La iglesia aconseja NO reportar a abusadores

Las leyes de los Estados Unidos requieren que cuando un adulto se entere de un caso de abuso infantil, debe reportarlo a la policía. Si no lo hace, puede terminar en la cárcel. Esto es lo que se llama “Duty to Report Child Abuse and Neglect”, u, “Obligación de reportar abuso y negligencia infantil”. De manera similar, en la iglesia, cuando un obispo o presidente de estaca se entra de un caso de abuso sexual, su responsabilidad también es de reportarlo. Pero en su caso, el reporte no es a las autoridades, sino a los abogados de la iglesia.

En el manual de instrucciones, sección 17.3.2 dice,

En los Estados Unidos y Canadá, la Iglesia ha establecido una línea de ayuda para asistir a los presidentes de estaca y obispos en casos de abuso (1-801-240-1911, o 1-800-453-3860, extensión 2-1911). Estos líderes deben llamar a la línea de ayuda si:

  1. Se enteran de abuso físico o sexual que incluye a miembros de la iglesia.
  2. Creen que una persona puede haber sido abusada o está en riesgo de ser abusada.
  3. Se enteran de que alguien ha visto, comprado o distribuido pornografía infantil.

Cuando llamen a la línea de ayuda, los líderes podrán consultar con consejeros profesionales y especialistas legales que pueden responder preguntas y formular pasos a seguir. Un obispo también debe notificar a su presidente de estaca en casos de abuso.

En países donde no hay una línea de ayuda, un obispo que se entera de algún abuso debe contactar a su presidente de estaca, quien buscará guía del presidente de área.

Si la información confidencial indica que las actividades abusivas de un miembro han violado las leyes aplicables, el obispo o presidente de estaca debe animar al miembro a que reporte estas actividades a las autoridades gubernamentales apropiadas. Los líderes pueden obtener información sobre requerimientos locales de reportes por medio de la línea de ayuda. Cuando la ley requiere que se reporte, los líderes animan a los miembros a que se aseguren consejo legal calificado.

Para evitar implicar a la Iglesia en asuntos legales cuando no es una participante, los líderes de la Iglesia deben evitar testificar en casos civiles o criminales o en otros procedimientos que tienen que ver con abuso.

Entonces, los líderes mormones tienen que animar a los miembros a que reporten el abuso a la policía, pero ellos mismos no lo hacen. Desafortunadamente, este consejo no siempre se sigue. Muchos obispos prefieren hablar primero con el consejo legal de la iglesia, quienes a su vez les dan su opinión, la cual puede o no coincidir con el manual de instrucciones.

Por ejemplo, hace poco se reportó en las noticias, y quiero agradecerle a Estela por encontrar, traducir y publicar esta noticia en nuestro blog, pesmor.org, que un abogado para la iglesia le aconsejó a sus miembros a que NO reportaran casos de abuso sexual.

Gracias a que un fiscal de Arizona se enteró que un abogado de la firma Kirton McConkie, la firma oficial de la Iglesia le dijo a un obispo que no informara a la policía los casos de abuso sexual, lo cual va en contra de la ley ya mencionada de “Obligación de reportar abuso y negligencia infantil”. La joven en cuestión

sufrió abusos sexuales por una década y confió a su obispo lo que le estaba pasando, pero este nunca denunció a los padres de la víctima a las autoridades porque Joseph Osmond, abogado que representaba a la Iglesia SUD, le dijo que no tenía que hacerlo.

Mientras tanto, tanto un fiscal como un defensor de las víctimas en el noroeste de Arizona están expresando su preocupación por los consejos que el bufete de abogados de la Iglesia SUD, Kirton McConkie, de Salt Lake City, está dando a los líderes laicos de la fe.

“La religión se usó contra esta joven durante años”, dijo James Schoppmann, jefe adjunto de la oficina del fiscal del condado de Mohave. “Lo que quiero decir con eso es que [la adolescente] creía que la gente sabía y estaba haciendo algo al respecto”.

Schoppmann envió una carta con fecha del 18 de mayo al Colegio de Abogados de Arizona, que regula a los abogados allí, quejándose de que el abogado de Kirton McConkie, Joseph Osmond, había brindado asesoramiento legal en el estado del Gran Cañón, aunque no tiene licencia para ejercer allí.

O sea que el problema es doble: este abogado no solamente recomendó romper la ley al decirle al obispo que no reportara el abuso, sino que dio consejo legal en un estado en donde no tiene licencia para hacerlo.

Es difícil justificar las acciones de este hombre alegando ignorancia, que a pesar de ser un abogado especializado en dar consejos a obispos sobre este tipo de cosa, él no sabe que esto es ilegal, porque el artículo agrega que “el Sr. Osmond se desempeñó como oficial de policía de Utah y trabajador social de DCFS”. DCFS es el “Division of Child & Family Services”, o “División de servicios para niños y familias”. Es decir, la organización que hace cumplir estas leyes de abusos a menores.

Así que, si sufren de algún caso de abuso sexual o se enteran de uno, por favor, no vayan a su obispo, vayan a las autoridades. Pueden hablar con el obispo después si quieren, pero lo primero siempre es la policía o la versión local de su DCFS.

