Estudiante de BYU violada es expulsada por violar la palabra de sabiduría

Su universidad mormona confirmó su queja de asalto sexual, pero de todos modos la echó.

The Salt Lake Tribune

El caso muestra una “escapatoria” en la amnistía del Código de Honor de la BYU, dicen los expertos y las víctimas.

Cuando una estudiante de la Universidad Brigham Young-Idaho informó haber sido agredida sexualmente en julio, pensó que no podría ser castigada bajo el Código de Honor de la escuela mormona.

BYU-Idaho y otras universidades propiedad de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días prometen amnistía de disciplina escolar a los estudiantes que denuncien una conducta sexual inapropiada. El cambio de 2017 fue parte de reformas radicales que comenzaron en BYU en Provo después de que la universidad fue objeto de escrutinio por castigar a las víctimas de delitos sexuales , expulsándolas en algunos casos, en caso de haber roto las reglas de la escuela que prohíben el alcohol y el café, restringen el contacto entre hombres y mujeres, imponen un estricto código de vestimenta y prohíben el “comportamiento homosexual”.

La amnistía, dijo la escuela, alentaría a informar y mantener a las víctimas en la universidad.

Pero el hombre acusado por la estudiante de BYU-Idaho le dijo al obispo que ella había estado bebiendo en el momento del presunto asalto. El obispo, dijo, caracterizó el asalto como “irrelevante” y revocó el respaldo eclesiástico que se requiere para asistir a la universidad.

La escuela la suspendió a pesar de que su queja por mala conducta sexual fue confirmada.

Los cambios de ciertas políticas de alto perfil en las escuelas de propiedad mormona no incluyeron a los respaldos eclesiásticos: repasos anuales en las que el clero, por lo general un obispo SUD, verifica que un alumno “vive según los estándares de la Iglesia”, de acuerdo con las instrucciones en el sitio web de BYU.

Los obispos pueden revocar el respaldo de los estudiantes en cualquier momento, efectivamente echándolos de la escuela, un poder que los críticos dicen que abre una brecha en la amnistía y que puede ser fácilmente explotado por los abusadores que tienen información comprometedora sobre sus víctimas.

“Me parece que el sistema tiene una escapatoria incorporada que facilitaría las represalias”, dijo Steven Healy, cofundador de la firma consultora de seguridad del campus Margolis Healy, que a menudo asesora a las escuelas sobre cómo responder al asalto sexual.

“¿Cuál es el mensaje que se está enviando a las personas que quieren informar que han sido agredidas? Se les está diciendo a las personas: ‘No den un paso adelante porque van a recibir un castigo; en otro sistema, [el de la iglesia, no el de la escuela,] pero de todos modos, serán castigados’“.

Funcionarios de la Iglesia SUD se negaron a responder a preguntas sobre si los avales eclesiásticos debilitan las promesas de amnistía de sus escuelas, si existen salvaguardas para evitar que los delincuentes sexuales usen la amenaza de la disciplina obispal para poner en peligro la educación de la víctima como chantaje o represalia o cómo el clero laico de la iglesia está entrenado para responder a tales casos.

Pero en una declaración preparada, el portavoz Daniel Woodruff defendió el requisito de aprobación [por parte de los obispos].

“Los alumnos que estudian dentro del Sistema Educativo de la Iglesia tienen oportunidades maravillosas y únicas de aprender y crecer. Todos los estudiantes aceptan demostrar una conducta moral elevada, actuar con integridad y honestidad, y cumplir con los estándares de vestimenta y aseo personal. Los obispos tienen la importante responsabilidad de ayudarlos a vivir de esta manera y seguir creciendo espiritualmente”.

BYU-Idaho se negó a comentar sobre una lista de preguntas presentadas por The Salt Lake Tribune y dijo que apoyaba la declaración de la iglesia.

En un departamento el mes pasado en Rexburg, Idaho, un grupo de estudiantes estaban en el piso, viendo una película, dijo la estudiante de BYU-I, que pidió ser identificada por el seudónimo de María. El Salt Lake Tribune generalmente no identifica a las víctimas de agresión sexual.

No era ningún secreto que había estado bebiendo más allá del punto en el que podía consentir razonablemente el contacto sexual, dijo María. Su habla estaba enredada y se había tropezado antes de acomodarse bajo una manta que el grupo estaba compartiendo, junto a un hombre al que describió como un conocido ocasional de su congregación estudiantil mormona, dijo María.

