Podcast, episodio 154: Reseña del libro Mormones y masones

Pesquisas Mormonas Episodio 154: Reseña del libro Mormones y masones
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Recientemente leí un libro llamado Exploring the Connections between Mormons and Masons, del apologista mormón Matthew B. Brown. El libro me pareció interesante, pero preocupado por no saber nada sobre la masonería, investigué un poco en el internet sobre lo que gente con conocimiento tenía para decir, y por suerte me encontré con una crítica en Amazon escrita por Nicholas S. Literski, un maestro masón y ex mormón que ha estudiado las similitudes entre las ceremonias de ambas organizaciones por años, y quien escribió el libro Method Infinite: Freemasonry and the Mormon Restoration, la introducción de Mormonism and Freemasonry, así como artículos para el Mormon History Association, The FARMS Review, y más.

La crítica de Literski es tan concienzuda que la utilicé para basarme en mi propia crítica del libro. Así que lo que empezó como una búsqueda de información sobre la masonería se convirtió en una reseña de este libro.

Exploring the Connection between Mormons and Masons comienza tratando de delinear las diferencias entre las ceremonias de las logias masonas y de los templos mormones. Brown se enfoca casi exclusivamente en supuestas distinciones entre los dos, y mientras que dice que no quiere discutir en detalle la ceremonia masona, “habla lo suficiente”, dice Literski, “como para demostrar su falta de entendimiento al respecto”. Lo que yo noté es que el autor habla de múltiples similitudes, pero nota alguna pequeña diferencia y se basa en eso para decir “¿Vieron? ¡Los mormones no tienen nada que ver con los masones!” Es cierto que los templos son parecidos, que las ceremonias tienen muchísimo en común, que las vestimentas tienen más similitudes que diferencias, que hay contraseñas y saludos que son casi idénticos, pero en todas estas cosas hay alguna grande, o pequeña, diferencia, por lo que obviamente no tienen nada que ver la una con la otra. Además, las funciones y las intenciones de las ceremonias en ambos son diferentes, así que ahí está. Otra prueba de que no, los mormones no descienden de los masones. Nopo. Nada que ver.

Pero a pesar de que Brown promete evitar discusiones específicas sobre los rituales masónicos, emplea una nota al pie de dos páginas de largo para mencionar los supuestos “elementos en las tres primeras ceremonias de iniciación masónicas que no tienen conexión con las ordenanzas mormonas”. La mayoría de los “elementos” mencionados son, de hecho, referencias específicas a las vestimentas, muebles, palabras, y acciones del ritual masón. Aquí también Brown interpreta erróneamente a la hermandad, haciendo creer al lector que los masones adoran “a la deidad pagana llamada Fides”.

Literski ve un problema en la aseveración de Brown de que “muchas (aunque no todas) las formas de masonería” incluyen la expectativa de que la iniciación masónica permitirá al candidato entrar en la presencia de la deidad. El problema es que 1) Brown no ofrece ninguna fuente para esta afirmación, y 2) no es cierto.

Brown también dice que en las logias masonas las discusiones de religión están “prohibidas siempre”. Pero, en mi entrevista con Fratter y en la crítica de Literski aprendemos que esto no es cierto. Si bien la logia no enseña una religión o doctrina religiosa específica, las discusiones religiosas de parte de particulares no son prohibidas para nada.

El tercer capítulo, al cual Brown llama “una de las partes más importantes de este libro”, es menos prudente al ofrecer los supuestos “orígenes de la práctica masona”. Hay que reconocer que Brown evita la afirmación común, y completamente errónea, de que la masonería desciende literalmente de las prácticas rituales que tuvieron lugar en el templo de Salomón. En vez de ello, Brown ofrece lo que él llama una “respuesta plausible a la pregunta de larga data de los orígenes del ritual masónico”. Sin preocuparse mucho por los cientos de historiadores que hace mucho han admitido que los orígenes del ritual masón se han perdido en las nieblas del tiempo, Brown afirma con toda confianza que la masonería es producto de las ceremonias católicas y cristianas primitivas. De hecho Brown incluso se atreve a concluir que los masones han conspirado para esconder este gran secreto, no queriendo aprender las respuestas verdaderas.

