Podcast, episodio 170: Mormones y nazis

Pesquisas Mormonas Episodio 170: Mormones y nazis
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Mormones y nazis

Mormonismo en la Nueva Alemania

Artículo del Deseret News, 9 de diciembre, 1933

El ascenso del movimiento de Hitler en Alemania hizo que muchos temieran que la actividad religiosa y la obra misionera se encontrara con una oposición desastrosa. Desde que el partido nacionalsocialista llegó al poder, algunas sectas han sido prohibidas o restringidas, pero las actividades en la iglesia “mormona” se han llevado a cabo casi como antes. De hecho, se pueden ver una serie de paralelismos interesantes entre la iglesia y algunas de las ideas y políticas de los nacionalsocialistas.

Un amigo de la iglesia en Danzig cuenta cómo varios de sus amigos nazis intentaban presionarlo para que se uniera bajo la esvástica. Su forma de mostrar la originalidad y el genio político del partido de Hitler fue el brillante método que han emprendido para promover su marcha de caridad para este invierno. Para ellos fue fenomenal; para nuestro amigo, sin embargo, era simplemente otra aplicación del método efectivo que se ha usado en la iglesia “Mormona” durante décadas. Los nazis han introducido el “domingo de ayuno”.

El primer domingo de octubre, dos misioneros, que no habían tenido nada que comer durante un día, se apresuraron para llegar a su lugar habitual de comidas esperando comer un inusualmente jugoso “Wiener Schnitzel”. Lo que obtuvieron fue un pequeño cuenco de gachas frías con un poco de bola de masa. Este era el día de ayuno alemán. En este día, una comida que consiste en una porción de un tazón es todo lo que se debe comer y se espera que el precio de una comida sea donado al fondo de caridad de invierno. Es una campaña bien organizada. Está diseñada no solo para aliviar la pobreza extrema, sino que tiene el importante propósito de desarrollar ese espíritu de sacrificio que se está destacando en la nueva Alemania, y también de crear un mayor sentimiento de unidad y hermandad mediante la ayuda mutua voluntaria. Alguien en cada departamento es delegado para recoger el dinero y entregarlo a las autoridades.

Hay otra tendencia notable en la dirección “mormona”. Es un hecho muy conocido que Hitler observa una forma de vida que los “mormones” llaman la “Palabra de Sabiduría”. Él no toma alcohol, no fuma, y es muy estricto con su dieta, insistiendo en alimentos simples y saludables, en su mayoría vegetarianos.

Como muestra de resistencia física, Hitler puede ocupar su lugar fácilmente junto a los atletas que generalmente se toman como ejemplos clásicos. La lucha de 14 años que le trajo el poder en Alemania lo puso en una terrible tensión física. Además de la gran responsabilidad, ha habido pruebas y conflictos, y una campaña tan extenuante que ha requerido la atención día y noche, muchas veces lo que hace necesario que viaje grandes distancias en auto o en avión, durmiendo en el camino para estar en forma para las multitudes que se reunían para escucharlo donde tuviera tiempo de parar.

Una señora que estuvo en varias cenas a las que asistió el Dr. Joseph Goebbels, el conquistador de Berlín, me dijo que la rica variedad de licores disponibles nunca estuvo allí para su beneficio. Siempre era necesario servirle bebidas sin alcohol.

Estos dos pintorescos líderes de la nueva Alemania, en su gigantesca lucha por la supremacía política, han necesitado cuerpos capaces y cerebros claros y se han entrenado como atletas. Su propia popularidad está haciendo que la intemperancia sea más impopular. El hecho de que sean adorados puede ser una de las principales razones por la creciente aversión por fumar y beber en Alemania en la actualidad.

En la calle han aparecido carteles de las organizaciones juveniles que luchan contra el tabaco. Este mismo movimiento incluso se ha extendido al uso de cosméticos y su efectividad puede verse por el hecho de que una mujer me dijo recientemente que la caída en el negocio de los cosméticos fue la causa de que perdiera su trabajo.

Muchos de los que se sintieron más nerviosos por poder llevar a cabo sus actividades religiosas están descubriendo que al menos una rama de la obra de su iglesia ha recibido su mayor bendición desde la adopción del hitlerismo en Alemania. Siempre fue difícil para los trabajadores genealógicos ingresar a los archivos de la iglesia reconocida [por el gobierno] para rastrear sus registros familiares. Cuando el pastor se enteraba de su intención, se le negaba el acceso a los registros. Ahora, debido a la importancia dada a la cuestión racial y la casi necesidad de comprobar que la abuela de uno no era judía, los viejos libros de registro han sido desempolvados y están listos para esperar su uso. Y no se hace ninguna pregunta. De hecho, algunos de los santos, en vez de ser rechazados por los pastores, ahora han recibido cartas de aliento que los felicitan por su patriotismo.

Todos los trabajadores genealógicos que están interesados en rastrear la historia familiar en Alemania deberían aprovechar la oportunidad inusual actual.

