones personales acerca de la doctrina y enseñanza. La mujer que amo me pidió en una ocasión, después de otra Conferencia General, intercambiar opiniones acerca de los mensajes de los profetas y apóstoles. Recuerdo que así lo hice. Leía un discurso, lo escuchaba, y después en un mail le enviaba mis opiniones. Lamentablemente mis opiniones se alejaban cada vez más de las doctrinas oficiales. He borrado esos estudios pues nunca ella los quiso contestar. Y ello nos empezó a llevar a enfrentarnos. Por una parte yo con mis malditas dudas y ella con una fe incondicional. ¿Qué hacer? Pues yo creo que lo que hacen muchas personas. En una ocasión, después de haber discutido un pasaje bíblico, le dije que mis dudas las iba a dejar ocultas en una caja, que iba a escuchar y no cuestionar. Y esto es lo que creo que hacen muchos miembros de esta y otras iglesias. Yo le llamo “técnica del avestruz”, es decir cerrar el pensamiento y aferrarse a sus creencias que no admiten discusión. Así lo hice y la relación mejoró.

Lamentablemente para una persona que ha sido desarrollada con una actitud de búsqueda y de crítica esta técnica acaba volviéndose en tu contra tu propia naturaleza. Pues empiezas a leer la Biblia y caes en la cuenta que las doctrinas mormonas se disparan mucho de lo que dice el libro. Y viviendo solo comencé a buscar explicaciones en internet. Al igual que una exmormona que escribió sus experiencias en el blog de “pesquisas mormonas” tres documentales destrozaron mi intento de reingreso: “Los fabricantes de Dioses”, “La Biblia y el libro del Mormón” y “La traducción del libro de Abraham”. Recuerdo haber visto esos videos varias veces y no podía dar crédito a lo que germinaba en mí. La técnica del avestruz se desplomó, sólo negar por negar, cerrar los ojos, ser acrítico, encerrarse en sí mismo, sería la única manera en que yo podría ser mormón. Obviamente me metí a buscar explicaciones en diferentes sitios: MIAPIC, Mormones para Jesús, 4mormón, Iglesias cristianas como la de Berea en España, Luz del Mundo, Alducin, en fin me empecé a emparar de lo que decía la Biblia y lo que decía los mormones. Entonces todo se derrumbó. Mi “testimonio” era de papel. Por tanto decidí buscar a dios en otro lado. Por una parte porque las doctrinas son, en mi opinión, falsas, pero por otro sientes que no sabes nada y comencé a llevar estudios bíblicos. Pero….y la mujer a la que amo ¿qué? Aunado a otras circunstancias tuve que dar por terminada la relación pues era su religión, la cual había abrazado desde los catorce años o yo. Y yo no podía ya corresponderle. Recuerden que para llegar a ser diosa necesitas sellarte en el templo. Yo ya no estaba en posición de cumplir con sus expectativas.

La separación duró dos meses y medio. En ese tiempo me inscribí en una Licenciatura en teología y, lastimosamente o afortunadamente, en la misma Biblia se encuentran contradicciones, errores, asesinatos, misoginia también. Ahora si puedo decir que la he leído y me he dado cuenta que, para mí y sólo para mí, si existe un Dios no es como lo refieren ni la Biblia, ni el Libro de Mormón, Ni el Atalaya, ni ninguna otra religión judeo-cristiana. A esta conclusión he llegado después de hacer lectura, meditación y oración. Por situaciones de amor la mujer mormona y yo estamos en un proceso no exento de dificultades pues debemos llegar a un punto intermedio en donde sus creencias religiosas y mis concepciones no sean un obstáculo para nuestra posterior unión. Este camino no es nada sencillo te debes enfrentar a muchas reticencias. Pero la principal indudablemente viene de la gente de la iglesia mormona, pues si bien existen mentes progresistas, la gran mayoría tiene la convicción que Thomas S. Monson, sus apóstoles y todos los dirigentes son designados por Dios y temo por ella. Pero si ella está dispuesta a enfrentar las adversidades estaré ahí junto de ella para demostrar que el amor lo vence todo, si es amor verdadero.

Para finalizar puedo decir que me siento igual de feliz que un cristiano, un mormón, un testigo de Jehová, un adventista del séptimo día, un musulmán, un agnóstico, un masón, un budista pues soy un ser humano que tiene su propia búsqueda. Sé que muchas religiones judeo-cristianas, si no todas, me condenarán pues mis pensamientos contradicen sus libros sagrados y doctrinas. Por mi parte tengo paz pues no creo en ese Dios. De ahí que tenga mi propia búsqueda, y a quienes visiten mi blog, (http://jospade.blogspot.mx/2015/02/busqueda-es-un-blog-que-permitira.html)  les comento que es simplemente un ejercicio de meditación y análisis en mi definición y concepción de Dios, más allá de libros sagrados y sentencias de gente santa o apostolada. Se trata de mi vida y haré con ella lo que me plazca. Rechazo de igual manera las afirmaciones de profetas, pastores, sacerdotes, clérigos apóstoles que creen que mi vida carece de sentido y que sólo la presencia de Dios puede darle significado a tu existencia. Si para ellos y ellas eso es verdadero, es respetable y aplaudible de mi parte. Cada quien elige su sendero. En lo personal no afirmo que dichas personas se vayan a condenar, eso se lo dejo a su Dios y a ellos. Pero también afirmo que sus condenas me dan risa y si hay algo después de la muerte lo comentaremos allá. Por lo mientras a vivir esta vida con alegría y servicio.

2 Comments on "Historia de JosPadre"

  1. Muchas gracias por animarte a compartir tu historia en el blog, me ha conmovido de sobremanera, ánimo en la búsqueda de la verdad.

  2. Yilmar Ruiz | 05/04/2015 at 12:04 am | Reply

    Inspiradora tu historia, gracias por conpartirla

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