Brown apoya su teoría de los orígenes masones con varias descripciones de rituales, implementos, y arquitectura cristianos antiguos. Para el lector desprevenido, Brown parece tener un argumento sólido. Después de todo, sus argumentos están llenos con palabras como “obviamente”, “correspondencias directas” y “paralelos”. Sin embargo, Brown evidentemente no se da cuenta que está utilizando el mismo método y la misma lógica de aquellos que postulan un origen masónico a las ceremonias del templo mormón. Muchísimos autores, después de todo, han proveído paralelos entre las ordenanzas del templo de José Smith y los rituales de los masones. Pero Brown afirma que “aquellos que están familiarizados con los rituales iniciatorios masones no pueden dejar de reconocer los paralelismos entre este ritual cristiano ortodoxo y aquel utilizado durante la inducción de los masones especulativos” (p. 46). La misma oración podría haber sido escrita, y con la misma validez, si decimos en su lugar “aquellos que están familiarizados con los rituales iniciatorios masones no pueden dejar de reconocer los paralelismos entre este ritual mormón y aquel utilizado durante la inducción de los masones especulativos”. Por el contrario, Brown prefiere ignorar el hecho de que de la misma manera en que él emplea una lista para distinguir las logias masonas de los templos mormones, otros podrían fácilmente componer una larga lista de las diferencias entre los rituales “cristianos ortodoxos” y los masones.

El cuarto capítulo en sólo doce páginas intenta contar la historia de los masones en Nauvoo, Illinois, incluyendo un análisis del nivel de participación de José Smith en la logia antes de la creación de la ceremonia de investidura, así como dar respuestas a si José realmente fue hecho un masón “a la vista” (escuche la entrevista para tener más información sobre este punto). Un vistazo a las notas de pie de Brown revelan que, a pesar de que los registros de la logia de Nauvoo están disponibles en el Departamento de Historia de la Iglesia, él prefirió basarse enteramente en el breve reporte de Mervin Hogan, el cual cubre sólo las primeras reuniones de la logia. Tal vez esta es la razón por la que Brown afirma firmemente que en 1842 habían sólo 30 masones “en el área general” de Nauvoo, a pesar de que habían suficientes masones no mormones que vivían en pueblos cercanos, tales como Warsaw, Carthage, y LaHarpe, como para establecer varias logias durante el mismo tiempo.

Brown comete el error común de atribuir a John C. Bennet con el establecimiento de la masonería en Nauvoo, basado en un solo recuerdo de Ebenezer Robinson. El problema con esta hipótesis es que si bien Bennet escribió una petición solicitando a los miembros de la logia #1 de Bodley la recomendación para formar una logia en Nauvoo, este era el procedimiento normal de cualquier persona asignada como secretario de una propuesta logia, y no una indicación de que este esfuerzo había sido “encabezado” (en las palabras de Brown) por tal escritor. Por otra parte, Brown explica correctamente que la verdadera razón por la que la logia de Bodley se rehusó a acceder a la solicitud, no fue por razones religiosas, sino porque no tenían la seguridad o el conocimiento directo de que los peticionarios de Nauvoo fueran masones de buena fe.

Sin embargo, el intento de Brown de explicar por qué Smith se involucró con la masonería sufre de un error demasiado común entre los apologistas SUD que quieren distanciar a su profeta de las influencias rituales masónicas. A pesar de que cualquier hombre que desee convertirse en masón debe afirmar que no está buscando ser un miembro por propósitos “mercenarios” (tales como beneficios empresariales, sociales, o para ganar ventajas políticas), Brown sugiere que esa fue justamente la razón por la que José lo hizo, haciendo quedar al profeta como un mentiroso. Además, el intento de Brown de responder si José había sido hecho un “masón a la vista” o no, parece basarse en su propia interpretación de la frase en cuestión, demostrando una clara ignorancia de lo que esa frase significa en el lenguaje masónico.