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Moroni y la esvástica

Introducción

Liberación en la noche de los cristales rotos         

En la noche del 10 de noviembre de 1938, mientras los alemanes barrían los cristales rotos y rociaban las brasas humeantes de Kristallnacht, un sedán anodino cruzó la frontera suiza. Una joven pareja judía de Hanover estaba agachada en el asiento trasero, agradecida por la liberación del pogrom nacional que destruyó sus pequeños negocios y envió a miles de judíos a los campos de concentración. El líder de una congregación mormona local había conducido más de cuatrocientos kilómetros esa noche, arriesgando su vida para salvar a sus amigos de las tropas de asalto nazis con uniformes marrón brillante.

Durante el Reich de doce años de Hitler, Max Reschke no solo rescató a la pareja de Hanover, sino que también resguardó a un prominente banquero judío local y envió a sus hijos a cuidar a la esposa del banquero en el ghetto de Hanover. Él después blindó a un prisionero de guerra ruso y protegió a un esclavo de labores polaco que había sido asignado a trabajar en una planta industrial. Por dar cobijo al banquero judíos, sufrió arresto y aprisionamiento temporal en un campo de concentración. Como capataz de una fábrica, resistió los intentos del Frente Laboral Nazi de organizar a sus trabajadores, y, como Boy Scout, se opuso a las Juventudes Hitlerianas de tomar el control de su tropa de scout de la iglesia mormona. Los esfuerzos resultaron en problemas con las autoridades nazis.

A pesar de su resistencia valiente, que a veces rozaba en la temeridad, los actos de Reschke han permanecido en silencio hasta hoy, reconocidos dentro del círculo de su familia, pero mayormente desconocido entre sus colegas mormones, judíos, polacos o rusos, a cuyos compatriotas o correligionarios él heroicamente protegió. Su nombre no aparece en “Justos entre las Naciones”, la lista Yad Vashem de Israel de aquellos no judíos que rescataron a judíos de los nazis. Recibe escasa mención en la historia apologista, escrita tanto por fieles estudiantes e historiadores mormones, quienes, en su lugar, tratan de manera ligera y delicada a la relación de sus correligionarios con el gobierno de la Alemania nazi.

Reschke se apartó de la metodología de su iglesia para lidiar con el gobierno de Adolf Hitler. Al hacer eso, no sólo violó una coordinada estrategia de supervivencia trazada por sus líderes eclesiásticos, si no que también transgredió contra un principio religioso importante. El decimosegundo artículo de fe y parte de la Sección 134 de Doctrina y convenios funciona de forma equivalente en el mormonismo a la admonición bíblica de “darle al César lo que es del César”, un mandamiento de cooperar con el gobierno civil aunque resulte ser oneroso. Casos aislados de rebelión mormona contra el Tercer Reich fueron enfrentados con miedo, desaprobación u hostilidad directa de los feligreses que vieron tal inconformidad no solo poniendo en peligro a una secta vulnerable que los nazis podrían haber aplastado fácilmente, sino también como una violación de la Voluntad de Dios.

Las heroicidades de Max Reschke lideran esta narrativa no porque tipificara a los mormones en la Alemania nazi, sino porque difería mucho de ellos.(1) A diferencia de este presidente de rama rebelde de Hanover,(3) muchos funcionarios mormones se esforzaron por encajar en el Tercer Reich, enfatizando puntos de congruencia entre su iglesia y el régimen de Hitler. Estos no fueron esfuerzos espontáneos o localizados, sino que reflejaron una estrategia centralizada ordenada por altos líderes eclesiásticos: los presidentes de misión mormones estadounidenses que actuaron bajo la guía de la sede de la iglesia en Salt Lake City. Sus intentos demostraron ser exitosos. Los nazis no prohibieron que ninguna congregación mormona adorara y persiguieron a pocos miembros individuales. Cuando un mormón alemán o un misionero estadounidense se enfrentaron al gobierno, fue por una transgresión individual que habría puesto en peligro a cualquier alemán común durante el régimen nazi [y no por el hecho de ser mormones]. Los santos de los últimos días alemanes y sus líderes eclesiásticos estadounidenses aprendieron cómo vivir bajo la vigilancia periódica del estado, pero lograron sobrevivir a este escrutinio.

Sin embargo, en el proceso de comprobar que el mormonismo no representaba una amenaza para el estado alemán, especialmente en el período de preguerra de 1933 a 1939, los líderes de la Iglesia SUD excedieron el esfuerzo necesario para la supervivencia. El registro histórico revela numerosos esfuerzos para obtener el favor del estado nazi, desde el interés común en la investigación genealógica hasta la admiración por la imagen cuidadosamente cultivada de Hitler de una vida sana como un devoto no fumador y no bebedor. Un presidente de misión estadounidense, Roy Welker, en sus escritos y pronunciamientos en el púlpito, profesó abiertamente su creencia de que Hitler mostró favoritismo hacia su secta. Cuando su esposa Elizabeth escribió al líder de las mujeres nazis para expresar su preocupación por la presuntamente lascivia sexual en los campamentos juveniles del Partido, Gertrude Scholtz-Klink respondió invitándola a viajar con Hitler en la limusina del Führer camino a los mítines nazis de la juventud. Otro líder de misión estadounidense más sofisticado, Alfred C. Rees, cultivó contactos en el ministerio de propaganda nazi que le permitieron publicar un artículo en el diario nazi oficial, el Volkischer Beobachter. El artículo enfatiza puntos de congruencia entre el mormonismo de Utah y la sociedad nazi alemana.