Ella dijo que estaba medio dormida, de espaldas al hombre, cuando él comenzó a tocarla por encima y por debajo de la ropa. María dijo que trató de decirle “no”, pero no está segura de que sonó coherente.

“Sé que salieron sonidos”, dijo.

El hombre dijo que también “estaba medio dormido todo ese tiempo”. En una entrevista con The Tribune, dijo que se despertó y encontró a Maria junto a él en el piso.

“Empecé a tocarla, y … sí”, dijo el hombre. “Creo que al principio pensamos que sí, que era consensual, pero creo que comencé a tocarla más de una manera en que ella no quería que lo hiciera”.

Cuando los otros se durmieron o habían salido de la habitación, ella dijo que el hombre trató de ponerse encima de ella y quitarle la ropa. Ella dijo que lo empujó.

él se fue por un tiempo pero luego regresó, dijo ella.

“él explicó que no es sí mismo cuando está cansado, y que está comprometido y no debería haber hecho eso”, dijo María. “Dije que él sabía que estaba ebria y que no tenía excusa”.

Al día siguiente, María le dijo a la policía de Rexburg que el hombre la había agredido. La agencia confirmó que su caso existe, pero dijo que no lanzaría los registros porque una investigación estaba pendiente . El hombre dijo que la policía no lo contactó.

María también lo reportó a la oficina de Título IX de BYU-I, la oficina que está a cargo de las quejas sobre mala conducta sexual y prejuicios de género.

“Les pregunté específicamente, ‘¿Me echarán de la escuela por reportar esto?’ bien directamente, varias veces“, dijo María. “Me aseguré de que no se comunicaría a la Oficina del Código de Honor, que la amnistía y la clemencia serían aplicables, incluso antes de que comenzaran una investigación”.

Dos días después de ser contactado por los investigadores del Título IX, el hombre acusado por María se reunió con el obispo de ambos en Rexburg.

Una confesión detallada, dijo el hombre, era importante para que el obispo pudiera ayudarlo a él y a María.

María dijo que cree que él le informó al obispo que tomaría represalias contra ella por su informe a la oficina del Título IX.

“Sabía que yo había hecho algo incorrecto, y sabía que ella también lo había hecho”, dijo. “Solo fui al obispo para poder trabajar en lo que necesitaba trabajar. No fui con intenciones de denunciarla y tomar represalias. Esperaba que ella también pudiera trabajar en sus cosas … para poder ayudarla con su problema con la bebida y para seguir el Código de Honor“.

María después fue llamada a la oficina del obispo.

“Dijo que tenía que entrar, o mi endoso eclesiástico estaría en peligro”, dijo María. Según ella, le dijo al obispo que no quería discutir el asunto porque había una investigación policial en marcha.

“Le pregunté directamente, ‘¿Sabía usted que fui asaltada?’“. dijo ella. “Y él dijo que sí, y que era irrelevante”.

Según ella, el obispo le dijo que el hombre al que acusaba estaba arrepentido y estaba trabajando para obtener su recomendación para el templo, la autorización de un obispo para entrar en un templo mormón para ciertas ceremonias, a tiempo para casarse en agosto (el compromiso ya se terminó, dijo el hombre).

Por el contrario, dijo, el obispo estaba frustrado de que ella no se concentrara en su problema con la bebida.

“Me dijo que deseaba abrir más mi corazón y que yo fuera menos ‘amarga’“, dijo. “Por supuesto que me siento amarga; fui abusada”.

En una carta que obtuvo The Tribune, la universidad suspendió a María por dos semestres porque su obispo retiró su endoso.

El obispo, Jay Ellis, no quiere hablar sobre la disciplina. Ellis dijo que creía en el alegato de abuso, diciendo: “Mi corazón está con ella por eso”, pero dijo que no estaba relacionado con su decisión.

Tres días después de la suspensión de María, recibió otra carta, esta vez de la oficina de Título IX. Su denuncia de asalto fue confirmada y el hombre también fue suspendido; él dijo que también perdió el endoso del obispo.

María dijo que le pidió ayuda a su investigador del Título IX cuando su obispo la llamó por primera vez y le dijo que su endoso estaba en riesgo.

