Ep. 209: Obispos mormones y sus preguntas sexuales explícitas

Pesquisas Mormonas Ep. 209: Obispos mormones y sus preguntas sexuales explícitas
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Esta es la traducción del segmento “The Old Man on My Shoulder” del episodio 661 del programa de radio This American Life

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ELNA: Hace unos meses estaba hablando con un hombre que conozco, Rori, cuando salió el tema del mormonismo. “Te criaste mormona? Tienes que conocer a mi prometida, Reagan”, me dijo. “Ella también era mormona. Ustedes deben tener tanto con común”. Yo sé que es como decir, “eres negra, conoce a mi otra amiga negra”; pero en este caso tenia razón. En menos de una hora de conocer a Reagan, estábamos cantando canciones de la iglesia juntas, como “cuando crezca, quiero ser una madre. Y tener una familia, un pequeñito, dos pequeñitos, tres bebes pequeñitos. De todos los trabajos para mi no prefiero ningún otro, tendré una familia, cuatro pequeñitos, cinco pequeñitos, seis pequeñitos en mi hogar”. Todo esto mientras Rori nos miraba horrorizado.

Reagan dice que Laurie siempre queda sorprendido por las cosas que le dice. “Comenzó como algo divertido y adorable, y decía, ‘¿viste cuando cantas con tu familia alrededor de un piano?’ y el decía, ‘No, nadie hace eso. Eso no es normal en la infancia de la gente’. Así que comenzó como algo lindo así, pero un día le dije, ‘¿Viste cuando uno esta en una oficina con un hombre mayor, y la puerta esta cerrada y estas hablando de temas sexuales?’” Reagan esta hablando de la practica mormona de confesar tus pecados sexuales al obispo. Esto generalmente comienza cuando uno tiene doce años, para los chicos y las chicas. Reagan le conto a Laurie de una vez cuando se estaba confesando y el obispo se levanto del escritorio y le puso la mano en la rodilla. Incluso como un adulto en su 30, ella no entiende del todo lo chocante que es. Pero Rori si.

¿Y cual fue su respuesta?

Reagan: “Él repitió todo. ‘Me estas diciendo que estabas en una oficina sola con un hombre con la puerta cerrada y el te estaba haciendo preguntas sexuales y se paro de detrás de su escritorio y te puso la mano en la rodilla?’ Ese tipo de cosa. ‘Y tus padres permitieron eso? ¿Tus padres no estaban enojados por eso?’“

¿Cómo te hizo sentir?

Reagan: “Me hizo sentir todo de nuevo. Me hizo sentir la vergüenza, la humillación que sentí cuando tenia doce años, entre los doce y los dieciocho”

Fue bueno hablar con alguien más sobre esto. Entre los 12 y los 27, yo tenia que entrar en la oficina de mi obispo y confesar cualquier cosa sexual que hubiera hecho. Pero a diferencia de las confesiones católicas, no hay cortina ni anonimato. Y los obispos mormones no son un clero pagado ni entrenado, no llevan túnicas, son hombres elegidos por la iglesia para ofrecer de su tiempo y para servir como una especie de pastor por entre dos y cinco años. Mantienen sus trabajos regulares. Uno de mis obispos, uno de los buenos, era un científico alimenticio que ayudo a inventar algunos dulces. Otro era un banquero de inversiones llamado Chad. Me senté en frente de Chad en su oficina en la iglesia y admití que tuve un encuentro sexual, y Chad hizo preguntas de seguimiento. “¿Llegaste a primera base o a la segunda? ¿Puso sus manos donde? ¿Debajo del corpiño o por encima? ¿Te gustó?”

Para ser perdonada de un pecado sexual debía contarle al obispo, y aunque a veces sentía vergüenza o humillación, nunca cuestioné el proceso en sí. Era algo rutinario, como ir al dentista. Uno se entrega a si mismo cuando hay algo que reportar, y encima de eso, una o dos veces al anido uno tiene que ir a algo llamado “entrevista de dignidad”. Todos hacen esto, sin excepción, desde los doce hasta los 18 años. Estos son como chequeos médicos de la espiritualidad. El obispo hace una serie de preguntas como “¿Crees en Dios? ¿Pagas un diezmo integro? ¿Eres honesta en tus acciones con tu prójimo?” En medio de estas preguntas sobre la fe de uno, también pregunta si uno obedece la ley de castidad. La primera entrevista de dignidad de Reagan fue bastante confusa.