Al recibir afirmaciones por los líderes de su iglesia de que no había conflicto entre ser un buen mormón y un buen ciudadano del estado nazi, los mormones alemanes servían diligentemente en el Cuerpo Laboral Nazi y en el ejército alemán. Otros santos de los últimos días se pusieron con entusiasmo las camisas marrones de Sturmabteilung de Hitler (SA), una organización que rompió cabezas en las calles y destrozó negocios judíos. Algunos se unieron por motivos más benignos, como los congregantes de Hamburgo, quienes disfrutaban tocar en la banda local de SA. Otros mormones recibieron membresía en el grupo élite de guardias personales de Hitler, el Schutzstaffel (SS) de camisa negra, una organización que se expandió hasta desempeñar un papel principal en el Holocausto. Un miembro de Hamburgo, infame entre sus feligreses por haber matado a uno de los oponentes políticos de Hitler en una pelea callejera, se alistó en Totenkopfverbande, las unidades de las calaveras de la SS que dirigían los campos de exterminio. Otro mormón apareció en un artículo académico temprano como un “mecánico experto” que “instaló maquinaria especializada” en Auschwitz.(4) En el lenguaje de la Alemania nazi, es un eufemismo para alguien que instalaba cámaras de gas y crematorios.

Algunos jóvenes misioneros mormones de los Estados Unidos dieron el saludo hitleriano alentados por sus líderes, no necesariamente por simpatía genuina con el régimen, sino para evitar el conflicto.(5) Otros misioneros se negaron a llevar a cabo esa señal de lealtad al gobierno, lo que ocasionalmente les causó dificultades con los nazis que encontraron. Esa opinión dividida dentro del cuerpo misionero revela una conciencia de las ramificaciones políticas de tal muestra. Argumenta en contra de la posición de que los mormones estadounidenses con mentalidad espiritual carecían de conocimiento de la realidad política en el Tercer Reich. Un joven misionero estadounidense, Alvin Schoenhals, fue encerrado en una cárcel local por tres semanas después de que los censores postales leyeron sus comentarios antinazis políticamente astutos pero intemperantes en una carta que envió a su casa en Utah. La comunicación de los presidentes de misión a la jerarquía de la iglesia en los Estados Unidos revela una comprensión sofisticada de lo que estaba ocurriendo en la Alemania nazi. Los mormones se esforzaron por continuar su adoración congregacional y sus esfuerzos misioneros en uno de los regímenes más opresivos del mundo con renovado vigor cada vez que el gobierno nazi planteaba un desafío. Las respuestas políticamente astutas del liderazgo mormón fueron abrumadoramente exitosas.

Los mormones en Alemania también cambiaron las prácticas litúrgicas y los esfuerzos misioneros para acomodarse al sesgo antisemita del estado nazi. Los líderes eclesiásticos purgaron los himnarios en alemán de las referencias a Sión e Israel que habían existido desde que la música de la Iglesia Mormona había sido traducida al alemán durante el siglo diecinueve. Sanearon las publicaciones eclesiásticas de palabras y frases que los nazis consideraban repugnantes. Cuando un manual de lecciones contenía una referencia judía, uno de los presidentes de misión mandó que la página ofensiva se cortara y que las páginas contiguas fueran pegadas juntas. Conscientes de que los nazis no reconocían ningún rito de conversión religiosa para los judíos, algunos líderes mormones alemanes se negaron a bautizar a los posibles miembros judíos. En un caso, una congregación dijo adiós a regañadientes a un converso del judaísmo que, en los años antes de que Hitler llegara al poder, se había considerado a sí mismo completamente asimilado en su nueva fe. Este pesar no se extendió a otro líder mormón local, también un partidario del Partido Nazi, quien erigió un letrero fuera del centro de reuniones que decía: “¡No se permiten judíos!” Ese mismo presidente de rama una vez trató de montar una imagen de Adolf Hitler en una capilla en el lugar que previamente habían colgado imágenes de Jesucristo y del fundador mormón José Smith. Interrumpía los servicios cada vez que Hitler daba un discurso en la radio, obligaba a sus feligreses a escucharlos y cerraba las puertas de la iglesia para evitar que se fueran. Durante los ensayos del coro, enviaba a niños a la sala para que espiaran a los adultos y para informarle si estaban cantando la canción Horst Wessel (el himno del partido nazi) con el mismo entusiasmo que tenían por la música de la iglesia.