En este capítulo Brown intenta restar importancia a la participación directa de José Smith en la logia de Nauvoo en un claro intento de descartar la idea de que el ritual masónico tuvo alguna influencia en la ceremonia de investidura mormona. Brown usa el corto período entre la iniciación de José y la primera presentación de la investidura como clara prueba de que la ceremonia del templo no viene de la ceremonia de la logia. De la misma manera, Brown afirma que cuando José atendió esas reuniones, sus familiares estaban presentes, sugiriendo que esa era la principal razón por la que estaba allí. Al hacer este argumento engañoso, Brown ignora el hecho (intencionalmente o no) de que varios de los parientes de José eran oficiales en la logia, presentes en prácticamente todas las reuniones. Por último, Brown menciona que en su diario personal José Smith escribió que había estaba leyendo y meditando por tres días en abril, asumiendo que esto significaba que había estado formulando la investidura, evidentemente sin ninguna influencia masónica.

El quinto capítulo supuestamente prueba que José Smith y sus seguidores sabían muchas cosas acerca de la ceremonia de investiduras del templo mucho antes de que José se convirtiera en masón. El problema de esta lógica es que está fundada en la premisa de que José no sabía nada sobre la masonería antes de su iniciación en marzo de 1842, una premisa que ignora la evidencia existente. Lo que es más, ignora el hecho de que muchos líderes mormones fueron masones antes de bautizarse como mormones. Brown dice que la escuela de los profetas de Kirtland recibió “muchas instrucciones buenas preparatorias para la investidura”, como si los mormones de Kirtland hubieran estado siendo instruidos para prepararse para la investidura de la era de Nauvoo. Las dos son muy diferentes. Básicamente, la ceremonia del templo de Kirtland no tiene nada que ver con la del templo moderno. Era más simple, e “incluía una ceremonia ritual que incluía lavados y unciones con aceite, seguido por reuniones en el templo, en el que muchos declararon recibir dones espirituales, tales como hablar en lenguas y recibir visiones (Leonard Arrington, “Oliver Cowdery’s Kirtland, Ohio, ‘Sketch Book,’” BYU Studies, Summer 12 [1972]: 416-420). Basado en sus anécdotas, Brown concluye que es “obvio” que las ordenanzas de la época de Nauvoo se originaron antes de que José supiera nada sobre la masonería, lo cual también muestra una gran ignorancia sobre la historia del mismo templo mormón.

En el capítulo seis, Brown escribe que en mayo de 1842 se recibieron instrucciones sobre la investidura, dando breves pero útiles bosquejos biográficos de nueve hombres que recibieron la ceremonia de mano de Smith. Como todos los apologistas antes de él, Brown señala que los nueve hombres eran masones, y sin embargo ninguno acusó a Smith de plagiar los ritos masones. Curiosamente, Brown menciona las fechas en que cada hombre se convirtió en maestro masón, pero no menciona el hecho de que varios de ellos pasaron por los niveles de la logia de Nauvoo rápido justo antes de recibir sus investiduras, por lo que lo más probable es que estos hombres pensaron que la ceremonia masona era parte de la ceremonia del templo.

En el ultimo capítulo, “Historia, teoría, y mitos”, Brown intenta proveernos con respuestas a quince problemas propuestos por aquellos a quienes se refiere como “comentadores”, “teóricos”, y “críticos”. Interesantemente, Brown señala que si la masonería vino del “prístino” ritual antiguo, entonces la ceremonia del templo de José Smith “debería exhibir una afinación pronunciada con los ritos antiguos de la masonería. Sin embargo, esta no es así” (p. 129). Brown argumenta contra la idea de que Smith fue inspirado a “restaurar” lo que vio en los rituales masónicos a su estado original. Sorprendentemente, Brown parece rechazar la posibilidad de que Dios hizo que tal vez José vio la ceremonia masónica como parte de su proceso de revelación, un argumento favorecido por muchos miembros SUD fieles que están familiarizados con los paralelismos mormones y masónicos.