“Dijo que las protecciones del Título IX [amnistía] no se pueden aplicar en un entorno eclesiástico”, dijo María.

En 2016, la BYU de Provo convocó un consejo asesor para revisar sus prácticas después de que una docena de estudiantes actuales y graduadas le dijeron a The Tribune que fueron investigadas por posibles violaciones al Código de Honor como resultado de denunciar crímenes sexuales [de los que fueron víctimas], y docenas más dijeron que no denunciaron por miedo a ser disciplinadas.

El consejo, que incluía a profesores y administradores con experiencia en enfermería y psicología, estableció 23 cambios que mejorarían la respuesta de BYU a la mala conducta sexual. Entre sus recomendaciones estaba el proporcionar una amnistía de la disciplina escolar si alguien que informa una conducta sexual inapropiada cometió violaciones del Código de Honor cuando ocurrió la mala conducta, y una “indulgencia” por violaciones [al código] no relacionadas que pueden surgir durante una investigación.

Esas disposiciones se extendieron a las escuelas de BYU en Idaho y Hawai, así como a LDS Business College en Salt Lake City.

Pero algunas víctimas dijeron en ese momento que las reformas no fueron lo suficientemente lejos, apuntando específicamente a los endosos eclesiásticos.

El consejo recomendó que los hallazgos se compartieran con la Iglesia SUD. Pero no sugirió ninguna nueva capacitación o directrices para los obispos, que aún podrían revocar el respaldo de cualquier estudiante.

“El retiro del endoso eclesiástico de un estudiante automáticamente resulta en la pérdida del buen estado del Código de Honor”, lo que significa que un estudiante no puede inscribirse o graduarse, según el sitio web de la BYU-I. En la BYU de Provo, un endoso retirado significa que un estudiante “debe descontinuar la inscripción”.

Benjamin Ogles, decano de la Facultad de Familia, Hogar y Ciencias Sociales de BYU y jefe del consejo que recomendó la amnistía, dijo que los endosos de los obispos estaban fuera de la asignación del consejo para revisar las políticas del campus.

“Tratamos de mantenernos enfocados en esa parte y no entrar en el negocio de decirle a la iglesia cómo [manejar] sus cosas”, dijo Ogles. “No sentimos que fuera nuestro lugar decirles a los líderes eclesiásticos cómo manejar estas situaciones”.

Pero Ogles reconoció que el requisito de BYU para los endosos de los obispos podría crear un “doble peligro” para los estudiantes que han roto el Código de Honor.

“¿Podría socavar la amnistía o la indulgencia [para los sobrevivientes de asalto]?” Ogles dijo. “Supongo que podría”.

Healy dijo que está “choqueado”, porque el consejo no tomó en cuenta el poder de los obispos sobre la matriculación de un estudiante cuando se discutió el tema de la amnistía.

“Es una manera para tener represalias [de todas maneras]”, dijo. “Espero que las mentes razonables puedan entender cómo hemos establecido un sistema que está revictimizando a las víctimas”.

Así lo dijo la ex alumna de BYU Colleen Payne Dietz después de contarle a su obispo que había sido secuestrada y agredida por un hombre cuando estaba en su primer año en 2001. Ella dijo que el obispo le dio una copia de “El milagro del perdón”, un libro sobre el pecado que está fuera de impresión, con un pasaje polémico que instruye al lector: “Es mejor morir defendiendo la [virginidad] que vivir perdiéndola sin luchar”.

Luego, dijo ella, él le dijo que la expulsaría de BYU si ella quedaba embarazada.

Las nuevas políticas de BYU de amnistía y clemencia no le habrían ofrecido ninguna protección, dijo.

“Mi situación fue 100 por ciento manejada por mi obispo”, dijo Dietz. “Me hicieron sentir inútil e indigna de tomar la Santa Cena. No recibí nada del consuelo que pensé recibir. Recibí exactamente lo opuesto”.

La autoridad que el clero tiene sobre los estudiantes en las escuelas propiedad de la Iglesia SUD es poco comón en la educación superior, incluso entre las universidades religiosas, dijo Michael Austin, un graduado de BYU que ha estudiado las respuestas a la agresión sexual en los campus afiliados a la fe. Ahora supervisa las investigaciones como vicepresidente ejecutivo de asuntos académicos en la Universidad de Evansville, una escuela metodista en Indiana.

