Podcast, episodio 162: Violencia en Sion

Pesquisas Mormonas Episodio 162: Violencia en Sion
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Violencia en Sion

Por Sandra Tanner para UTLM

Los líderes mormones enseñan que, a causa de la apostasía, la verdadera iglesia de Cristo se había perdido de la tierra. Ellos afirman, sin embargo, que en 1830 el Señor restauró Su iglesia por medio del profeta José Smith.

Cuando comparamos los métodos usados por Cristo y Sus apóstoles con los que fueron usados por José Smith y otros líderes mormones tempranos, encontramos una gran disparidad. José Smith mismo dijo una vez, “No soy tan ‘cristiano’ como muchos suponen que soy. Cuando un hombre trata de montarme como a un caballo, me siento predispuesto a patear y a tirarlo y pasarle por encima” (History of the Church, vol. 5, p. 335). José Smith relató el siguiente incidente en su Historia de la Iglesia: “Josiah Butterfield vino a mi casa y me insultó tan escandalosamente que lo eché de la casa, a través del patio, y hasta la calle (History of the Church, by Joseph Smith, vol. 5, p. 316).

Brigham Young, el segundo presidente de la iglesia mormona estaba igualmente dispuesto a usar métodos violentos. De hecho, él incluso basó una doctrina en el uso de la violencia. Esta doctrina es conocida como “expiación de sangre”. Brigham Young hizo estas declaraciones en uno de sus sermones:

Esto es amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos; si él necesita ayuda, ayúdenlo; y si él quiere salvación, y es necesario derramar su sangre en la tierra para que pueda ser salvado, derrámenla. Todos ustedes comprenden los principios de la eternidad, si han cometido un pecado que requiere el derramamiento de sangre, excepto el pecado hasta la muerte, no será satisfecho ni descansará hasta que su sangre sea derramada, para que ganen la salvación que desean. Esa es la manera de amar a la humanidad. (Deseret News, 18 de febrero, 1857; también reimpreso en Journal of Discourses, vol. 4, pp. 219-220.)

… Los líderes mormones no solo predicaron esta doctrina, sino que también la pusieron en práctica. Gustive O. Larson, profesor de historia de la iglesia en la Brigham Young University, admite que este es el caso:

En la medida en que la expiación de sangre haya influenciado la acción, habría sido en relación a la acción disciplinaria mormona entre sus propios miembros. Un ejemplo es el reporte verbal del caso de un sr. Johnson, de Cedar City, quien fue encontrado culpable de adulterio con su hijastra por una corte de obispado y sentenciado a muerte por expiación de su pecado. Según el reporte de testigos respetables, el juicio fue ejecutado con el consentimiento del culpable, quien fue a su tumba consagrada con la completa confianza de su salvación por medio del derramamiento de su sangre. Tal caso, a pesar de primitivo, es comprensible dentro del significado de la doctrina y de los extremos emocionales de la reformación. (Utah Historical Quarterly, enero, 1958, p. 62, nota de pie 39.)

John D. Lee dijo que algunos enemigos de la iglesia fueron matados en Nauvoo por orden de los líderes de la iglesia:

Sé de hombres que fueron matados en Nauvoo por los danitas. Era entonces la regla que todos los enemigos de José Smith debían ser asesinados, y yo sé de muchos que fueron silenciosamente quitados del camino por órdenes de José y sus apóstoles mientras la iglesia estaba allí. (Confessions of John D. Lee, 1880, p. 284.)

La gente de Illinois estaba al tanto del hecho de que los líderes mormones usaban métodos violentos al lidiar con sus enemigos. En el Warsaw Signal del 7 de enero de 1846, encontramos lo siguiente reimpreso del Springfield Journal:

Algunas otras revelaciones son discutidas como que fueron hechas: La manera en que las personas son deshechas, quienes son supuestamente los enemigos de los líderes mormones. Ellos son atrapados por algunos miembros de los danitas o de alguna otra banda, se les coloca una banda de cuero alrededor del cuello, para que, si se resisten, sean ahorcados; y en esta condición son llevados a un esquife, llevados al medio del río, sus entrañas abiertas, y sus cuerpos ahogados. Esto es lo que se conoce como hacer “carnada de bagre” de sus enemigos. Se dice que bastantes personas fueron deshechas de esta manera.

