La historia de Jorge

Mi nombre es Jorge nací en la ciudad Guadalupe Nuevo León mis padres se bautizaron en 1963 (creo). Yo nací en 1972.

El barrio a donde asistíamos era relativamente nuevo, yo iba a la iglesia con mi papá. Recuerdo que los miembros del barrio decían que era yo un niño muy bueno porque nunca faltaba a la Iglesia. Yo iba porque, siendo el menor en la familia, disfrutaba mucho pasar tiempo con mi papá. Aun siendo niño, mi papá me animaba a dar mi testimonio, aunque no sabía bien lo que estaba diciendo, pero veía que todos los adultos se ponían muy felices al ver a los niños pequeñitos “testificar”.

Me bauticé a los 8 años, sin embargo ya de adolescente, al leer el Libro de Mormón, me entraron dudas, pues muchas partes decían cosas muy raras en las cuales yo sentía que era José Smith hablando y no el Señor (aún para mi mente adolescente) y yo oraba a Dios. Sin embargo siempre cumplí con todas las normas. Era de los únicos dos o tres alumnos que íbamos a la clase de seminario a las 6 am y me gradué de seminario y del curso básico de himnos, ya que en mi barrio no había gente que tocara el piano.

Mi barrio crecía mucho. Hubieron muchos bautismos y siempre ganábamos en todo, deportes, eventos culturales, etc. Recuerdo que una vez que iba en el camión (transporte público) a la Iglesia, un hombre me preguntó si era mormón y le dije que sí, y luego me dijo “Ese José Smith, que pelao tan listo. Fue un vivales y un estafador”. A mi me asustó eso, pues yo siendo niño no sabía porqué decía eso el hombre. También nos cuestionaban de que José Smith había enseñado y practicado la poligamia. Nosotros respondíamos lo que nos enseñaban los élderes, que eran calumnias para atacar la iglesia verdadera (me pregunto si la iglesia hubiera crecido tanto en México si no hubiesen negado su pasado polígamo en esos años de proselitismo).

Habían cosas que me desagradaron mucho, sin embargo no fueron el motivo de mi alejamiento de la Iglesia. Mi obispo de la adolescencia se robaba los diezmos hasta que lo cacharon; no le hicieron juicio, nomás lo relevaron discretamente porque su papá había sido un obispo muy respetado. Así seguí con mis dudas ocultas, si había dudas del Libro de Mormón o con Doctrina y Convenios, me daba pena, porque ahí si pensaba yo “Ay Diosito Santo, esto se ve que lo invento José Smith”. Pero en fin.  Yo no le causaría un disgusto a mi padre, a quien yo respetaba tanto (él fue un fiel pagador del diezmo y asistente al templo hasta su fallecimiento en 2010).

Cuando me llamaron a la misión en 1991, mi mamá ya tenia una enfermedad terminal y mi papá había caído al hospital. Yo siendo el menor me tocaba cuidarlos en el hospital, así que no me fui en octubre. Ya en enero del ’92. el presidente de estaca me entrevistó y me preguntó si me iría a la misión y cumpliría con el Señor, así que oré, hablé con mi madre moribunda, y ella me dijo que me fuera a la misión, a ver si sucedía un milagro y ella se aliviaba como premio a mi fidelidad por obedecer al llamamiento. Así que me decidí; le pedí al presidente de estaca que me acompañara a dar una unción y bendición a mi madre. Recuerdo que el presidente no quería dar la bendición, lo cual se me hizo muy raro, (al año y diez meses de estar en la misión, me enteré del porqué no quería dar la bendición). Yo pensaba “Soy un digno y puro poseedor del sacerdocio. Puede ocurrir un milagro de esos que tanto se habla. El presidente de estaca, investido con el poder del sacerdocio, y yo un miembro puro, seriamos los instrumentos de ese milagro”. Dimos la bendición y me fui a la misión.

Mi madre falleció a los dos días de haberme ido.

