Carta de Greta

Este es mi testimonio. El primero de mi vida.

Necesito aclarar antes de continuar que esto no representa una investigación teológica mucho menos científica, ni tampoco un ensayo o tesis académica. Realizo esta aclaración para que aquellos que intenten refutar por falta de argumentos mis palabras se abstengan, pues estas no están basadas en libros de texto, sino que se basan en mi propia historia y en mi experiencia, dónde soy protagonista.

No necesito, afortunadamente de citas, ni de autores para dar credibilidad a mis pensamientos y a mis vivencias, me basta con mi memoria y mi razonamiento.

Tardé algunos años en escribir estas palabras. Siempre mis certezas estaban bajo la sombra de alguna duda. Dudas ocultas porque se basaban en verdades presentadas ante mi como incuestionables.

No se puede dar testimonio si existen dudas sobre lo que se intenta manifestar, aunque aparezcan razones u hechos que se acomoden a los conceptos que se tienen por verdaderos.

La verdad es en cierto algo absoluto, no puede admitir errores ni contradicciones. Podemos ir ajustando las interpretaciones del mundo, los cálculos las teorías para así ir acercándonos de a poco a ese estado deseable de conocimiento absoluto. Considero que es un camino y que aun estamos alejados de ese destino, entendido como una comprensión integral de todos los fenómenos que nos rodean, nuestro lugar en el mundo y las proporciones y demás cuestiones del universo.

Recién hoy entiendo el valor del testimonio. Siempre lo sentí como una imposición, imposición de transmitir los pensamientos impuestos en mi persona por otros, valga la redundancia.

Yo no nací atea. Si tomo como nacimiento el desarrollo de mi propia conciencia. Mi noción de existencia y mi identidad.

Vine al mundo, con y gracias a Dios. Así como nací con una nacionalidad, también con una doctrina religiosa, la profesada por La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Mis padre quien fue obispo y mis hermanos mayores, sobre todo el primogénito, me instruyeron sobre aquellas cosas manifestadas al hombre a través de las escrituras.

Así que la palabra de Dios, escrita por hombres, e interpretada por hombres, no como una actividad privada, formaba parte de mi formación y del aprendizaje cotidiano.

Dios omnisciente, presentado como un panóptico, haciendo de mi una buena hija, guardando sus mandamientos con el objetivo de ser como Jesucristo y alcanzar la vida eterna.

Yo me sentía a pesar de no estar bautizada una Santa de los Últimos Días, deseaba llegar a los ocho años de edad y bautizarme.

Adoraba escuchar sobre el casamiento de mis padres, saber que nuestra familia era una familia eterna sellada en el Templo. Las Noches de Hogar, los domingos en la iglesia (y todos los demás días de la semana) las tardes en la casa de nuestros amigos, todos Santos.

Recuerdo la noche que entre llantos y desesperación exigí que me llevasen al Templo. Yo quería estar con Dios. No hubo forma de convencerme de lo contrario. Mis padres tal vez imaginaron que era una intervención del Espíritu Santo y accedieron a mi capricho. Llegamos cuando estaban cerrando, le explicaron la situación al hermano quien permitió nuestro ingreso por un breve momento al recinto. “Ésta es la casa de Dios, guarda silencio” me dijo mi mamá. A los cuatro años de edad estuve en “la casa de Dios”. Yo lo quise ver y escuchar, por supuesto no sucedió.

Esa visita escondía una razón, una que no me animé a decir a mis padres en ese momento ni nunca. Necesitaba en verdad discutir un asunto con Dios porque él sabía con certeza lo que había pasado días atrás y me urgía una explicación.

Silencio, resentimiento, falta de entendimiento.

Me alejé un poco de la iglesia, pero no de mi fe, la fe en Dios era parte de mi, como el idioma, lo aprendí, lo adopté y ejercí sin discusión alguna. Así que continué orando, agradeciendo y pidiendo a Dios que me muestre el camino que me ayude a guardar sus mandamientos y demás.

Al fin cumplí los ocho años, me reactivé y mi hermano me bautizó.

Recuerdo una de mis charlas, antes de mi bautismo, el Elder, no recuerdo su nombre, me decía que debía leer el libro de Mormón y luego de hacerlo orar y preguntar en mi interior sobre su veracidad, creyendo que recibiré respuesta a lo que le pregunté si la Biblia debía también leer, él me dijo que si, pero que era Más importante que leyera el Libro de Mormón y debía hacerlo primero.

Luego de esa charla, la semilla de la duda se instaló en mi corazón, para mi leer la Biblia era más importante por lo que la leí por completo y nunca logré lo mismo con el Libro de Mormón, lo intenté pero no pude mantener la atención.

Para ese entonces mi familia asistía a la Iglesia esporádicamente, no tengo en claro las razones.