En la víspera de la Segunda Guerra Mundial, el segundo al mando de la Iglesia SUD, un ex diplomático y subsecretario de Estado, J. Reuben Clark, ignoró las súplicas de al menos dos mormones de lengua alemana, conversos del judaísmo, por documentación que los ayudaría a dejar la Alemania nazi de antes de la guerra. Los archivos de correspondencia raramente accesibles de la primera presidencia mormona, disponibles para el biógrafo autorizado de Clark, revelan estas súplicas y estos rechazos repetidos por parte de Clark, en un momento en que decenas de miles de judíos abandonaron la Alemania nazi de la preguerra con asistencia extranjera nominal. Clark, cuyos registros legaron una larga lista de sentimientos antisemitas, pidió en nombre de su iglesia que se le “permitiera ignorar” la adopción de medidas en tales solicitudes. Al mismo tiempo, Clark instó al Departamento de Estado de los Estados Unidos. para que facilitaran la emigración de mormones no judíos de habla alemana, a quienes llamó “arios”.

Cuando el liderazgo de los mormones y sus misioneros estadounidense evacuaron Europa una semana antes de que los tanques de Hitler llegaran a Polonia, el énfasis pasó a ser el sobrevivir a la guerra. Los mormones alemanes se doblegaron, pero aún cooperaron con el estado en la misma medida que sus conciudadanos. Enviaron a sus maridos e hijos al servicio militar, oraron en la iglesia por una victoria alemana, sirvieron en posiciones de defensa civil del vecindario y prestaron toda la ayuda mutua que pudieron para sobrevivir a los bombardeos de los aliados. Cuando los centros de reuniones se derrumbaron y fueron quemados bajo el bombardeo aéreo, pequeñas congregaciones se consolidaron en los edificios sobrevivientes. Las mujeres mormonas, quienes no eran elegibles para las principales posiciones de liderazgo, proporcionaron la cohesión que sostenía la adoración organizada. Las madres asignaban a sus hijos adolescentes los deberes normalmente reservados para las autoridades mayores masculinas del sacerdocio, y luego se aseguraban de que esas tareas se llevaran a cabo con la eficacia acostumbrada.

Cuando los Aliados resultaron victoriosos, los mormones alemanes dieron la bienvenida a sus primos espirituales estadounidenses con los brazos abiertos. La supervivencia siguió siendo primordial, pero en medio de la difícil recuperación de la posguerra, se reanudaron los esfuerzos para expandir la iglesia. Los miembros aceptaron a los ex misioneros que aparecieron en los servicios del domingo vistiendo el uniforme del poder conquistador, como si nunca hubiera habido un conflicto. El liderazgo de la iglesia de Salt Lake City movilizó a los mormones estadounidenses y canadienses para proporcionar una campaña de ayuda masiva que envió alimentos y ropa a Alemania en cantidades que empequeñecían los esfuerzos de ayuda auspiciados por los SUD en otras partes del continente. Ezra Taft Benson, miembro del “Cuórum de los Doce Apóstoles” gobernante, quien más tarde se convertiría en el secretario de agricultura de Dwight Eisenhower y posteriormente el presidente de la iglesia mormona, visitó Alemania en 1946 y reunió a los santos vencidos y bombardeados. El liderazgo eclesiástico estadounidense restableció rápidamente el control centralizado de las unidades eclesiásticas alemanas, un importante primer paso para reanudar el esfuerzo misional, reconstruir la estructura de la iglesia y restablecer la autoridad estadounidense.

El Sonderweg mormón: El camino a la Alemania nazi

Los historiadores a menudo se han referido a un Sonderweg, un camino especial que diferencia el desarrollo de la democracia alemana de otros sistemas europeos. La historia mormona en Alemania siguió su propia ruta única, una en la que las relaciones del estado mormón en la Alemania imperial estaban inexorablemente unidas a las dificultades que los Santos de los Últimos Días experimentaban en la frontera estadounidense. Ese camino comenzó con una declaración del fundador del mormonismo, José Smith, un joven inteligente, aunque educado informalmente, con una imaginación vívida y una personalidad magnética. Habiéndose declarado un profeta de Dios, pronunció varias “revelaciones” sobre el idioma alemán y sobre las personas que lo hablaban, incluyendo su especulación de que los alemanes estaban particularmente calificados para alcanzar el estado mormón de la divinidad posmortal. Brigham Young, el sucesor de Smith, no vio nada divino en los alemanes, sino solo a trabajadores duros que, como emigrantes, ayudaron a construir el Sion estadounidense en la región de la cultura mormona.(6)