Reagan: “Hablan de un poco de todo hasta que llegan a la castidad, y él dijo, ‘¿Estás obedeciendo la ley de castidad?’ Y no sabia que significaba esa palabra, así que le pedí que explicara un poco mas y dijo, ‘¿Estas participando en cosas sexuales, como caricias y besos intensos?’ (en inglés, ‘necking and petting’, una expresión muy anticuada que dejó de usarse hace décadas, excepto en la iglesia, donde se usa hasta el día de hoy) y no estaba segura de que significaba eso tampoco. O sea, era tan inocente como una niña de doce puede serlo. Fui a la escuela en mi casa, así que ni siquiera había sido expuesta a ningún lenguaje sexual de cualquier tipo”.

Especialmente no lenguaje de los 1950.

Reagan: “Si, exactamente. Así que no sabia que eran esas cosas, así que creo que dije, ‘Creo que no’, y recuerdo el latido de mi corazón en mis oídos. Sentí que mi cuerpo entero estaba caliente de vergüenza, y aunque no sabia de que se trataba, y no pensaba que lo había hecho, sentí que tal vez si lo había hecho. Sentí como que si era culpable. Y parecía como que todas las preguntas hasta ese punto no eran importantes, y que esta era la pregunta grande, el clímax de la entrevista… Y después de eso me hice mala. Me obsesioné completamente con el ‘necking and petting’ y descubrir qué significaba. Cada vez que algo pasaba en una película, algo sexual, me decía, ‘Creo que eso es petting’. Esas entrevistas dieron inicio a algo dentro mío; hice que mis Barbies hicieran todo lo que se te puede ocurrir, era un desastre. Mis Barbys pasaron de jugar a la casita a tomar de las drogas más duras y a tener orgías en cuestión de semanas”.

Cuando Reagan tenía 16, dijo que finalmente tuvo un novio con quien experimentar, y tuvo caricias y besos intensos con él. Pero la diversión que tenía con eso se acabó en cuanto la cita se acababa.

¿Inmediatamente, justo después, pensabas, ‘Oh, no. ¿Ahora le tengo que contar al obispo’?

Reagan: “Sí, instantáneamente. Iba a casa y me sentía muy entusiasmada de que había hecho ‘necking and petting’, y el próximo día me sentía llena de culpa. Era como que tenía una resaca, o algo así. No sé, estaba en la cama pensando y preocupándome todo el día y no le dije nada hasta que me pidió que fuera a una entrevista, y la puerta estaba cerrada y yo ahí, sentada. Tenía 16 años y él me hizo preguntas y luego me preguntó si estaba obedeciendo la ley de castidad y le dije que no. Le dije que no. Él se levantó de detrás del escritorio y puso una silla al lado mío y me puso la mano en la rodilla”.

Esta es la historia que le contó a su prometido, Rori.

Reagan: “Me dijo, ‘¿Y lo hiciste más de una vez?’ Y yo dije, ‘No, solo lo hice una vez’. Entonces él me preguntó, ¿’Tuviste relaciones sexuales?’, y le dijo que no. Entonces él me dijo, ‘¿Te gustó?’ y yo le dije que no. ‘¿Has pensado en hacerlo otra vez?’

¿Y él definió lo que era?

Reagan: “Era todo vago, cosas como ‘relaciones sexuales’ fue lo más específico, pero recuerdo que me preguntó cosas como ‘¿personificaste al sexo?’, lo que no entendí del todo”.

Esa es una manera muy extraña de preguntarlo.

Reagan: “Sí, sí”.

Hey, hola, soy yo, sexo.

(Risas)

Como penitencia, preparó un plan que requería visitas frecuentes y hacer cosas como leer materiales de la iglesia sobre no tener sexo. No puedes tomar la santa cena por un tiempo, nuestra versión de la comunión. Esto puede sentirse como una humillación pública, porque todo el mundo se da cuenta. Es increíblemente vergonzoso, porque si eres una mujer joven, todos asumen que es algo relacionado con el sexo. El obispo de Reagan planeó más entrevista con ella.

Reagan: “Y él me llamó a mi casa unas dos veces al mes para ver cómo iba todo. Me sentí muy humillada, me sentí malvada, casi. Sentí que era una decepción tan grande, y había hecho que mi familia se viera mal, y todo eso”.