Según John D. Lee, la policía en Nauvoo era muy similar a la organización Danita:

Lo que a la policía se le ordenaba hacer, lo tenían que hacer y no hacer preguntas… Bajo Brigham Young, Hosea Stout era el Jefe de policía. Me mostraron dónde enterraron a un hombre en un terreno cerca del Salón Masónico. Dijeron que lo tenían apretado y que bromearon con él mientras algunos cavaban su tumba. Le pidieron que los acompañara a recoger un pozo con maíz, diciendo que estaba completamente maduro. Le dijeron que tenían una jarra de whisky guardada allí. Lo condujeron a su tumba y le ordenaron que bajara, y dándole la jarra le dijeron que debía tomar el primer trago. Cuando se inclinó para bajar, Rosswell Stevens lo golpeó con su bastón de policía en la parte posterior de la cabeza y lo dejó caer. Luego le ajustaron una cuerda alrededor del cuello para hacerle cortar el aire y lo cubrieron, y pusieron el montón de maíz en su tumba para cubrir cualquier rastro que pudiera conducir a su descubrimiento.

A otro hombre lo atraparon en un bote, alrededor de las dos de la noche dando un paseo. Cuando salió a la orilla del río, el hombre que estaba sentado detrás de él lo golpeó en la cabeza y lo aturdió. Luego, le ataron una cuerda alrededor del cuello y una piedra al otro extremo de la cuerda, y lo enviaron al fondo del río Mississippi. (Confesiones de John D. Lee, página 159.)

Obsérvese que Lee afirmó que la policía mormona cometió asesinatos para la Iglesia y que “Bajo Brigham Young, Hosea Stout era el Jefe de la Policía”. Afortunadamente, el diario de Hosea Stout ha sobrevivido, y sin duda es uno de los documentos más reveladores que hemos encontrado. El hecho de que fue escrito por un fiel mormón lo hace aún más significativo. En su diario, Hosea Stout habla con franqueza de algunos de los métodos violentos utilizados por los líderes mormones. Por ejemplo, bajo la fecha del 3 de abril de 1845, Hosea Stout registró lo siguiente en su diario:

Por la mañana fui al Templo y fui abordado por los hermanos Cahoon y Cutler sobre una circunstancia que tuvo lugar anoche en el Templo. Dijeron que el policía viejo había golpeado a un hombre casi hasta la muerte en el Templo. A lo que respondí que me alegraba, y que había dado órdenes a tal efecto en caso de que alguien fuera encontrado en el Templo después de la noche, y que solo había hecho lo que se le había dicho u ordenado… Concluimos presentarle el asunto al presidente Brigham Young y obtener su consejo. Al ir, nos encontramos con el hermano H. C. Kimball, y, al relatarle el asunto, el hermano Brigham vino y le contamos del tema y él aprobó los procedimientos de la policía. Dijo que quería que siguiéramos vigilando el Templo, después de lo cual él y el hno. Kimball fueron al Templo para regular los asuntos allí, lo que se hizo a nuestra satisfacción y justificación. (On The Mormon Frontier, The Diary of Hosea Stout, editado por Juanita Brooks, volumen 1, página 32)

Bajo la fecha del 9 de enero de 1846, Hosea Stout escribió:

Cuando llegamos al Templo, un número considerable de guardias se había reunido allí, y entre ellos estaba William Hibbard, hijo del élder Hibbard. Él evidentemente había ido como espía. Cuando lo vi, le dije a Scott que debíamos “rebotar una piedra en su cabeza”, con lo cual él estuvo de acuerdo. Nos preparamos y tuve la oportunidad de golpearlo en la parte posterior de su cabeza, lo que estuvo muy cerca de quitarle la vida. Pero pocos sabían qué había pasado. Él se cayó en la tierra fuera de sus sentidos, y cuando volvió en sí, no podía decir qué le había pasado, etc. (On the Mormon Frontier, The Diary of Hosea Stout, Vol. 1, p. 103.)

