César: Las mentiras hicieron perder mi fe

pareja en un parqueLas mentiras hicieron perder mi fe

Hola a todos, mi nombre es César. No pretendo ofender a nadie, solamente quiero exponer como ciertos elementos dentro de la Iglesia de Jesucristo de la los Santos de los Últimos Días hicieron que perdiera mi fé. El estudiar la doctrina de manera profunda y la salida a luz de cosas ocultas por la misma contribuyeron ampliamente en mi cambio. Esta es una particular historia por eso quiero compartirla, espero no ser martirizado.

Noviembre del 2015

Miembro activo en la actualidad

Actualmente sirvo como segundo consejero de un Obispado. Vivo en El Salvador y soy el patriarca de una pequeña familia de conversos. Somos miembros bastante activos, mi esposa y yo hemos trabajado mucho por la obra en nuestro barrio.

El inicio

Me bautice a la edad de 16 años después de investigar la Iglesia alrededor de 4 meses. Lo que más recuerdo es la insistencia de las misioneras para que me bautizara el dia que ellas querían y no el día en que tuviera la respuesta prometida en Moroni.

A pesar de vivir en una cultura cristiana, yo era un poco diferente, la creencia en un dios no era algo que llenaba los vacíos en mi razón y mucho menos respondía muchas preguntas que me hacía en cuanto a la vida y la existencia humana. El pensamiento de un Dios trino, la creación en 7 días, las respuestas a ¿Porqué estamos aquí?, ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos?, ¿Qué objeto tiene cantar a un Dios por toda la eternidad?, ¿La concepción de la vida después de la muerte? son unas cuantas de las afirmaciones que tiene el cristianismo católico y protestante que me negaban creencia a un dios.

En fin, luego de mucha insistencia, pláticas con los eruditos del Barrio y varios meses asistiendo a seminario sin ser miembro de la iglesia, fui bautizado. La búsqueda de la verdad me motivó a pensar: “Si existe un Dios, debe ser el Dios Mormón”. Lo reconozco, creí de todo corazón lo que me enseñó en la Iglesia y la razón que tenía en esa época me lo afirmó.

El martirio misional y una idea

Con los años fui creciendo y mi edad de servicio misional llegó. Al ser el único de mi familia como miembro de la Iglesia, mis padres no me apoyaron a servir una misión. Los estudios temporales eran una prioridad para mi padre y recuerdo sus duras palabras al decirme: “No me importa tu religión, no serás el próximo José Smith”. Esas duras palabras me hicieron aprender algo, mi familia nunca se convertiría al Evangelio, y se me ocurrió una gran idea: “Si realmente quería una familia mormona yo debía crear una propia”.

Los años pasaron y mi crecimiento en la iglesia lógicamente avanzó, al ser un joven devoto que al no poder servir una misión, tomó cada uno de sus llamamientos de liderazgo como una oportunidad de retribuir lo que no pudo hacer. Trabajé sin parar hasta el día de hoy.

El salto a las ligas mayores

Como todo buen mormón me enamoré y busque casarme lo antes posible para no violar la ley de castidad. Mi familia nuevamente se interpuso en mis decisiones, pero ahora actúe diferente, “Temeré más al hombre que a Dios” se había vuelto mi filosofía de vida. En el momento de ir a la misión temí más al hombre y por eso no serví una, esta vez no pasaría lo mismo. Al estilo José Smith y Emma, deje de vivir con mis padres, me casé a escondidas y me sellé en el templo, nadie de mi familia supo de mi matrimonio hasta después de unos meses, El día de mi matrimonio fue alegre y triste a la vez.

Luego de sellarte, vienen los llamamientos más serios. Se me llamó a la Estaca en varias ocasiones pero decliné de sus ofertas, desde mi punto de vista los líderes de estaca nunca trabajan de cerca con las personas, estos sólo piden números a los Líderes de Barrio y no desarrollan amor por sus hermanos y comunidades. Yo no quería ser de ese tipo de personas. Prefería pasar de largo y ayudar a mi obispo con mi gente y mi barrio. He servido varios años en el Obispado dando Consejo a muchas personas y ayudándoles cuando lo necesitan, mi vida era ciegamente perfecta. Mi hija pequeña en la primaria, mi esposa Presidenta de la Sociedad de Socorro, que más pedir.

Cuando fui llamado como consejero del Obispado tenía tan solo 22 años. Los temas de doctrina eran fascinantes para mi, leía mucho y ganar el respeto de otros hermanos que me doblaban la edad era un desafío que ganaba a punto de conocimiento doctrinal y administrativo de la Iglesia. Los adultos tiene un punto de vista bastante conservador al estilo “Boyd K, Packer”. Me forje un alto respeto en el Barrio con mi forma de vida y el ejemplo.

La verdad pura y bendita

Cuando realmente buscas la verdad te cansas de escuchar lo mismo siempre en cada reunión dominical: Diezmo, ofrendas de ayuno generosas, fé, arrepentimiento y sigue al profeta. Los temas de Seminario e Instituto dejaron de ser relevantes cuando empecé a conocer la historia de la Iglesia, me parecía que la historia era un campo fascinante y entretenido. Por lo que fue un pasatiempo leer lo que la historia decía de mi religión. Ahhh qué talón de Aquiles para la Iglesia restaurada.

Como miembro fiel siempre filtre qué información era difamación y cual tenía una fuente firme. Lastimosamente en Internet existe bastante información congruente pero redactada y expresada de una forma bastante despectiva y ofensiva, estos lugares no me ayudaban a encontrar la verdad aunque me estuvieran diciendo la verdad, al exponer la verdad debe hacerse de la forma más respetuosa posible. No es necesario ofender las creencias de los demás.