Una mañana, este último diciembre, abrí Facebook y vi una petición de un mormón llamado Sam Young. Él había sido un obispo y ahora le estaba pidiendo a la iglesia que dejara de hacer preguntas explícitamente sexuales en las entrevistas. Esta fue la primera vez que oí hablar de ellas como explícitamente sexuales. Él publicó una lista de 29 preguntas que diferentes miembros de la iglesia dijeron que les habían hecho en sus entrevistas con sus obispos.  Mientras leía la lista, me di cuenta de que se me habían hecho 13 de estas preguntas, tales como, ¿te masturbas? y ¿dónde y cómo te tocó tu novio? ¿dónde estaban sus dedos? ¿tus pezones estaban duros? ¿estabas mojada? Tuve que verlas a todas juntas para darme cuenta lo mal que estaban. Había historias de abuso en el sitio web de Sam, algunas extremas, como el obispo que convenció a unos niños que, si se masturbaban con él, el deseo de hacerlo iba a desaparecer. Yo nunca fui abusada, solo se me hicieron preguntas.

Como obispo, Sam nunca hizo estas preguntas, y nunca se las hicieron de niño. Él escuchó de estas cosas por medio de un amigo, a cuyo hijo le preguntaron sobre la masturbación. Sam no podía creerlo. Él escribió sobre esto en Facebook y las historias comenzaron a llegar como una avalancha. Sus seis hijas le dijeron que se les había preguntado si se masturbaban. Una de las más jóvenes dijo que no sabía lo que significaba. Tenía 12. Así que ella lo buscó en el internet y vio pornografía por primera vez. Sam pensó que, si traía esto a la atención de la iglesia, abandonarían estas preguntas explícitamente sexuales. La respuesta de la iglesia es que los obispos de deberían ser (cita) innecesariamente curiosos o invasivos en sus preguntas (fin de la cita). Pero qué es necesario o innecesario es decisión de cada obispo. La iglesia no define exactamente dónde está la línea.

Mientras la historia se hizo más controversial, la iglesia publicó guías nuevas la primavera pasada diciendo que los niños podían tener a un padre o a otro adulto en el cuarto durante sus entrevistas con el obispo. La iglesia afirmó que eso no tenía nada que ver con la petición de Sam, pero claramente había tocado un nervio. Fue excomulgado de la iglesia en septiembre por actuar (cita) en oposición pública clara, abierta y deliberada contra la iglesia. Y un montón de mormones en el internet resistieron sus afirmaciones. Ellos defendieron a sus obispos diciendo que no habían actuado hecho pregunta inapropiadas o alarmantes, que estos incidentes eran aislados y poco comunes, o que Sam estaba inventando estas historias, que no habían sucedido. Pero yo sabía que pasaban, porque me pasó a mí, y nunca me olvidé de ellas, y raramente hablaba de estas cosas con mis amigos, y nunca con mi familia. Incluso, todos estos años más tarde, todavía siento que es  mi culpa, que de alguna manera me merecí esos encuentros humillantes. Y hablando con Reagan y leyendo las historias en el sitio web de Sam, me pregunto qué tan comunes son.

Por casualidad, hay otra persona en nuestro programa que creció en la iglesia, así que llamamos a varias personas. Conocíamos a algunos, a otros no. Algunos son mormones y practicantes, otros han dejado la iglesia. Y la gente definitivamente se acuerdan de sus entrevistas con el obispo.

Persona 1: “Dijeron, ‘¿cuánto duró?’, o ‘¿te metió los dedos o le metiste los dedos?’“

Persona 2: “Y creo que me preguntó si ella había tenido un orgasmo. Recuerdo que estaba rojo de vergüenza, con una ansiedad extrema. Sentí que se me cerraba la garganta”.

Persona 3: “Yo tenía 11 años y nunca había tenido un novio. Le dije sí, estoy obedeciendo la ley de castidad, y el me preguntó, ‘¿me estás mintiendo?’ Le dije que no, y él presionó, ‘¿estás segura de que no me estás mintiendo?’ Y pensé, ¿él sabe algo sobre mí que no sé?”

Hablamos con diez personas, y, para nuestra sorpresa, las diez dijeron que habían tenido al menos una experiencia con un obispo en la que sintieron que el tipo de preguntas había ido demasiado lejos o que eran demasiado explícitas. Estas experiencias los dejaron sintiéndose profundamente incómodos y avergonzados, al punto de que la mayoría nunca compartió estas historias con nadie. Esto me llevó a preguntarles a mis hermanos, y de los cinco, cuatro habíamos tenido experiencias como esta. No quiero decir que todos los mormones se sienten de esta manera, sobre sus obispos. Un terapeuta que contacté, que se especializa en el sexo y en relaciones, y trabaja con miembros activos e inactivos, estima que las entrevistas con el obispo solo fueron mencionadas por uno de cada ocho de sus clientes, y que hablar de la castidad es solo una pequeña parte de lo que hacen los obispos. Muchas personas tienen experiencias positivas con sus obispos, incluyéndome a mí y la gente con la que hablamos; sí, algunos obispos fueron demasiado lejos, pero otros no. Uno tiene un obispo nuevo cada tantos años. Pero las entrevistas con el obispo pueden tener enormes consecuencias en tu vida. Para ir a cualquier universidad mormona, uno necesita lo que se llama un “respaldo eclesiástico”, básicamente una carta que afirma que uno es un mormón fiel que obedece las enseñanzas de la iglesia.