Bill Hickman

Brigham Young, el segundo presidente de la Iglesia Mormona, una vez declaró:

Y si los gentiles desean ver algunos trucos, tenemos “mormones” que pueden realizarlos. Tenemos a los demonios más mezquinos de la tierra entre nosotros, y tenemos la intención de mantenerlos, porque tenemos trabajos para que hagan; y si el Diablo no presta atención, al final lo estafaremos, porque ellos se reformarán e irán al cielo con nosotros. (Journal of Discourses, volumen 6, página 176)

Brigham Young pude haber tenido a Bill Hickman en su mente cuando hizo esta declaración, ya que era considerado como un hombre que haría cualquier cosa por más mala que fuera. Hay buenas razones para creer que Hickman estuvo involucrado en crímenes cuando la Iglesia estaba en Nauvoo. El periódico The Warsaw Signal del 26 de marzo de 1845, imprimió una carta que contenía esta declaración:

Wm. A. Hickman robó un poco de tocino, fue encarcelado, en unos pocos días fue rescatado por dos hermanos mormones…

The Bloomington Herald, el 22 de noviembre de 1845, publicó esta declaración de Edward Bonney sobre Hickman:

… Wm. A. Hickman, un fugitivo de la justicia… ha sido perseguido dos veces desde Missouri hasta Nauvoo en los últimos dos meses con caballos robados. (22 de noviembre de 1845)

Bill Hickman finalmente fue arrestado y puesto en prisión. En su autobiografía, Bill Hickman dice:

Me quedé unos días, y cuando el carcelero entró una tarde, lo derribé… y se fue, y no ha vuelto desde entonces. Eso fue hace unos veinticinco años. (Brigham Destroying Angel, páginas 46)

En Utah, los líderes mormones no solo lo protegieron de la justicia, sino que lo alentaron en sus crímenes. Este hecho está muy claro en el diario de John Bennion. En 1860, Bennion sintió que Hickman debería ser castigado por sus malas acciones, pero pronto supo que el Obispo Gardiner “había sido obligado y no podía actuar” contra Hickman y que el apóstol mormón Orson Hyde, Presidente del Consejo de los Doce Apóstoles, enseñó que un hombre no debería ser castigado por robar a los “gentiles”. Copiamos lo siguiente del diario de Bennion:

Sáb. 13: Fui a la ciudad. Me reuní con el obispo Gardiner; tuve una charla con él sobre la malvada maldición de W. A. Hickman en un tiempo pasado. Dijo que hasta ahora había sido atado y no podía actuar. Le dije que no estaba atado ni tenía miedo de exponer la perversidad de cualquier hombre que fuera mi deber exponer. Llegamos a casa a la puesta del sol; en la noche me reuní con el obispo y consejeros y partes interesadas [para] juzgar a George Hickman por robar mulas. Cuando estaba a punto de comenzar el juicio, élder Hyde entró y, por petición de Gardner, predicó, y el juicio se pospuso. Después de reunirme con el concejo del obispo, el élder Hyde tuvo una larga charla en mi casa. Hyde dijo que, hablando de robar, un hombre puede robar y ser influenciado por el Espíritu del Señor para hacerlo, Hickman lo había hecho años atrás, dijo que él nunca instituiría un juicio contra un hermano por robarle a los gentiles, pero robarle a sus hermanos, él estaba de acuerdo con eso, él nos enseñó mucho sobre el asunto.