Además de esto, también nos enteramos en las noticias recientes que la iglesia les ha pedido a dos jueces que desestime casos de abuso sexual relacionados con miembros de la iglesia.

Hace dos años publiqué un programa llamado “Los pecados del hermano Curtis”, en el que hice una reseña del libro del mismo nombre, el cual reporta cómo la iglesia lidia con casos legales como estos. Según este libro, la iglesia ignoró repetidos reportes contra un hermano llamado Curtis quien, a lo largo de sus años en la iglesia, abusó de incontables menores. Cuando la iglesia finalmente fue demandada por proteger a este violador y por no hacer nada por las víctimas, en lugar de pedir disculpas, ofrecer restitución y ayuda para estos chicos, la iglesia, por medio de su bufete de abogados en Kirton McConkie, peleó el caso y lo alargó por años, tratando de llevar a sus acusadores a una situación insostenible económicamente. Pero en el caso del hermano Curtis, un abogado creyó tanto en el caso que, no solamente abandonó todos sus otros casos, sino que usó sus ahorros y sacó préstamos para poder trabajar en el caso de tiempo completo, a pesar de que sus clientes no podían pagar los gastos legales. Este abogado de esta manera consiguió que la iglesia, después de años de apelar y tratar de bloquear la justicia, escondiendo sus registros bajo alegatos de que eran “confidenciales”, ya que habían sido confesados en un entorno religioso, pidiendo información de cada vez más elaboradas pesquisas, etc., resolviera el caso pagando millones en daños y perjuicios a sus víctimas y haciendo que el caso pudiera ser discutido abiertamente. (Según el libro, en el pasado, cada vez que la iglesia había resuelto un caso como este, lo había hecho tras puertas cerradas, obligando a las víctimas a que firmara un acuerdo de confidencialidad.)

Hoy, la iglesia parece seguir usando los mismos métodos que en el pasado.

En el muy publicado caso de McKenna Denson, víctima de violación del presidente del MTC Joseph Bishop, la iglesia no solamente no reaccionó cuando Denson lo reportó a sus líderes, sino que continuó dándole a Bishop cargos altos de liderazgo. Finalmente, cuando Denson se cansó de esperar que la iglesia actuara, la demandó por falta de acción, y ahora la iglesia está tratando de librarse de cualquier tipo de responsabilidad, presentando un pedido a la corte de apelaciones del 10º circuito para que desestime el caso, porque, según los abogados de Bishop y de la iglesia, el período en el que la acción debió ser reportada ya venció. Denson ha dicho una y otra vez que ella reportó a Bishop a los líderes de la iglesia, incluso a un setenta autoridad de área, pero que nadie hizo nada, y que por eso ella no había ido a las autoridades antes.

En un caso similar, la iglesia le pidió a una jueza del tribunal del distrito de la Nación Navajo que desestime casos de abuso sexual que ocurrieron durante la época del programa de Ubicación estudiantil lamanita, cuando el presidente Kimball dijo que educando a los jóvenes indios y haciéndolos unirse a la iglesia, la piel se les estaba blanqueando. Y gracias otra vez a Estela por compartir la noticia.

La jueza, por supuesto, rechazó el pedido de la Iglesia y

“Envió un mensaje claro de que el bienestar de los niños navajos es primordial y triunfa sobre los argumentos legales de la Iglesia para desestimar este caso por tecnicismos. Esta es una victoria para los sobrevivientes a los que representamos, que están un paso más cerca de obtener justicia por los horribles actos de agresión sexual que sufrieron cuando eran niños durante el Programa de ubicación estudiantil lamanita “, dijo Craig Vernon, abogado de los demandantes.

Finalmente, y como nota aparte, hemos estado hablando últimamente de los casos de entrevistas con menores en los que los obispos hacen preguntas de naturaleza sexual, y los miembros han salido de las trincheras diciéndonos que es mentira, que los obispos nunca hacen preguntas de este tipo. Investigando para este artículo, encontré lo siguiente en el manual de instrucciones, sección 7.1.7, intitulada “Pautas para entrevistas con los jóvenes”:

Seis meses después de la entrevista anual con el obispo, cada hombre y mujer joven de entre 12 y 15 años tiene una entrevista con el consejero del obispado que supervisa al cuórum del sacerdocio aarónico y la clase de las mujeres jóvenes…

Temas para la discusión incluyen el crecimiento del testimonio de la persona del Padre Celestial, la misión y la expiación de Jesucristo, y el evangelio restaurado. La importancia de apoyar al presidente de la Iglesia y a otros líderes generales y locales de la Iglesia también debe ser discutido.

Otro asunto para la discusión es la importancia de obedecer los mandamientos, particularmente:

  1. Orar con regularidad en privado y con la familia, estudiar las escrituras, honrar a los padres y pagar un diezmo completo.

  2. Ser modesto en la vestimenta y en la acción, absteniéndose de todo tipo de actividad sexual y absteniéndose de mirar, leer o escuchar material pornográfico.

Entonces, no es cuestión de obispos y presidentes de rama rebeldes el hacerle preguntas de naturaleza sexual a los chicos, es un requerimiento según el manual de instrucciones para esos líderes.

Entonces, si no les gusta que se hable de estas cosas, no nos echen la culpa a nosotros por reportarlo, culpen a la iglesia por requerirlo.

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