Hablé con una mujer llamada Alicia. Ella es de Utah, de cuarenta y algo de años. Cuando tenía 20, fue a recibir su respaldo eclesiástico para ir a BYU. Alicia previamente había tenido sexo con su novio, pero dijo que había dejado de hacerlo y que se había abstenido por un tiempo. Todavía no lo había confesado, y su idea era que, si iba a ir a una escuela de la iglesia, debía hacerlo de la manera correcta. Ella quería estar en la senda correcta. Ella pensó que la entrevista saldría bien si decía la verdad, porque solo había tenido experiencias positivas con sus obispos, así que hizo una cita con su obispo.

Alicia: “Él me preguntó sobre la masturbación, lo que me sorprendió, porque nunca antes me habían preguntado eso. Le dije que sí. Pero entonces procedió a preguntarme, ‘¿usaste las manos o algún objeto?’ E inmediatamente cada célula de mi cuerpo se puso en alerta. Es como cuando uno camina en una calle oscura y de repente se siente extremadamente incómoda. Así me sentí desde el comienzo. Le pregunté si eso realmente importaba, y él dijo, ‘quiero tener una idea, para así poder darte un consejo sobre lo que puede activar estos deseos, y qué evitar”.

Él le hizo un montón de preguntas sexuales. Ella dijo que sí a todas, y confesó que había tenido sexo con su novio.

Alicia: “Él procedió a preguntarme dónde si estaba en su cama, en el coche, si llegué al clímax, o si él llegó al clímax. Le preguntó si era un pecado menor si no había llegado al clímax, o es un pecado más grave. Estaba confundida. No entendía cuáles eran las reglas. Sentí como que él estaba en su silla mirando pornografía, la cual era mi vida y no era asunto suyo. Esa fue mi impresión, que él estaba usando mi historia como su poder para crear imágenes en su cabeza para sentir placer. Al menos es como me sentí. En cierto momento dijo, ‘¿todo lo que ustedes hacen es tener sexo. ¿No hacen otra cosa?’, y pensé, ‘no, hacemos muchas cosas con mi novio. Él está en una banda, vamos a conciertos, le ayudo con sus instrumentos. Nuestra relación no es todo sobre sexo, es en lo que tú estás preguntando, y ahora lo estás haciendo sonar como que es lo único que hacemos. Fue bizarro. Pero necesitaba esa firma”.

Y eventualmente la recibió, pero no sin antes pagar un precio. Ella estaba demasiado asustada como para reportarlo. Ella pensó que podría explotarle en la cara, y tenía que seguir reuniéndose con él una vez a la semana. Me dijo que siempre se sentía enferma antes de ir y trataba de encontrar excusas para no ir.

Alicia: “Era difícil, porque no podía decir que este hombre se estaba abusando de mí o violándome. Y he tenido otras experiencias que eran de presión física sexual que fueron menos traumáticas que esta”.

Crecí viendo un video que me preparó para el papel que debía tomar en la oficina del obispo. Se llama “La tristeza que es según Dios produce arrepentimiento”, y nuestros maestros nos lo mostraban cuando no habían preparado la lección. En el video, una mujer joven llamada Kim visita a su obispo porque se está por casar, y, para entrar al templo necesita firmar unos documentos, una recomendación para el templo que dice que es digna. Kim se sienta al otro lado del escritorio de su obispo y él pregunta.

“¿Hay algo, Kim, en tu vida que no ha resuelto con la correspondiente autoridad del sacerdocio?”

“Bueno, antes de que Matt regresara de su misión, estuve involucrada con otro muchacho. Probablemente pasamos demasiado tiempo solos”.

El obispo espera que diga más, pero cuando no ella no dice nada más, él afirma con su cabeza y hace un gesto,

“Continúa”.

“Supongo que las cosas se salieron de control”.

“Kim, sé que es difícil hablar de este tipo de cosa, pero necesito saber qué tan grave fue el problema si voy a ayudarte a resolverlo”.