Las nacientes ramas alemanas de la Iglesia SUD y sus misioneros estadounidenses se encontraron con una considerable oposición de los gobiernos estatales alemanes y de los principales sacerdotes y ministros cristianos. La poligamia fue la provocación más significativa. Los mormones nunca practicaron el “matrimonio plural” en Alemania. Sin embargo, los funcionarios de los diversos estados alemanes argumentaron que si los Santos de los Últimos Días no podían obedecer la ley en su propio país, no era probable que cumplieran la ley en el extranjero. La emigración de hombres jóvenes en edad de reclutamiento militar también preocupaba a las autoridades civiles que pensaban que los hombres mormones alemanes se estaban convirtiendo y emigrando para evitar el servicio militar. Los ministros y sacerdotes naturalmente se ofendieron por cualquier intento de convertir a sus feligreses. Pero para las autoridades religiosas, sus denuncias más apasionadas citaron historias sensacionalmente exageradas de harems polígamos mormones en el desierto de Utah, y los extravagantes rumores de mujeres alemanas mantenidas contra su voluntad por élderes mormones lascivos.

El conflicto recurrente entre los misioneros mormones y sus anfitriones alemanes durante el siglo XIX ilumina un punto importante cuando uno examina cómo los mormones actuaron más tarde durante el Tercer Reich. Antes de la Primera Guerra Mundial, los Santos de los Últimos Días ignoraron el Doceavo Artículo de Fe en sus tratos con las autoridades gubernamentales alemanas. Cuando un misionero mormón se encontró expulsado de una ciudad alemana, se lo transfirió a otra. Cuando un censor local se negó a aprobar la impresión de un panfleto, los misioneros lo imprimieron en otro lugar y luego lo circularon bajo la nariz del censor original. La Iglesia Mormona tuvo tantas dificultades con los funcionarios alemanes que estableció su primera sede de misión permanente al otro lado de la frontera en la Suiza de habla alemana, en la ciudad fronteriza de Basilea. En esa época, los mormones justificaron su desafío al gobierno civil en deferencia a una “autoridad superior”. La ley de Dios prevaleció sobre la ley civil.

Los mormones aprendieron otras lecciones importantes en su experiencia del siglo XIX que aplicaron con éxito durante el Tercer Reich. Los primeros misioneros en Alemania lucharon por aprender el idioma, mientras que sus presidentes de misión sufrieron de poco conocimiento cultural. No hubo un programa formal de capacitación misional, y los hombres jóvenes no se sometieron a exámenes médicos en anticipación a sus largos días de caminata a pie. Todavía no se había elaborado un sistema formal de apoyo financiero; los misioneros a menudo dependían de la buena voluntad de los congregantes alemanes para proporcionarles comida y refugio. Con el paso de los años, los mormones comenzaron a enviar presidentes de misión a Alemania que entendían el idioma y la cultura. Estos líderes eran emigrantes alemanes que recibieron entrenamientos espirituales en la Región de la Cultura Mormona, y que luego acordaron regresar a sus tierras nativas para dirigir los esfuerzos de proselitismo. Los regímenes formales de entrenamiento y apoyo financiero (como existen hoy) no ocurrieron hasta las primeras décadas del siglo XX.

La Primera Guerra Mundial y la República de Weimar sirvieron como un puente hacia la legitimidad de los mormones en Alemania, ya que asumieron responsabilidades de ciudadanía tanto en la guerra como en la naciente democracia que le siguió. Unos cincuenta y cinco mormones alemanes murieron en el campo de batalla por la Patria durante la guerra, lo que permitió a los Santos de los Últimos Días una auténtica reclamación de patriotismo durante la naciente república y la dictadura nazi que le siguió. Durante la República de Weimar, los mormones disfrutaron de los beneficios de la democracia constitucional alemana que les permitió impugnar los decretos de expulsión y buscar reparación civil por el hostigamiento de los clérigos hostiles. El aumento de la inmigración alemana al Sion estadounidense también proporcionó un impulso para desarrollar el núcleo de los alemanes nativos que eventualmente dirigieron la Iglesia SUD a lo largo de la Segunda Guerra Mundial. Cuando Hitler llegó al poder a principios de 1933, los ciudadanos alemanes dirigieron nuevamente la mayoría de las unidades eclesiásticas alemanas a nivel de rama y distritos, como lo habían hecho en la Primera Guerra Mundial después de la partida de los estadounidenses.

Durante la República de Weimar, los líderes mormones demostraron su creciente voluntad de cumplir con la autoridad secular al disciplinar a los miembros y misioneros que transgredían, y al mejorar la supervisión de los subordinados. También instituyeron programas de capacitación para misioneros recién llegados a Alemania, formalizaron el sistema de apoyo financiero para estos jóvenes emisarios del evangelio y perfeccionaron una rutina mediante la cual los presidentes de misión estadounidenses recorrían sus jurisdicciones periódicamente para supervisar las actividades eclesiásticas. Los presidentes de misión desarrollaron una relación de trabajo con los funcionarios consulares estadounidenses en Alemania, en quienes podían confiar para interceder tanto con el gobierno de Weimar como con el nazi cuando los misioneros tenían dificultades.

