Leonard Arrington: Las nueve cosas que no me gustan de la Iglesia




Leonard Arrington fue un historiador de la Iglesia, el primer historiador que no era una autoridad general. Por ejemplo, otros historiadores del pasado fueron Joseph Fielding Smith, una persona que estaba mucho más interesada en hacer quedar bien a la Iglesia que en contar la historia más honesta que pudiera. Arrington era diferente; para él la historia era una pasión, y siempre prefirió contar la historia más verdadera que pudiera, a pesar de que le costó bastante. Durante su período como historiador, su oficina no estaba controlada por la oficina de correlación, la organización mormona que se encarga de asegurarse que todo lo que se publica en las revistas y libros de la Iglesia sea apropiado y de gusto de los quince. Sin embargo, Arrington era tan honesto en sus publicaciones que los líderes empezaron a incomodarse. Aparentemente el apóstol Mark E. Petersen tenía espías en el departamento de historia de la Iglesia, quienes compilaron lo que ellos decían que eran afirmaciones heréticas y se las pasaron a los Doce Apóstoles. Después de un artículo que, a pesar de que no era incorrecto, ofendió a algunos miembros, el presidente Kimball le pidió a Arrington que escribiera una carta a los lectores disculpándose. En otra ocasión, luego de que Arrington y su oficina publicaran un libro de historia que incluía cosas tabús en ese momento, tal como la admisión de que los mormones eran “comunitarios” (lo que en la mente de los conspiranoicos de la época sonaba demasiado a “comunismo”) y que Young usaba tabaco, el libro debió ser “limpiado” y vuelto a publicar luego de pasar por la oficina de correlación. Finalmente, luego de diez años de lo que se conoció como la era de “Camelot” para los historiadores de la Iglesia, Arrington fue relevado y enviado a trabajar en la BYU. La historia oficial de la Iglesia nunca volvió a ser lo mismo.

(Esta información sacada del libro Leonard J. Arrington: A Historian’s Life, de Gary Topping)

En el libro “Leonard Arrington and the Writing of Mormon History”, el historiador Gregory Prince incluye una cita interesantísima del diario de Arrington con el siguiente prefacio:

“Mientras Leonard continuó por el resto de su vida viendo a Dios dentro de la tradición mormona y participando en los servicios de adoración semanales, se sintió cada vez más frustrado, aunque siempre en privado, por la parte institucional de esa tradición. En una entrada del diario titulada ‘Cosas que no me gustan de la Iglesia’, se desahogó, con una franqueza desarmante, al presentar una agenda para el cambio que tiene una relevancia notable en la escena mormona contemporánea más de dos décadas después:

“1. La imposición de un patrón para todos en lugar de sugerir dos o tres patrones y dejar que los barrios, estacas o distritos locales sigan los que son más conveniente para ellos. Ejemplos, el programa de reuniones de tres horas el domingo.

“2. Nombrar a los que pagan el diezmo más alto para puestos de liderazgo en lugar de a los más capaces o dignos. Al elegir a los líderes de estaca, la autoridad general viene con una lista de los 15 ó 20 pagadores de diezmos más altos y comienza la lista para elegir un presidente de estaca y un sumo consejo.

“3. El mantenimiento de un archivo de deslealtad para los liberales, incluidos los artículos que han escrito con declaraciones cuestionables, recortes de periódicos. Estos se usan contra la persona sin que él o ella sepa lo que está en el archivo y tenga la oportunidad de negarlo o explicarlo. La suposición es que los liberales están dispuestos a destruir o avergonzar a la iglesia, una suposición completamente falsa.

[Yo no estoy seguro si se refiere a liberales en el sentido de la política o en el sentido de que no tienen problemas hablando de los temas más controversiales de la Iglesia. Curiosamente, unas seis semanas luego de que Arrington escribiera esto en su diario, seis intelectuales fueron excomulgados de la Iglesia por justamente hacer eso. Ya he hablado de esas seis personas en el episodio 240 del programa, llamados “Los seis de septiembre y el antiintelectualismo mormón”, así que pueden revisar eso si les interesa saber más. Es también curioso que luego de que estas personas fueran excomulgadas por decir verdades incómodas, esas verdades se hicieron tan conocidas incluso fuera de la Iglesia que la SUD finalmente tuvo que aceptar que eran verdaderas e incluirlas en sus ensayos y libros de historia. Si los líderes de hace tres décadas hubieran leído estas cosas, habrían excomulgado a todos los quince que lideran la Iglesia hoy].

“4. La insistencia en la unanimidad entre los Doce, lo que hace que gane el miembro más obstinado, el que se opone a los demás.

[Esto es interesantísimo. Según Arrington, quien obviamente sabe cómo funcionan las reuniones de los líderes más altos, siendo que él formaba parte de la periferia y probablemente participó en más de una reunión con los quince, la manera en que la unanimidad funciona es que cuando alguien es totalmente obstinado, como lo llama él, o intransigente, siempre va a ganar sobre alguien que tiene una opinión fuerte pero tal vez no inmovible. Eso no suena a revelación, me parece a mí].