“Supongo que estábamos demasiado cómodos juntos, y ahí es cuando el problema comenzó”.

La pantalla se oscurece y muestra al obispo, representando que había pasado el tiempo y que ella había confesado su historia.

“Kim, lo que me has contado es muy serio”.

“Sí, pero ya no estoy más con ese muchacho. Ya no es un problema”.

El obispo le dice que esto es mucho más grave de lo que piensa.

“¿No puedo tener una recomendación para el templo? Pero la boda se está acercando, y las invitaciones han sido enviadas; ya compré el vestido”.

Vimos este video muchas veces, y el corte en la conversación nos causó una gran impresión. Mis compañeros y yo nos preguntábamos, ¿qué piensas que dijo? Por lo que, cuando mi obispo me preguntó por primera vez sobre la masturbación y yo tenía catorce años, parecía apropiado tener una conversación explícita. Estábamos viviendo en el corte en el video. Así que le conté todo. No podía mentirle al obispo. Eso sería como mentirle a Dios. Se me enseñó que cualquier pecado sexual cometido antes del matrimonio era el segundo pecado más grave después del asesinato. Era aterrador. Yo me había masturbado una vez cuando tenía doce. Ni siquiera me di cuenta de lo que estaba haciendo. Pero me di cuenta de que algo inusual estaba sucediendo. Dos años más tarde aprendí de la posición de la iglesia sobre la masturbación, lo cual es que es casi tan grave como tener sexo, y yo sabía que el sexo era casi tan grave como el asesinato. Cuando conecté los puntos, estaba devastada. Se me había enseñado que, a menos que me arrepintiera, sería separada de mi familia en la próxima vida, porque ninguna cosa impura puede entrar al cielo. Así que fui y le conté al obispo. Pero, por supuesto, me masturbaba de nuevo, y cada vez sentía que estaba siendo egoísta. ¿Por qué estaba eligiendo este sentimiento por encima de mi familia? La única manera de arreglarlo, de recuperar a mi familia, era confesar.

Mi papá fue un obispo por cinco años. Cuando hace poco le conté las preguntas que se me habían hecho a mí y a mis hermanos, se molestó. Me dijo que él nunca había hecho ese tipo de preguntas, y no recordaba que, de niño, se le hubieran hecho a él. Entonces, ¿exactamente cuándo los obispos empezaron a hacer este tipo de preguntas detalladas y vergonzosas? Hablé con tres historiadores diferentes, todos mormones pero independientes de la iglesia, y ellos me dijeron que la respuesta era simple, que el cambio ocurrió en los 70. Era la reacción de la iglesia contra la revolución sexual. Estaban preocupados sobre la promiscuidad. Alguien en MormonLeaks, nuestra versión de WikiLeaks, me puso en contacto con un historiador que tenía una colección de manuales viejos de la iglesia, escritos específicamente para los obispos antes de los 70. Los manuales les decían a los obispos que debían investigar sobre (cita) prácticas inmorales o no cristianas (fin de la cita). No especificaban nada con mucho detalle. Pero en 1975 aparecieron las primeras preguntas explícitas en una guía para los obispos, la cual le dice a los obispos que pregunten a los posibles misioneros y a otros jóvenes adultos si habían estado involucrados en (cita) alguna de las siguientes:

– Relaciones sexuales extramatrimoniales

– Prácticas homosexuales

– Desviaciones sexuales

– Caricias íntimas, en paréntesis, “acariciar el cuerpo de alguien más”, y

– Masturbación

Si alguien vacila o se siente incómodo puede sugerir que una pregunta necesita ser explorada.

(fin de la cita)

Cuando leí esto, quedé estupefacta. Sentí que este era el modelo del sistema en el que crecí.

Eso fue en 1975. Las entrevistas de dignidad con los jóvenes comenzaron de manera oficial en los 80, y en los 90 apareció un folleto que los obispos debían usar en esas entrevistas. Se llamaba “Para la fortaleza de la juventud”. En la tapa había un dibujo en blanco y negro de un grupo de chicas adolescentes con permanentes y hombreras y chicos que se veían populares. Uno recibía uno de esos folletos a los 12. Yo amaba el mío. El folleto incluía una lista de actos sexuales prohibidos, como las caricias íntimas y la masturbación, así como pensar demasiado sobre el sexo. La iglesia animó a sus obispos a hablar de los específicos actos enumerados en el folleto durante sus entrevistas con los jóvenes, y podían sentirse libres de hacer cualquier pregunta de seguimiento que sintieran que hiciera falta. Así es como este sistema funciona hasta el día de hoy.