Sería un error concluir, sin embargo, que los misioneros y los fieles obedecieron únicamente debido a la supervisión mejorada o al temor de las consecuencias adversas posibles. El crecimiento de la Iglesia SUD de Alemania convenció a los jóvenes estadounidenses y a los conversos alemanes de que el estilo de vida misionero espartano y las normas de membresía cada vez más rigurosas se encontraron con la aprobación divina. Informes de curaciones milagrosas, intervenciones divinas frente al peligro y sentimientos místicos proporcionaron la confirmación de que estos creyentes verdaderos necesitaban mantener su fe y soportar el conflicto con las autoridades civiles y religiosas alemanas. Se estaba estableciendo una base, aunque sin saberlo, para la supervivencia del mormonismo y la prosperidad bajo el régimen nazi.

Los años nazis de la preguerra, 1933-1939: Una historia olvidada

Los mormones no tenían la intención de asociarse con el gobierno nacionalsocialista. Los informes enviados por los presidentes de misión a fines del período de Weimar expresaron temor de que una toma de poder nazi impediría el esfuerzo misional estadounidense e interrumpiría el control de Salt Lake City sobre los congregantes alemanes. Los esfuerzos iniciales para mantener el dominio de sus propios asuntos se convirtieron en un esfuerzo para subrayar las similitudes entre la pequeña secta estadounidense y el gigante nazi. Como observó Christine Elizabeth King en uno de los primeros artículos académicos sobre este tema, los nazis y los mormones compartieron una Weltanschauung común, una conjunción de cosmovisiones.(7) Las políticas nacionalsocialistas presentaron oportunidades que eran demasiado atractivas como para que los mormones las dejaran pasar.

Los mormones en la Alemania nazi de antes de la guerra establecieron un patrón para tratar los problemas planteados por el gobierno. Al principio surgiría un desafío que amenazaba la capacidad de los mormones de continuar la adoración litúrgica, la actividad auxiliar de la iglesia o la obra misional. En el curso de resolver el problema en el nivel más bajo de la burocracia gubernamental, se presentarían nuevas oportunidades para explotar áreas de interés mutuo entre la iglesia y el régimen, como la investigación genealógica y el basquetbol. Al hacerlo, los mormones a menudo parecían ignorantes de la implicación de colaborar con el estado nazi. Con frecuencia se incluían artículos en una publicación de la iglesia, como la Sección de la Iglesia del Deseret News, el diario propiedad de la Iglesia Mormona en Salt Lake City, el cual celebró el éxito que los Santos de los Últimos Días estaban disfrutando en su relación con el gobierno nacionalsocialista. Al mismo tiempo, las columnas de noticias del Deseret News publicaban historias de servicios de cable que detallaban la persecución que estaban experimentando los judíos de Alemania. El constante ritmo de noticias inquietantes de Alemania nunca desanimó a la sección de religión del periódico de publicar artículos e imágenes que celebraran la floreciente relación entre la Iglesia Mormona y el Estado Nazi. En 1937, una imagen del profeta, vidente y revelador Heber J. Grant sentado frente a una gran bandera con la esvástica durante un banquete en Frankfurt apareció en el periódico de Salt Lake City. Eso fue un año después de que una imagen similar del presidente de la Misión Europea, Joseph Merrill, apareciera en la misma publicación hablando en un podio de Berlín adornado con una gran esvástica.

Tal relación simbiótica habría ayudado a los mormones solo en un grado limitado sin la guía de líderes estadounidenses capacitados, presidentes de misión bien educados y otros estadounidenses poderosos con fuertes conexiones políticas. De los siete líderes de misiones estadounidenses que sirvieron en la Alemania nazi de antes de la guerra, seis eran graduados universitarios y dos obtuvieron títulos profesionales adicionales. Todos habían servido anteriormente en misiones en Alemania, y todos hablaban el idioma con fluidez. Durante los tiempos de paz de los años nacionalsocialistas antes de la Segunda Guerra Mundial, los mormones también enviaron a Alemania un desfile de influyentes prelados, políticos y profesores. El mensaje al Tercer Reich era doble: obedeceremos sus leyes y respaldaremos a su gobierno, pero también tenemos amigos poderosos en América que se darán cuenta si nos maltratan.

Dos senadores estadounidenses de Utah hicieron conocer su conexión con el mormonismo. Reed Smoot, quien sirvió por tres décadas, escribió un artículo en el semanario mormón en alemán que exaltaba las virtudes de la investigación genealógica e hizo una referencia antisemita.(8) Elbert Thomas, quien derrotó a Smoot en las elecciones de 1932, recorrió Alemania por varias semanas, consultando con funcionarios del gobierno, académicos y con el embajador estadounidense. El embajador mormón más influyente en Alemania pudo haber sido Reuben Clark, quien realizó dos viajes a Alemania para negociar con el presidente del Reichsbank, Hjalmar Schacht, ministro de Finanzas de Hitler. Extraoficialmente, con permiso de la primera presidencia mormona para representar los intereses de los pequeños inversores de Estados Unidos cuyas inversiones estuvieron en peligro durante la Gran Depresión, Clark pasó tiempo fuera de servicio dirigiéndose a los miembros alemanes y misioneros estadounidenses. La Gestapo, la policía secreta de la Alemania nazi, no podía haber dejado de notar el acceso del prominente estadounidense a los poderosos funcionarios del gobierno y el interés concomitante en los mormones de Alemania.