Recuerdo que el entrenador que me dio la noticia del fallecimiento de mi madre me retó, me dijo “¿Usted ama a Jesucristo? ¿Dejaría esta obra por algún motivo? Yo obvio dije que sí amaba a Jesús y no abandonaría la obra. Después me dijo que mi mamá había fallecido, así que solo lloré por días pero no deje la misión. A veces me gustaría demandar a la iglesia por daño sicológico y moral

Antes de terminar mi misión, me enteré que el presidente de estaca que me ordenó había sido excomulgado por vivir en adulterio por dos años con una miembro de la Iglesia. O sea en el tiempo que me ordenó para misionero y le dio la bendición a mi madre ya estaba “sucio”, y por eso no quería darla.

La entrada al templo fue otra experiencia muy desagradable. Tanto misterio y estos ritos masónicos, ya que yo había estado en una logia masónica antes, fueron como un bofetón para mi y sentí que eso no era de Dios.

Cuando terminé la misión, nos preguntaron si queríamos ir al templo a una sesión antes de que nos dejaran en el aeropuerto para regresar a nuestras casas. Yo pensé “Ahí yo no me vuelvo a meter”. Ya en casa me hicieron líder misional y empezaron con la presión; “¿Cuando te casas? Y mira aquí esta fulanita o zutanita, cásate”. Yo salí con dos o tres chicas pero no paso nada. La primera me confesó cosas graves de su niñez (una violación). Desilusionado, salí con una que era muy linda persona pero no me pude enamorar, hasta que se me atravesó la madre de mis hijos, de la cual ya estoy divorciado.

Cabe mencionar que mi obispo, después de la misión, les decía a las adolescentes, cuando estaba recién llegado de la misión, que tuvieran cuidado conmigo, que tal vez las invitaría a la matinée el domingo en vez de venir a la Iglesia. De hecho, un domingo que llegué tarde me dijo, delante de los miembros después del sacramental, que tomaba los sacramentos indignamente. Yo me enfade y le hable de tú, y le dije si por algún motivo crees que no soy digno de tomar los sacramentos, dímelo en una entrevista, pero no me vuelvas a decir delante de los miembros que no soy digno. Al empezar a salir con la chica con la me casé, el obispo me llevó a entrevista con el presidente de estaca, que por qué estaba saliendo con chicas si no era para casarme con ellas. Increíble pero cierto. Yo le dije “Pues estoy conociendo, no me puedo casar así nomás”. Les dije que yo no les he faltado al respeto ni mancillado a ninguna de ellas. Ese obispo me odiaba, porque cuando llegue de la misión muchas chicas de la estaca me seguían y hablaban de mi. Una misma de las chicas me confesó que yo les gustaba a las chicas de mi barrio.

Para no hacerte el cuento largo, me casé con una miembro SUD pero no me quise casar en el templo, yo ni creía ya en eso. Asistía a la iglesia un domingo sí y dos no, y por temporadas no asistía, hasta que mi padre falleció en 2010. Entonces ya me retire definitivamente, y empecé a investigar en Internet. Me uní a un foro de ex mormones, y de ahí le encontré sentido a algunas de mis dudas. Ya divorciado y navegando en internet, me encontré con tu podcast y entonces sí entendí muchas cosas y cuál era la raíz de mis dudas; yo nunca tragué lo de la poligamia ni Doctrina y Convenios. Aquí estoy nuevamente casado y mi actual esposa me dice que me olvide del mormonismo; yo le digo que ya lo superé, aunque me hizo mucho daño psicológico y emocional abandonar a mi madre, la presión para que te cases sin saber si tienes estudios o no, los dos años desperdiciados en la misión, el anteponer a la iglesia a mis metas personales durante toda mi juventud. De hecho estoy considerando el pedir que retiren mi nombre de los registros de la Iglesia. Ahora me siento libre, me dedico a la música, tomo café, soy tolerante con las diversas creencias, y con la gente LGBT.