Tengo un sentimiento de amor por mis obispos. Todavía lo tengo. Ellos son considerados como los padres de la congregación. Uno siente como que los conoce y que ellos nos conocen a nosotros. Ellos le preguntan a uno sobre sus clases en la universidad o nos preguntan sobre nuestras vidas diarias. Cuando mi papá fue un obispo, vi cómo ofreció libremente de su tiempo en medio de un horario de trabajo ecléctico y la vida familiar para ayudar a la gente a encontrar departamentos, pagar por la comida, ser sus consejeros emocionales, visitarlos cuando están enfermos. Él realmente amaba y ayudó a esta gente porque se preocupaba por ellos, y mis obispos se preocupaban por mí. Me sentía aliviada cada vez que me arrepentía con ellos, sintiendo que un peso se había levantado de mis hombros, y a menudo sentía que ellos estaban tan incómodos haciendo esas preguntas como yo respondiéndolas; pero a pesar de las intenciones o el comportamiento de cualquiera de mis obispos, las entrevistas de obispo me persiguieron en cada encuentro sexual que tuve. Todas las mujeres con las que hablé tuvieron el mismo problema. Por ejemplo, aprendí que mis obispos eran más indulgentes si yo no era la persona que iniciaba el encuentro. Así que cuando estaba con un hombre, me aseguraba, estratégicamente, que ellos eran quienes tomaran el control, lo que quería decir que yo estaba constantemente apoyándome contra las paredes, presionando mis pechos y comunicando telepáticamente que por favor me los tocaran. Pero incluso ahora, en mis 30s, tengo un problema con el sexo. No es una sorpresa que ya no soy una mormona; no le he sido por ocho años, y todavía, cuando estoy con un hombre, hay una voz en mi cabeza que toma nota de todo lo que hago, como un referí quitándome puntos por cada movimiento progresivo que hago. La única manera de acallar a esta voz es abandonar mi cuerpo. Por lo que, estoy allí, pero no estoy más allí la mañana siguiente. Me despierto con una voz que me dice todas las cosas que hice mal. Esto me lleva a un pánico y ansiedad, y no es como que me siento mal por un minuto, sino que el sentimiento permanece por días.

Escribir esta historia me hace darme cuenta de algo que no había notado hasta ahora. Todavía me siento mal por haber perdido mi virginidad antes de casarme. Tenía 28 años y quería hacerlo de la manera correcta. Le hice promesas a Dios y a la gente en mi vida que esperaría hasta el casamiento. Quería tanto cumplir con esta expectativa, y cuando tomé la decisión de tener sexo, sabía lo que significaba. Lo hice sabiendo que perdería a mi familia por la eternidad, a mi comunidad y a mi religión; y a pesar de todo eso, aún así lo hice. ¿Y qué tipo de persona me hace? Esto es lo que siento cada vez que tengo sexo.

Me pregunto cuánto de esto tiene que ver con esas entrevistas con mis obispos, y le pregunté a varias personas cómo pensaban que los había impactado. Un par de mujeres me dijeron que era más fácil tener sexo si no sentían placer. La culpa estaba directamente conectada con disfrutarlo. Una mujer, Courtney, dijo algo con lo que me identifico mucho.

Courtney: “Tomar vino antes de tener sexo, o incluso fumar marihuana, es la única manera de eludir la culpa. Si uno altera su estado mental”.

¿Y cuánto de eso se relaciona directamente con las entrevistas a los 18?

Courtney: “El cien por ciento”.

Y esta es Kate:

Kate: “Creo que tener que rendir cuentas constantemente con alguien de afuera que nos está juzgando constantemente sobre nuestra vida sexual es como una voz externa que nos sigue. ¿Viste como en los dibujos hay un ángel y un diablo que están siempre en nuestros hombros? Creo que siempre hay algo como un hombre viejo en nuestros hombros”.

Como mujeres mormonas, esto tiene consecuencias. La doctora Jennifer Finlayson Fife es una terapeuta sexual con quien hablé. Ella es una mormona practicante y ha tenido a cientos de pacientes que son mormones en la actualidad o lo fueron en el pasado. Ella dice que algunas mujeres mormonas, no todas, aprenden a diferir a una figura de autoridad en lo que respecta al sexo. Por supuesto, otras partes de la religión también refuerzan esa lección. Y estas mujeres, durante el sexo, piensan en lo que el hombre con el que están quiere o lo que sus obispos pensarían. No piensan en lo que quieren. Esto cierra su sexualidad.