Cuando encontraba temas como la piedra del vidente, la poligamia del profeta José y compañía, el racismo, y los cambios en las ordenanzas del templo, etc. Buscaba saber que podía aprender de los eruditos del barrio y mis líderes pero estos no sabían qué responder. Yo tenía dudas y la Iglesia no me estaba dando respuestas. Pronto vinieron las frases: “Esto va entrando en apostasía”, ”Yo no me fijo en esas cosas”, “En el otro mundo sabremos la verdad”, “Hermano tenga fe”.

Mi actitud cambió, ahora debía buscar mis propias respuestas. Pronto la verdad fue mostrada a mis ojos. Encontré los ensayos donde la Iglesia acepta como verdaderas muchas de las cosas que yo siempre creí como ataques de anti mormones. Mostraba estos ensayos a los eruditos del Barrio y mis Lideres, ellos callaban y sólo me decían: “Estas cosas no se les puede enseñar a los demás”. “Son temas muy difíciles”, “Eso no es necesario para la salvación del hombre”. Prácticamente me pedían que mienta, que no hable de esto.

Traté de profundizar temas del templo y todos se negaban a responder, hasta los mismos obreros del templo. Busque en Internet grupos de la Iglesia y veía cómo otros le mentían a las personas cuando preguntaban sobre temas vergonzosos para la Iglesia, estos le mentían. Y si alguien decía la verdad por duro que fuera los demás lo reprendían peor que un obispo. Ahí fue donde busque medios neutrales y objetivos. Encontré a Manuel de Pesquisas mormonas en un podcast (Mr. Pesquisas). Me pareció alguien objetivo y sobre todo respetuoso.

Inicio del Éxodo

El tiempo pasaba y el silencio de la iglesia ante las dudas que tenía devoró la poca fe que me quedaba, luego de saber la verdad de todas las cosas tu fé cae en gran manera. Al principio quise irme y dejar mi llamamiento, pero mi gran aprecio por mi obispo no me dejó. Pensé que la mejor manera era salirme de forma gradual.

A pesar de toda la farsa que la Iglesia ha montado en toda su historia, protegiendo a un hombre antes que a su propio dios pude ver algo bueno en toda la basura que creí. “El valor de las almas no es grande a la vista de dios”, lo correcto es que “El valor de cada persona puede llegar a ser grandísimo para otras personas”. Después de todo lo que he vivido tengo que decir que no creo que la IJSUD sea la Iglesia verdadera, no creo ni tan solo Dios, pero tengo un gran cariño por la gente de mi Barrio en la Iglesia.

Tomé la decisión de embarcarme en un viaje provechoso hacia mi excomunión, decir la verdad aunque me callen, decir la verdad de la Iglesia cuando me pregunten, abrir la mente de las personas. Esto claro, sin ofender lo que ellas creen y sin dar un golpe directo que les pueda dañar como me daño a mí.

Hay personas que creen en mí, creen que puedo ser de ayuda en sus dificultades y reconozco, tengo miedo de defraudarlas, cuando los hermanos de mi barrio me dicen: “Usted será el próximo obispo”, el mundo se me viene encima.

La confesión

Hace muy poco, en una reunión de Obispado, hablé abiertamente con mi Obispo y el otro Consejero del Barrio, les expuse que ya no creía en Dios ni en la Iglesia. Les enseñé todo lo que había encontrado con sus propias escrituras y las palabra de sus propio Líderes. Se quedaron con la boca abierta al ver cómo desde hace más de un año había estado fiel aún sin creer, su propio consejero se les iba de sus manos, fue algo muy triste.

Les dejé mi llamamiento como Consejero del Obispado, les pedí que pensaran en que era lo correcto y si era necesario excomulgarme que lo hicieran, realmente ya no creía en tal condenación a causa de eso. Sorprendentemente, me pidieron que continuara con mi llamamiento, la falta de miembros candidatos para mi reemplazo era crítica, por lo que me pidieron que por favor continuara hasta que nos relevaran a todos o encontrarán un candidato.

¿Como rayos es que estoy en activo y soy líder en la Iglesia?

Pensé en algún tiempo que mi fe volvería con la costumbre pero no ha sido así hasta el día de hoy. Me he dado cuenta que las personas me aprecian más cuando reconozco su valor humano y no juzgó sus fallas desde un punto de vista religioso. He desarrollado un juicio propio y de experiencia y no uno basado en doctrina falsa.

No es algo fácil para mi disfrazar un poco de verdad en una organización mentirosa. Dar un discurso de temas espirituales y orientarlo más a los valores morales y la calidad de personas que debemos ser es bastante trabajo. He podido cambiar mi forma de ver la Iglesia ya no es una religión para mí, sólo una gran organización que me ha permitido ayudar. No he pasado a dar mi testimonio porque no lo tengo. Evito hablar temas doctrinales donde se que hay mucha mentira. Y siempre que puedo corrijo cuando se enseña algo mal, como la maldición a los Afroamericanos por ejemplo, o que José Smith no era polígamo.

Debo confesar, a pesar de ser lo más honesto que puedo, me siento hipócrita. Este viaje terminará, tengo decidido pedir que mi nombre sea eliminado de los registros cuando se me releve, puede ser hoy o mañana, no lo sé. Puede ser que me descubran y me excomulguen antes, simplemente por decir la verdad (Apostasía para Iglesia). Mi esposa conoce mi estado y me apoya totalmente en lo que haga, ciertamente ella misma se ha dado cuenta de las mentiras de la IJSUD y tiene su propia opinión, muy parecida a la mía.

Les prometo que cuando este loco viaje termine, les contaré.