Si bien muchas universidades religiosas requieren referencias pastorales para la admisión, las escuelas SUD requieren endosos que deben ser renovados anualmente. Y tienen procedimientos formales para que el clero retire endosos en cualquier momento.

“No sé de ninguna otra universidad que haga eso”, dijo Austin. “Su obispo puede expulsarlo de la escuela, y si uno es un profesor, su obispo puede despedirlo. Como administrador universitario, dar tanto poder es … profundamente problemático y, al menos, debería tener algún tipo de procedimiento de apelación”.

En 2015, BYU flexibilizó levemente sus reglas de exención de apoyos eclesiásticos, eliminando el vocabulario que tenía exenciones limitadas solo a “circunstancias inusuales” y terminando el requisito de que los estudiantes que buscan exenciones permitan a los funcionarios escolares consultar con sus obispos.

El sitio web de BYU-Idaho también indica que un endoso retirado puede ser apelado a un presidente de estaca, quien está un escalón por encima de los obispos del barrio en la jerarquía de la iglesia. Según María, su obispo le dijo que había consultado con el presidente de estaca antes de revocar su endoso, y que ambos acordaron que era el curso de acción correcto.

Los obispos SUD son clérigos no remunerados que no están obligados a asistir a seminarios profesionales, señaló Austin. La falta de capacitación o experiencia puede ser particularmente peligrosa en casos de agresión sexual, donde las investigaciones penales pueden estar pendientes, las víctimas pueden estar traumatizadas y los depredadores pueden estar buscando influencia sobre las víctimas, dijo.

“Los endosos eclesiásticos dan una enorme cantidad de poder a un líder no entrenado que puede o no comprender las cosas”, dijo Austin. “Los apoyos eclesiásticos, tanto para profesores como para estudiantes … abren la puerta a un nivel bastante horrible de posibles chantajes”.

En la encuesta de 2017 en la BYU de Provo, el 6 por ciento de los estudiantes que informaron haber sido agredidos en el año anterior dijeron que sus agresores los coaccionaron amenazándolos con hablar con la Oficina del Código de Honor o con la persona que firmó su endoso eclesiástico.

Eso es lo que una ex alumna dijo que hizo su agresor para obligarla a someterse a sus repetidos asaltos en 2012.

Julie, quien pidió ser identificada solo por su nombre, dijo que fue violada por un vecino a quien conocía de su barrio de estudiantes en Provo. Antes del asalto, dijo, el hombre notó que estaba descontenta en la iglesia y confesó que estaba perdiendo la fe.

Durante meses después de la violación, Julie dijo, él usó esa información para obligarla a salir con él y dejarle meter la mano debajo de su ropa, amenazando con decirle a la Oficina del Código de Honor acerca de su transición de fe si no se sometía. BYU no ofreció amnistía en ese momento, por lo que el hombre no tuvo que amenazar con ir al obispo, dijo ella. Pero él la obligó a asistir a la iglesia con él en un barrio donde era muy querido.

“Me llevaba a saludar al obispo en los pasillos, sujetándome firmemente de los hombros y sonriendo todo el tiempo”, dijo Julie.

Sabía que esas interacciones la socavarían con el obispo si alguna vez intentaba decir que el hombre la había violado y forzado, dijo ella.

“Fue un juego de poder, y no tuvo que decir una palabra”, dijo.

La amnistía es un buen comienzo, pero sería ingenuo suponer que todos los obispos no entrenados responderán apropiadamente al abuso, dijo Julie.

“Algunos obispos hacen entrevistas a las apuradas y otros hacen preguntas detalladas, invasivas y personales”, dijo. “Todo fue cuestión de interpretación, y toda mi vida dependía de que la interpretación fuera comprensiva”.

Por ahora, después de las suspensiones en BYU-Idaho, María y el hombre al que acusa están decidiendo qué hacer mientras su educación ha quedado en alto.

El hombre dijo que sentía que su obispo y la oficina del Título IX manejaron bien el caso.

“Quiero volver”, dijo.

María, por el otro lado, quiere hacer otros planes.

“Sinceramente, ni siquiera sé si volveré a esa escuela”, dijo. “Es un lugar terrible”. No me siento segura allí”.

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