Los estadounidenses influyentes, como Clark, que se mantuvieron regularmente en contacto con el Ministerio de Finanzas nazi sobre el negocio de los inversores, ayudaron a diferenciar a los mormones de otras pequeñas sectas estadounidenses que tenían pocos amigos en puestos poderosos en el extranjero. Dos de ellos, los Científicos Cristianos y los Adventistas del Séptimo Día, sufrieron la suspensión de la adoración o la reducción de sus privilegios en Alemania. Otra secta, los Testigos de Jehová, fueron víctimas de abierta persecución, la que llevó a la muerte de hasta una cuarta parte de sus miembros alemanes. Los mormones obedientes, a diferencia de los Testigos que se negaron a saludar a la bandera esvástica o servir en el ejército, sabían cuándo podían mantenerse en pie y, a la inversa, cuándo era prudente rendirse a la voluntad indomable de los nazis. Como ejemplo de esto último, los mormones disolvieron a sus queridas tropas de Boy Scouts, consideradas como un vehículo de instrucción religiosa. Las Juventudes Hitlerianas habían exigido el control de todas las organizaciones juveniles para niños, pero, por medio de hábiles negociaciones, los mormones pudieron retener sus programas de actividades para niñas adolescentes.

Desde lo más alto hasta lo más bajo en la cadena eclesiástica, los mormones en la Alemania nazi de antes de la guerra cooperaron para sobrevivir y prosperar. Muchos felizmente creyeron que eran ciudadanos favorecidos en un estado policial. Algunos fieles comunes se convencieron a sí mismos de que Hitler había leído el Libro de Mormón y era un miembro secreto de la iglesia. El presidente de la misión Roy Welker, cuya esposa viajó con Hitler en su limusina, dijo en una reunión cívica en Salt Lake City en 1937 que “los judíos están más seguros hoy en Alemania que en muchas partes del mundo”.(9) Tales absurdos no parecen tan absurdos cuando son vistos a través de los ojos de aquellos dedicados a servir a causas más grandes que ellos: el mormonismo y el nazismo.

“Foros de la memoria” mormona en la Alemania Nazi

Cuando los misioneros mormones comenzaron a evacuar a Europa durante la semana anterior al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, cesó el recuento detallado de sus actividades, meticulosamente registradas en diarios personales y registros históricos de misiones. Las extensas bombas incendiarias de ciudades alemanas destruyeron muchos registros guardados por los miembros de la iglesia que se quedaron. Lo que sobrevivió fue la memoria, lo que puede ser complicado. Es más difícil manipular la información registrada en papel, protegida y compartida por los archiveros, e interpretada por los historiadores. La memoria, lo que se recuerda y lo que se reprime, puede cambiar a medida que pasa el tiempo. En la nueva memoria colectiva de los mormones en la Alemania nazi, catorce mil mormones alemanes fueron víctimas de la Segunda Guerra Mundial.(10) Esta historia tiene su atractivo lógico. La guerra impactó la vida de los Santos de los Últimos Días en la misma escala que afectó a la mayoría de los ciudadanos del Tercer Reich. Los esposos e hijos mormones cayeron en el campo de batalla. Los miembros de la iglesia murieron o perdieron sus hogares en los bombardeos, escaparon peligrosamente de las ciudades en llamas, enviaron a sus hijos a vivir con parientes en el campo y temieron los avances de los soldados del Ejército Rojo.(11)

La guerra también interrumpió la vida religiosa de las pequeñas congregaciones mormonas. Cortó la cadena de autoridad eclesiástica mediante la eliminación de misioneros estadounidenses. El reclutamiento militar de líderes del sacerdocio interrumpió la estructura de liderazgo alemana que estaba reemplazando [a la estadounidense]. La pérdida de vidas y de los centros de reuniones a causa de los bombardeos aéreos también destruyeron el proceso de rendición de cuentas. El autor Gilbert Scharffs estima que casi quinientos soldados mormones alemanes y más de cien civiles murieron como resultado de las hostilidades.(12) Los registros anteriores revelaron un menor número de bajas mormonas alemanas: 184 muertos en combate y 120 que murieron en el frente interno.(13) Debido a la catástrofe de la guerra, nadie sabe exactamente cuántos mormones fueron asesinados o heridos en las hostilidades.(14)