Un año después el menor de mis hermanos se bautizó. Cerca de esa fecha un domingo, esperando la Santa Cena, escuché a uno de los hermanos dando la bienvenida al hermano Angel, quien regresaba de la misión. Lo expresaba con tanto orgullo y lo recibieron con tanto cariño. Angel estaba sentado detrás de mi, giré para mirarlo, él me vió y sonrió desafiante mientras recibía los saludos y felicitaciones de todos, el estomago se me estremeció.

La Iglesia de la Hipocresía.

El tercero de mis hermanos Gustavo, ya fallecido, nació con una discapacidad, gran parte de su niñez la pasó en algun hospital con largos o cortos períodos de internación.

Una noche, mis padres debieron salir con urgencia al médico y nos dejaron a mis hermanos Ariel y Adrián de unos doce y once años de edad, Carlos de tres y yo de cuatro al cuidado de los hermanos Gonzaga, miembros activos de la iglesia. Roberto y Angel, no puedo precisar la edad de ellos pero eran adolescentes.

Marcelo el mayor, mientras Angel distraía a mis hermanos me encerró en el baño se bajó los pantalones y obligó a que lo mirase mientras se masturbaba, yo no entendía nada, pero algo me decía que no estaba bien y me asusté. Era tan pequeña que recuerdo estirarme y apenas alcanzar con la punta de mis dedos el pasador que trababa la puerta.

Marcelo se masturbó y eyaculó encerrando y haciendo ver ese acto a una niña de cuatro tal vez cinco años, todavía me cuesta entender qué mente perversa puede encontrar en eso algo excitante, es repulsivo.

Cuando me dejó salir del baño corrí llorando, aterrada y reclamando por mi mamá, Angel me alzo en sus brazos, me dijo que me tranquilizara, que me iba a decir en dónde estaba mi mama si yo lo besaba, y me besó, varias veces, todavía siento su lengua recorriendo el interior de mi boca, me da nauseas.

Los hermanos Gonzaga, fueron llamados a la misión, recibieron sus bendiciones patriarcales, el Sacerdocio y caminaban erguidos orgullosos de ser dignos y Santos de la Iglesia de la Hipocresía. Nunca se arrepintieron de lo ocurrido aquella noche, lo sé porque jamás me pidieron disculpas (requisito para alcanzar el perdón, reparar el daño y no volver a cometerlo nunca más, de verdad espero que hayan cumplido esta última parte).

La iglesia era para mi, con escasos diez años una gran falacia. Estuve sumergida en una gran tristeza que opaco los últimos años de mi niñez.

Durante mi adolescencia escribí numerosas cartas dirigidas al señor, solicité sabiduría, guía y dirigida por la necesidad y búsqueda de la verdad comencé a participar de otras religiones.

Hubo una que tenia algunas doctrinas interesantes, como por ejemplo el hecho de que nuestros pecados ya están perdonados, todos, tanto los pasados como los futuros, gracias a la crucifixión de Cristo, no siendo necesario el arrepentimiento. De nuevo, todo es cuestión de quién lo interprete.

Con el tiempo elaboré la idea de que no era necesario tener intermediarios entre Dios y mi persona, no requería de terceros ni de instituciones que interpreten el evangelio, bastaba con segundas lecturas. Esa idea se profundizó el día que escuché la noticia del padre musulmán que al grito de “Viva Allah” fusiló a su propia hija para salvar el honor familiar, al parecer su hija habría cometido adulterio, práctica condenada con la muerte por el Islam (también por el Antiguo Testamento).

Tanto fanatismo me hizo reflexionar bastante. Evidentemente estos grupos fundamentalista poseen una fe ciega encadenada a sus principios y creencias. Se encuentran tan, pero tan convencidos de que su verdad es LA verdad, que no dudan en inmolarse o matar a sus propios hijos.

Sinceramente mi fe no llegaba a tanto. Lo máximo que hubiese llegado a hacer si se me hubiese presentado el mismo Dios en persona y solicitado que asesine, no digo un ser humano, sino un perro en su nombre, me hubiese internado voluntariamente en un neuropsiquiátrico, (no quiero tratar de loco a Abraham).

Volviendo al islam, este grupo de personas o fieles son mucho mas creyentes que cualquier Angelo. Es evidente que encontrarse completamente convencido de algo no acredita su veracidad, pero tanto fanatismo nubla el juicio de cualquiera, definitivamente la fe por si misma no representa evidencia alguna. Si ellos que creen tanto, están equivocados, (cualquier persona cuerda puede ver esto) por qué debe haber una creencia basada en un libro antiquísimo, plasmado de historias sangrientas que sea la verdadera.

En mi cabeza no cabia la posibilidad de adorar a un Dios que necesitara de sacrificios o que castigase con la muerte una transgresión. Asi comenzaron las contradicciones.

La biblia está llena de estos ejemplos sobre todo el Antiguo Testamento, y el nuevo con el nacimiento de Jesus intentando humanizar al Dios Judio y traer misericordia y un mensaje de amor, perdón y resurrección, todo opacado por una cruenta crucifixión, inentendible para mi.