Finlayson Fife: “O sea, algunas mujeres SUD realmente lo ven como algo peligroso, que el sexo y el deseo en sí es peligroso para sus identidades como buenas mujeres y para sus percepciones del ideal de lo que es ser buena mujer SUD debe hacer. Así que lo cierran, lo apagan en una manera fundamental, o no lo desarrollan en una manera más fundamental, y la tarea de despertarlo durante el matrimonio se siente casi imposible”.

Por supuesto, cerrarse significa diferentes cosas. Muchas mujeres con quienes hablé dijeron que durante el sexo abandonaban sus cuerpos. Ni siquiera pueden decir lo que quieren. Rebecca es una de las mujeres que me dijeron que disfruta el sexo, pero todavía se siente reprimida. Ella es una mormona practicante y lo hizo de la manera correcta. Se casó con un mormón, esperó hasta el matrimonio para tener sexo.

Rebecca: “Todavía, a veces, siento que estoy siendo sucia o promiscua si lo disfruto demasiado o si me interesa demasiado, porque siento como que, de alguna manera, la única manera pura de tener un orgasmo es pensar en mi esposo, con quien estoy casada por la eternidad, y en nuestro amor y en la dignidad ante Dios. Y para mí eso no es sexy. No pienso en mi relación con Dios”.

Lo que comencé a darme cuenta es lo que estas entrevistas con el obispo hicieron es que no me dieron espacio para la privacidad para tener ningún pensamiento sexual. Si tenía un pensamiento sexual, Dios estaba espiando y escuchándolo. Tenía que pensar, “oh, no. Apaga ese pensamiento. Basta, basta. Esto no está permitido.

Finlayson Fife: “Pero no te culpo por sentirte de esa manera, porque parte de esta programación cultural no creo que sea intencional. No creo que nadie se haya sentado y dicho, ‘les demos a estas mujeres estos sentimientos con los que van a luchar por el resto de sus vidas’. Pero sucedió”.

Claro. No planearon darnos estos cuelgues psicológicos, pero sí planearon asustarnos de niños para que no tuviéramos sexo en una manera que nos causó tremendas consecuencias.

Quise hablar con la iglesia sobre esto, entender cómo usa las entrevistas de obispos hoy, después de la controversia con Sam Young, para ver si los oficiales realmente entienden cuánto sus políticas nos impactaron, y si la iglesia está repensando estas prácticas. Los oficiales SUD no han dado entrevistas en el pasado sobre esto, pero el director de relaciones mediáticas de la iglesia, Eric Hawkins, aceptó hablar. Le dije lo que aprendí de mis entrevistados, que estas entrevistas con esos obispos habían permanecido con nosotras.

Hawkins: “Creo que lo que has encontrado es una selección de individuos que tal vez tuvieron esa experiencia o ese sentimiento, mientras que decenas de miles, cientos de miles se han sentido muy diferente sobre este proceso. Así que, como digo, desde mi punto de vista siempre es desgarrador cuando oigo que alguien se va de esa conversación sin haber tenido esa experiencia”.

¿Estas preguntas tienen que ser tan explícitas?

Hawkins: “Creo que eso depende un poco de la situación. Uno de los consejos que se les da a los obispos es que no sean demasiado invasivos, que adapten la conversación al entendimiento y a la madurez de la persona joven con quienes están hablando. Y creo que no es necesario que un obispo sea demasiado explícito o curioso en sus preguntas. Él quiere entender cómo se siente esa persona sobre lo que han hecho, para saber cómo puede ayudar a aplicar la cantidad correcta de arrepentimiento, podría decirse”.

Eric dice que la iglesia cree firmemente que estas entrevistas con los obispos y los chicos son una parte crucial de su misión para ayudar a la juventud a desarrollar una relación cercana con Dios al enseñarles los estándares para vivir una vida buena y moral. Yo le mencioné que, bajo las guías actuales de la iglesia, un obispo es libre de hacer cualquier pregunta, y las preguntas inapropiadas siguen ocurriendo. O sea, ¿cuál es el problema con dejar bien en claro lo que se puede preguntar y lo que no?

Hawkins: “Creo que la conversación debe ser hecha según el entendimiento de ese joven. Uno puede tener a una mujer de 11 o 12 o 13 años que es completamente inocente y puede tener a otra de la misma edad pero que es muy madura en su pensamiento y en las maneras del mundo, etc. Entonces, la conversación sería muy diferente para esos dos individuos, y eso es lo que está delineado en las guías para los obispos en lo que respecta a las entrevistas”.