14: fui a la reunión en el molino para escuchar al hno. Hyde… él dio mucha instrucción buena. Habló sobre la intención de la noche anterior de juzgar a Hickman. Dio como la Palabra del Señor el haberlo liberarlo por el pasado, pídele que vaya y no peque más. (John Bennion Journal, 13 y 14 de octubre de 1860, diario original ubicado en Utah State Historical Society. La corrección de la ortografía es del traductor)

En The Mormon Kingdom, vol. 1, página 62, citamos a Mary Ettie V. Smith al afirmar que el apóstol Orson Hyde recibió bienes robados en Kanesville y que Bill Hickman estuvo involucrado en este robo. A la luz de la referencia dada anteriormente, parecería que la Sra. Smith estaba diciendo la verdad.

Hacia el final de su vida, Bill Hickman escribió un libro en el que afirmó haber cometido sus crímenes con la aprobación de los líderes de la Iglesia mormona. Incluso afirmó que había cometido asesinatos por orden de Brigham Young y del apóstol Orson Hyde. Por ejemplo, afirmó que asesinó a Jessie Hartly después de recibir órdenes de estos hombres.

Antes de examinar el relato de Hickman sobre el asesinato de Hartly, es interesante leer los comentarios de la Sra. Mary Ettie V. Smith sobre este asunto:

Aproximadamente a la hora mencionada en el último capítulo, Jessie T. Hartly llegó a la Ciudad del Gran Lago Salado. Era un hombre de educación e inteligencia, y un abogado de profesión… y poco después se casó con una chica mormona de nombre Bullock, lo cual involucraba una profesión, al menos, de mormonismo. Posteriormente, algunos supusieron que su objetivo era aprender los misterios de la Iglesia para luego exponerlos…. el Profeta lo miró con sospecha, como una persona apta para ser nombrado misionero predicador entre los gentiles. Como es costumbre en tales casos, él fue llamado en una convención abierta, cuando todos los líderes de la Iglesia estaban en el estrado; y el Profeta se levantó de inmediato con ese aire de autoridad judicial del cual los que mejor saben comprenden que no hay apelación, y dijo: “Este hombre, Hartly, es culpable de herejía. Él ha estado escribiendo a sus amigos en Oregon en contra de la Iglesia, y ha intentado exponernos al mundo, y debe ser enviado al infierno por un atajo”. Ese fue el final del asunto concerniente a Hartly.

Sus amigos lo evitaron después de esto, y se entendía que su destino estaba sellado. Él sabía que permanecer era muerte; por lo tanto, dejó a su esposa e hijo e intentó escapar.

No muchos días después de su partida, Wiley Norton nos contó, con un sentimiento de júbilo que se había encargado de otro enemigo de la iglesia. Que los huesos de Jesse Hartly estaban en los cañones, y que temía que fueran pasados ​​por alto en la Resurrección, a menos que tuviera más éxito en “alegar” en el otro mundo que en este, refiriéndose a su práctica como abogado.

Casi un año y medio después de esto, cuando me dirigía a los Estados Unidos, vi a la viuda de Jesse Hartly en Green River. Ella había sido una mujer muy bonita, y en ese momento tenía veintidós años. Creo que ella es la persona más descorazonada que he visto en mi vida… ella comenzó diciendo:

Es posible que usted haya sufrido; y si ha sido una esposa mormona, debe haber conocido el dolor. Pero la crueldad de mi propio destino, estoy segura, no tiene paralelo, incluso en esta tierra de crueldad.