En lugar de una crónica detallada puntuada con estadísticas, las historias preferidas de los mormones en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial se desarrollan a través de una serie de “foros de memoria”:(15) valientes soldados de la Wehrmacht que soportaron dificultades en el campo de batalla sin disparar un tiro al enemigo; civiles resilientes que protegieron a los correligionarios bombardeados y aceptaron evacuar a los santos del este; alemanes poseedores del sacerdocio que asumieron el papel del liderazgo estadounidense de la preguerra; misioneros que regresaron como soldados de ocupación; y una campaña masiva de socorro auspiciada por la iglesia que sucedió cuando el liderazgo eclesiástico estadounidense volvió a imponer la autoridad espiritual de Sión sobre sus vencidos congregantes alemanes. Los faros de memoria que no promueven la fe, convenientemente se omiten en la nueva memoria colectiva. El sufrimiento que experimentaron los mormones alemanes durante la guerra proporciona historias que oscurecen otros relatos que podrían no ser espiritualmente edificantes.

Estos faros de memoria vienen equipados con un atenuador de luz, un reóstato mediante el cual se puede regular o ajustar la memoria en la posguerra para alcanzar el nivel de comodidad de los mormones sobrevivientes, ya sean miembros ordinarios de la familia o grupos de inmigrantes alemanes de la Sión estadounidense, o líderes superiores de la iglesia. La familia de Max Reschke, el presidente de la rama que salvó vidas con su heroísmo pero que no pudo salvar sus matrimonios o su membresía en la iglesia debido a sus aventuras amorosas en serie, ajustó el atenuador de luz del patriarca familiar a un nivel bajo. Su hijo escribió un libro publicado en privado, disponible solo para familiares y amigos de confianza, dio una conferencia al menos una vez en una clase universitaria y escribió algunos artículos para revistas genealógicas oscuras. Evitó las oportunidades de buscar un grado más público de conmemoración para su padre.

Existe el faro de memoria mormona cuya luz se había apagado por completo cuando un pariente lejano descubrió la historia de un comandante mormón de un campo de concentración “salvaje” en Berlín. Erich Krause se había unido a la Iglesia Mormona en 1923 y se inscribió en la S.A. de camisa marrón de Hitler cinco años después. El mormonismo y el nazismo se convirtieron en sus pasiones gemelas. Krause fue el comandante de la prisión de la Calle Pape de Berlín a mediados de la década de 1930, donde asesinó y torturó a los opositores políticos de Hitler. Los comunistas y los socialdemócratas fueron los principales objetivos de su sadismo, mientras que Hitler consolidó su poder. Luego, durante los años de la guerra, Krause envió tarjetas postales a su familia desde Polonia, donde trabajó como policía militar en una ciudad donde los Einsatzgruppen liquidaron el gueto y cargaron judíos en vagones destinados a los campos de exterminio. Las tarjetas les recordaban a sus hijos que asistieran a sus lecciones de la escuela dominical mormona y que hicieran sus oraciones.

Después de la guerra, cuando Krause se enfrentó con cargos por crímenes contra la humanidad, un presidente de misión mormón estadounidense financió su fianza preventiva con fondos de la iglesia y escribió cartas al tribunal que acreditaban el buen carácter de Krause. Él escapó del castigo por un tecnicismo legal y comenzó una nueva vida. Se convirtió en un investigador genealógico de confianza en su congregación mormona alemana antes de morir a principios de 1980. El faro de memoria de Krause se prendió cuando el libro no deseado de su pariente lejano sorprendió a los hijos adultos de Krause, cuatro de los cuales había tenido con su tercera esposa después de la guerra. Ellos habían emigrado a los Estados Unidos sin un conocimiento claro de la historia oculta de su padre.

El faro de memoria más prominente en esta narración es la de un joven mormón inteligente, idealista y fiel llamado Helmuth Hubener, de dieciséis años, cuando comenzó a escuchar las emisiones prohibidas durante la guerra de la British Broadcasting Corporation (BBC). Convencido de que la máquina de propaganda nazi no contaba con exactitud las pérdidas alemanas durante la guerra, usó la máquina de escribir de su congregación para producir panfletos antihitlerianos que él y tres amigos (dos de los cuales eran santos de los últimos días) repartieron por Hamburgo. Convencido, ya en 1942, de que Alemania estaba perdiendo la guerra, Hubener quería incitar una rebelión popular contra los nazis. Traicionado por un compañero de trabajo, Helmuth Hubener fue juzgado por un tribunal nazi y guillotinado. Antes de su ejecución a los diecisiete años, su líder congregacional mormón excomulgó al niño de la Iglesia Mormona.

En el siglo XXI, el faro de memoria de Hubener brilla intensamente, pero detrás de un potente filtro. Hoy en día, los libros y los videos de la iglesia le dicen a los fieles de su valiente resistencia contra Hitler, al mismo tiempo que esconden el hecho de que se rebeló contra los simpatizantes nazis de su congregación en Hamburgo como lo hizo contra el gobierno. En la yuxtaposición de fe e historia en el mormonismo, la fe generalmente prevalece.

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