En otras palabras, los obispos tienen que poder preguntar lo que piensen que haga falta. Él señaló que la iglesia revisó sus guías para las entrevistas con obispos este año para permitir que los padres pudieran estar en el cuarto y compartir con los padres los temas básicos que se cubrirán de antemano.

¿Por qué establecieron nuevas guías?

Hawkins: “Creo que esta es una iglesia que está creciendo y aprendiendo constantemente, y buscando hacer las cosas mejor. Y creo que vieron una oportunidad de mejorar las relaciones con los jóvenes y los obispos, así que se establecieron esas guías”.

¿Y eso es porque las preguntas que se hacían antes eran algo malo?

Hawkins: “No, no lo creo. Yo pienso que es un proceso de aprendizaje. Creo que la manera en que la iglesia está tomando responsabilidad es buscar constantemente maneras de mejorar”.

Tú dijiste específicamente la palabra “responsabilidad”. Y creo que la iglesia debe ser responsable en reconocer que este proceso causó mucho daño.

Hawkins: “Creo que lo que la iglesia está haciendo es mejorar constantemente, buscando maneras en las que esto puede hacerse mejor”.

Absolutamente, pero lo que estoy diciendo es que, para mejorar, hay que hacer una admisión. Esto se siente un poco como una discusión que puedo tener con mi novio o mi esposo, en la que les pido que hicieron algo mal, y ellos responden, “voy a mejorar”. Ya sé, pero primero tienes que decirme que hiciste algo mal, y ellos dicen, “no, pero voy a mejorar”. Sí, pero dime. Dime así sé que sabes que esto estaba mal.

Hawkins: “Yo también he tenido esas conversaciones con mi esposa, así que entiendo”.

(Silencio)

Entonces, ¿entiendes lo que te estoy pidiendo?

Hawkins: “Sí, entiendo”.

¿Y entiendes por qué es importante para mí escuchar eso?

Hawkins: “Sí, y creo que, como dije, si vinieras a mi oficina, como obispo o presidente de estaca, me sentaría contigo y te aconsejaría para asegurarme de que entiendes, y entenderíamos juntos. ¿Por qué te sentiste de esa manera? ¿Cómo te sentiste y qué podemos hacer para hacerte sentir mejor? Lo que no puedo hacer es volver en el tiempo y cambiar tu percepción, los sentimientos que tuviste en ese momento”.

Antes de bautizarme a los ocho años, tuve que reunirme con el obispo. Él me dijo que iba a ser responsable por mis pecados desde ese momento. Él explicó esto usando un pizarrón. “Cometerás pecados”, y dibujó una mancha negra grande en el pizarrón blanco, “pero puedes arrepentirte”. Entonces tomó el borrador y limpió el pizarrón hasta que quedó blanco otra vez. Esto es algo que muchos chicos mormones escucharon. Cuando estaba en la iglesia, estaba enganchada en el sentimiento que sentí cuando mi obispo me dijo que era perdonada y limpia una vez más. No toleraba la incomodidad que sentía con mi sexualidad. Y miren, ya no creo que estos hombres hablen por Dios o que tengan alguna autoridad sobre mí. Pero todavía no puedo librarme del sentimiento de querer estar limpia, de que alguien que sabe me diga que estoy bien. Probablemente debería aceptar que no hay manera de que ese pizarrón vaya a permanecer blanco. ¿Por qué querría que lo fuera? ¿Qué tiene de malo escribir en él? ¿No es para eso? Pero entonces, el segundo que pienso esto, siento otra voz. “Así es el camino de la mujer adúltera: come, se limpia la boca, y dice: No he hecho nada malo”. Eso es lo que me enseñaron mis obispos.

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One thought on “Ep. 209: Obispos mormones y sus preguntas sexuales explícitas

  1. Me bautice a los 15 años. Ahora tengo 58. He tenido llamamiento de liderazgo y he sido Obispo por 6 años. Durante toda mi vida he recibido y realizado entrevistas de todo tipo. Bien, lo digo claro: Nunca, jamas, ni indirecta ni directamente he recibido preguntas de ese tipo y menos aun las he realizado. Las considero una auténtica barbaridad. Jamas en ninguna reunion de capacitación, liderazgo, o de cualquier otra naturaleza, se nos ha dicho, insinuado, sugerido que hagamos ese tipo de preguntas. Si algún Obispo o líder se atreve a realizar entrevistas de esta clase debe tener problemas mentales o tendrá problemas con sus líderes inmediatos.
    Pero si ustedes quieren seguir sacando agua de ese pozo, tendrán antes que echarla

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