Me casé con Jesse Hartly sabiendo que era un “gentil”, pero él pasó por mormón, pero eso no hizo ninguna diferencia conmigo, aunque yo era mormona, porque él era un hombre noble, y buscaba solo lo justo. Al ser mi esposo, él entró en contacto más cercano con los miembros de la Iglesia, y pronto aprendió muchas cosas sobre nosotros y sobre los líderes de la Iglesia de las que no aprobaba, y de lo cual yo era ignorante, a pesar de haber sido criada entre los Santos; y que, de ser conocido entre los gentiles, nos habrían hecho mucho daño. No entiendo todo lo que descubrió, o todo lo que hizo; pero descubrieron que había escrito en contra de la Iglesia, y fue cortado, y el Profeta requirió como expiación por sus pecados, que debía dar su vida…Ellos matan a aquellos que cometieron pecados demasiado grandes como para ser expiados de otra manera. El Profeta dice que si se someten a esto, él puede salvarlos, de lo contrario, se perderán. ¡Oh! eso es horrible. Pero mi esposo se negó a ser sacrificado y, por lo tanto, partió solo hacia los Estados Unidos, pensando que al menos podría haber alguna esperanza de éxito. Le dije, cuando me dejó y a su hijo, que lo matarían, y así fue. William Hickman y otro danita le dispararon en los cañones; y muchas veces me he visto obligada a cocinar para ese hombre cuando pasaba por aquí, sabiendo bien que había matado a mi esposo. Mi hijo pronto siguió a su padre, y yo también espero morir; porque ¿para qué debería vivir? Me trajeron aquí, donde deseo permanecer, en lugar de volver a Salt Lake, donde los asesinos de mi esposo maldicen la tierra y ruedan en su prosperidad sin castigo. (Mormonism: its Rise, Progress, and Present Condition, Hartford, 1870, páginas 308-311.)

En sus confesiones, Bill Hickman admite francamente que había matado a Hartly, y afirma que Brigham Young y Orson Hyde habían ordenado el asesinato:

Cuando llegamos a lo que se conocía como la Big Mountain, y entrando al East Canon, a unas tres o cuatro millas, llegó un señor Hartly de la ciudad de Provo. Este Hartly era un joven abogado que había venido a Salt Lake desde Oregón el otoño anterior, y se había casado con una señorita Bullock, de Provo, una dama respetable de buena familia. Pero se había corrido la voz en Salt Lake (así se dijo, nunca supe si sucedió o no) de que había estado involucrado en un asunto de falsificación. Era un joven guapo e inteligente. Me dijo que nunca había trabajado en su vida, y que iría a Fort Bridger o Green River para ver si no podía conseguir un trabajo de oficinista, o algo que pudiera hacer. Pero antes de esto, en la Conferencia de abril, Brigham Young le dio un tremendo golpe ante la congregación, llamándolo todo tipo de malas palabras y diciendo que debería cortarse la garganta, lo que lo hizo sentir muy mal. Él declaró que no era culpable de los cargos.

Vi a Orson Hyde mirándolo muy mal, y después de haber estado en el campamento una o dos horas, Hyde me dijo que tenía órdenes de Brigham Young de que si venía a Fort Supply debía ser asesinado. “Quiero que tú y George Boyd lo hagan”, dijo él. Los vi a él y a Boyd hablaban juntos; entonces Boyd se me acercó y me dijo: “Está bien, Bill; te ayudaré a matar a ese tipo “. Una de nuestras yuntas estaba dos o tres millas atrás, y Orson Hyde deseaba que volviera para ver si algo le había sucedido. Boyd ensilló su caballo para ir conmigo, pero Hartly dio un paso al frente y dijo que iría si Boyd le permitía tener su caballo. Orson Hyde dijo: “Déjale tener tu caballo”, lo cual Boyd hizo. Orson Hyde me susurró: “Ahora es tu momento; no dejes que regrese”. Comenzamos, y a una media milla tuvimos que cruzar la corriente del cañón, la cual le llegaba a la mitad del cuerpo a nuestros caballos. Mientras cruzaba, Hartly recibió un disparo y cayó muerto en el arroyo. Su caballo se asustó y corrió de regreso al campamento.