“5. La insistencia en elegir un nuevo presidente entre los miembros más antiguos de los Doce. Esto significa que siempre tendremos un presidente mucho más allá de su período de vida más enérgico y creativo. Deberíamos jubilar a las personas de los Doce a los 75 años y nunca elegir a nadie mayor de esa edad para que sea presidente de la Iglesia.

[No me parece mal, aunque la verdad no me importa de cualquier manera, porque no me afecta; lo que sí, estoy seguro que los presidentes no son quienes toman todas las decisiones, sino que hay un cuerpo entero de ayudantes que los guían a tomar las decisiones más beneficiosas, como cuando Monson estaba totalmente senil y no podía ni hablar, pero las cosas siguieron funcionando. Lo que sí me parece que sería bueno es admitirles a los miembros que esto está pasando y quiénes son los que están a cargo en algún momento determinado. A Monseon se le atribuye la política de los hijos de las parejas del mismo sexo, cuando en realidad es obvio que el pobre no tuvo nada que ver con eso, ya que cuando fue aprobada, el pobre no podía hablar coherentemente, y hasta el día de hoy solo podemos especular quién fue el verdadero autor (ajem… Nelson)].

“6. La Primera Presidencia y los Doce deben llamar a la gente para que hable con ellos antes de ponerlos en la lista negra, para no ser citados, sus libros no deben venderse en las librerías de la Iglesia, no debe poder hablar en Iglesia, etc.

“7. La iglesia debe permitir que los historiadores presenten material “humano” en biografías de presidentes y autoridades generales.

[Esta es una queja justa, ya que en la Iglesia se tiende a poner a los líderes en un pedestal, y se habla de ellos como si fueran infalibles y sus vidas ejemplos intachables de rectitud, cuando en realidad son obviamente tan fallidos como el resto. Hoy Holland habla de sus problemas con las enfermedades mentales, por ejemplo, diciendo que él sufrió con depresión, lo cual es de una ayuda invaluable para todos los miembros de la Iglesia que sufren de los mismo y que ahora no se tienen que sentir que están fallados por tener esos problemas, pero a la vez por décadas barrieron debajo de la alfombra el hecho de que George Albert Smith sufrió de una depresión tan grave que a veces no podía levantarse de la cama. También siguen escondiendo varios problemas en la historia de la Iglesia en casos de líderes que hicieron cosas bastante “humanas”, insistiendo en que fueron personajes cuasiperfectos].

“8. Debemos permitir que las mujeres se asocien con los Doce y asistan a sus reuniones. La presidenta de la Sociedad de Socorro debe participar en las reuniones del obispado. Se debe permitir a las madres estar de pie en el círculo para bendecir a los bebés, confirmar a las personas recién bautizadas como miembros de la Iglesia, así como ahora pueden abrir y cerrar reuniones con oración.

“9. Los manuales que se usan en las clases de la Escuela Dominical para adultos, el sacerdocio y la Sociedad de Socorro son absolutamente inútiles. Usar el mismo manual de doctrina del evangelio cada cuatro años; lo mismo con los manuales del sacerdocio. Inútiles. ¿Por qué no pueden asignar un escritor capacitado y experimentado para que haga un nuevo manual cada año?

“Meses antes de su muerte, Leonard dio testimonio final a sus hijos de su lealtad a la tradición, pero junto con la orden de que, por muy noble que sea la organización y sus aspiraciones, el encuentro con el Infinito es en última instancia responsabilidad del individuo y no de la organización:

“Hay familias SUD en las que la lealtad a las doctrinas, prácticas y líderes mormones es tan fuerte que los niños sienten que tienen que conformarse para asegurarse el amor de sus padres. Los padres aman a la iglesia más que a sus hijos. Los niños sienten que los padres elegirían a la iglesia sobre sus hijos si existiera esa opción. A veces, los jóvenes son educados para idealizar a los líderes de la iglesia, tanto del pasado como del presente. Pero ningún ser humano es perfectamente benevolente y sabio. Los líderes tienen sus propias historias de vida, con prejuicios, miedos y necesidades, así como fortalezas y dones únicos. Pueden buscar el Espíritu, la Luz, pero siguen siendo seres humanos. La idolatría de nuestros líderes puede ser malsana, puede evitar que nos demos cuenta de que debemos buscar el Espíritu y la Luz.

“Si bien Leonard decidió no abordar todos los problemas históricos o teológicos preocupantes que se le presentaron (el Libro de Mormón es un excelente ejemplo), se comprometió lo suficiente como para “adueñarse” de su religión, en contraste con el “préstamo” hecho por muchos de sus correligionarios que aceptan acríticamente todo lo que les presentaba la jerarquía eclesiástica. Él pagó un precio, tanto profesional como personalmente, por la auténtica religiosidad que encajaba bien con él, pero que a veces abrió una brecha entre él y la iglesia que amaba”.

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