¿Qué clase de dios da a su propio hijo en sacrificio? ¿Cómo es posible que nos hayan hecho creer que fue porque Dios amo tanto al mundo, tanto que entregó a su primogenito para que lo torturasen ? ¿Qué clase de padre hace eso? y sigo sin entender la obsesión con la muerte.

Si el mensaje es amor perdón y misericordia, no cabe la posibilidad de seguir demostrando con sacrificio humano y sangre, es un pésimo ejemplo, basta de muerte, matar y morir. De hecho, morir es una condicion inevitable de la vida, si era necesario que Jesús muriera para su resurrección y perdón de los pecados del mundo, Dios todopoderoso, podría haber esperado que su deceso se produjera naturalmente, y así evitar el odio que arrastró aquellos acontecimientos.

Como yo lo veo, una simple mortal, de todas las posibles alternativas (en verdad había otras opciones) eligió la más insensible y sangrienta.

Podria extender y ser mas precisa, citar ejemplos, pero mi idea no es relatar con tanto detalle, estas cuestiones, estan a simple vista, no es necesario ser un erudito, ni teólogo, solo se necesita usar un poco de la razón y del pensamiento critico.

La religion, históricamente domina al hombre a través de la sumision y el miedo, los reyes eran elegidos por Dios ¿Quién osaría contradecir la voluntad divina? Principalmente hoy en día la religión representa un negocio político y económico.

Una vez entendido esto, llegar a la conclusión que un ser superior, asesino, pero todo amor, creador de los cielos y de la tierra, creador del hombre a su imagen y semejanza, que aun siendo tan poderoso sólo se le ocurrió permitir que asesinen a su hijo amado, para que el hombre logre la resurrección, (a pesar de que como mortal de todas maneras Jesús iba a morir naturalmente) que además no se puede ver, ni oir, pero que todo lo sabe, (aunque igual necesita demostraciones y pruebas de fe y obras por parte de los creyentes y de paso también dinero) toda esta historia constituye un retorcido y manipulador invento, una mentira, una gran falacia que lejos está de dar consuelo y salvación a la gente, por el contrario nos condujo a la sumisión, creando diferencias, grupos elitistas, condenas y prejuicios sociales, intolerancia y muerte.

Fuimos y seguimos siendo estafados con la mentira de la existencia de un Dios creador y por los intérpretes de la palabra divina.

Dios no existe. y nunca existió.

Sus palabras no son tales, sino escritos y leyendas creadas por el hombre, equiparables con el hombre de la bolsa, santa claus y la mitología griega.

No existen los mandamientos, no representan ninguna voluntad divina y por lo tanto los pecados no existen.

Las personas que mienten son mentirosas, no pecadoras, las que matan son asesinas, no pecadoras. La justicia es humana, con las falencias que ello significa, las leyes deben ser revisadas constantemente y mejoradas. Debemos lograr que no haya actos de justicia en nombre de dios, es una gran paradoja que aquellos actos invocando su nombre fueron y son de los más sanguinarios y crueles e injustos.

No existe la justicia divina, los delitos que no se juzgan acá no se juzgan ni pagan en ningún lado , no hay un cielo ni un infierno.

Entiendo que muchos encuentren consuelo al creer en todo esto, aunque pienso que eso más que consuelo es un tormento.

Es mentira que todo se paga en otra vida, que seremos juzgados por nuestros actos. Lo que no se sabe, descubre o se demuestra queda impune. No hay segundas instancias celestiales.

Es importante asumir estas cuestiones aunque no sean reconfortantes.

Y no hay otra vida después de esta, ni hubo una anterior. Y esta vida es bastante corta como para perder el tiempo en adorar seres imaginarios en adoptar posturas y practicar rituales sin sentido y en perder horas orando, acto totalmente fútil.

Hacer, crear, enseñar, elegir, ayudar, dar, amar la lista sigue de acciones útiles y estimulantes. El tiempo es ahora.

Al fin soy libre, no tengo un referente de reputación inalcansable a quien seguir y sentirme frustrada por no lograr esos estándares o cumplir con esas expectativas.

Soy una buena persona sólo porque me gratifica serlo, no me motiva la esperanza de obtener algo a través de mis buenas acciones como la ilusión de la vida eterna. No necesito de infiernos ni castigos que infrinjan temor en mi, ni de mandamientos divinos que me impongan como debo ser.

Y sobre todo no tengo miedo.

Y soy verdaderamente feliz.

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Si le gustaría compartir su historia en la Iglesia, contáctenos a manuel@pesquisasmormonas.com

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1 Comment on "Carta de Greta"

  1. Yilmar Ruiz | 06/03/2015 at 1:03 pm | Reply

    Greta, muy conmovedora tu historia. se nota que eres muy valiente.

    0

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