Seguí y me encontré con Hosea Stout, quien me dijo que el resto se estaba acercando. Regresé, Stout conmigo, a nuestro campamento. Stout me preguntó si había visto a ese tipo, es decir, a Hartly. Le dije que había venido a nuestro campamento, y él dijo que, por lo que había oído, debía ser matado. Le conté todo lo sucedido y me dijo que era bueno. Cuando volví al campamento, Boyd me dijo que su caballo había llegado al campamento con sangre en la silla, y él y algunos de los muchachos lo llevaron al arroyo y lo lavaron. Orson Hyde me dijo que estaba bien hecho; que él y algunos otros habían ido al lado de la montaña y habían visto la situación. Enganchamos nuestros carros y fuimos a Weber River ese día. (Brigham’s Destroying Angel, páginas 97-98.)

Es interesante notar que el diario de Hosea Stout confirma el hecho de que Hartley estaba en problemas con la Iglesia. Bajo la fecha del 9 de abril de 1854, declaró:

No estuve presente la mayor parte del tiempo, pero el mismo tema continuó y se dieron conferencias contra muchachas que se casaban con gentiles y santos de invierno y con un señor Hartley separado de la Iglesia que había sido llamado para ir a una misión en Texas. Se dice que es un caballo desbocado. Cuando llegó de Oregon y se casó, se unió a la iglesia y había enviado su nombre para obtener su investidura. (On Mormon Frontier, The Diary of Hosea Stout, vol. 2, página 512.)

Hickman afirmó que Hosea Stout estaba en la compañía que estaba yendo a Green River, y que él le contó sobre el asesinato. Hickman declaró que este viaje tuvo lugar “alrededor del primero de mayo” en 1854 (Brigham’s Destroying Angel, página 96). El diario de Hosea Stout confirma el hecho de que estaba en la misma compañía que Hickman. Bajo la fecha del 1 de mayo de 1854, declaró:

Alrededor del mediodía partí hacia Green River. G. W. Boyd transportando mi provisión y equipaje. Llevé a Henry Allen conmigo y dejé a mis hijos con Anna. Cruzamos la primera montaña y acampamos en el arroyo, cambiando mi carga al vagón de W. A. Hickman. (On The Mormon Frontier, The Diary of Hosea Stout, vol. 2, página 514)

Observe que Hosea Stout menciona a “G. W. Boyd” como parte de la compañía. Bill Hickman declaró que un hombre llamado “George Boyd” debía ayudar con el asesinato.

Bill Hickman afirmó que el Apóstol Hyde ayudó a ocultar el hecho de que Hartley había sido asesinado:

Cuando terminó la cena, Orson Hyde convocó a todo el campamento y dijo que quería una guardia fuerte esa noche, porque ese tipo que había venido a nosotros en la mañana había dejado la compañía; él era un mal hombre, y era su opinión que él intentó robar caballos esa noche. … Todo era una tontería; sería bien contarlo; porque todos los que no sabían lo que había pasado, le creyeron. (Brigham’s Destroying Angel, página 98)

Hosea Stout también mencionó el discurso de Orson Hyde a la compañía:

Esta noche, el élder Hyde informó a la compañía que el Sr. J___ Hartley, quien no está con nosotros hoy día, probablemente tuvo intenciones deshonestas al irse, y deseó que el guardia renovara su diligencia para que sus caballos no fueran robados. (On The Mormon Frontier, vol. 2, página 514)

El hecho de que la señora Hartley hablara del asesinato de su esposo años antes de que Hickman hiciera su confesión, y que el diario de Hosea Stout confirma muchos detalles de la confesión de Hickman, parece demostrar que Hartley fue asesinado por órdenes de los líderes mormones. Debemos estar de acuerdo con una declaración hecha por J. H. Beadle:

Pero los que están acostumbrados a juzgar el peso de la evidencia no pueden llegar sino a una conclusión: Jesse Hartley fue asesinado por apostasía, y el cargo de falsificación fue preparado para proporcionar una especie de excusa a los mormones que no podían “tragarse la fuerte doctrina de la expiación de sangre”. (Brigham’s Destroying Angel, Apéndice C, páginas 204-205)

A medida que examinamos la historia de la iglesia mormona, se hace más aparente que los líderes mormones estaban intentando establecer un reino por medios muy mundanos, [incluyendo la violencia más extrema].

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