A lo largo de sus quince “respuestas”, Brown repite lo que parece ser un procedimiento habitual. En todas las partes donde hay un paralelo entre el mormonismo y la masonería, Brown enumera diferencias específicas para “demostrar” que no tienen nada que ver entre ellas. Además, Brown parece sumamente inmune a la navaja de Occam (la explicación más sencilla es probablemente la más correcta). El diario de Heber C. Kimball describía una mesa en el salón celestial de Nauvoo con las “esferas celestiales y terrestres” encima, una característica típica de las logias masónicas, las cuales aparecen prominentemente en grabados de logias del comienzo de los 1800s. Brown las redefine como “átlases esféricos” de los cielos y de la tierra, y “refuta” cualquier conexión con la masonería señalando que también habían mapas en las paredes. En caso de que esto no fuera suficiente para convencer a los lectores, Brown agrega que “estos átlases circulares… pueden haber venido de la universidad de la ciudad de Nauvoo, donde el apóstol Orson Pratt enseñaba cursos de astronomía” y medida. Brown incluso escribe que “es interesante notar” que Pratt estaba haciendo “cálculos astronómicos” en diciembre de 1845, como si esto reforzara su teoría de que era cualquier cosa menos masón. Similarmente, Brown argumenta en contra de la idea de que el uso mormón de la escuadra y el compás no tiene nada que ver con la masonería basado en el hecho de que en 1599 la Biblia de Ginebra menciona esas herramientas.

El colmo del razonamiento de Brown de que esto es “cualquier cosa menos masón” es una respuesta a una entrada en el diario de John D. Lee (p. 150-51). Lee fue nombrado secretario de registros del templo original de Nauvoo, una oficina que históricamente se encargó de mucho más que simplemente mantener los registros. Incluso en los templos SUD modernos, este secretario tiene la responsabilidad (con la ayuda de subordinados, tales como el ingeniero del templo) de supervisar al personal y de asegurarse de que la función física del edificio mismo continúe funcionando sin problemas. En el caso de John D. Lee, esta responsabilidad incluye tales funciones como asegurarse de que los fuegos estén prendidos en los hogares para que el edificio sea acogedor. Matthew Brown cita el diario de John D. Lee durante el tiempo en que sirvió como secretario de registros del templo (disponible en la Colección Especial de BYU en forma de manuscrito) de la siguiente manera: “A eso de las 4 de la mañana entré al porche del jardín inferior, donde encontré al portero, quien me admitió a través de la puerta que llevaba al pie, o casi, de una gran escalera que, en su parte superior, llevaba a la puerta del jardín exterior, el cual estaba cubierto de azulejos… Como tenía los implementos propios de ese grado, gané admisión, a través de los jardines interiores… a los departamentos sagrados [por ejemplo, los cuartos de investiduras]… Después de entrar, me encontré solo con el guardia que cuidaba los jardines internos y preparamos todo y pronto los fuegos estaban prendidos en los diferentes cuartos y organizamos las cosas para el día”.

Quienes están familiarizados con la masonería reconocerán inmediatamente la notable elección de palabras en el lenguaje de Lee en su diario (y en otras partes del diario, el cual no fue citado por Brown). El uso masónico de “grados” casi ni necesita explicación. Las referencias de Lee de un porche y de una gran escalera son conocidas para los que han recibido el grado de compañero. El guardia es un oficial masón, asignado con las responsabilidades de asegurarse de que ningún “cobarde o espía” entre a la logia bajo su guardia. La frase “implementos propios” es usada en los rituales masones para referirse a esos elementos conferidos a un candidato durante la realización de un grado en particular. Es también usada con respecto a las herramientas particulares a un cargo específico en la logia, por ejemplo, los “implementos propios” de la guardia es la espada desenvainada. Nada de esto le interesa a Brown. En lugar de preguntarse qué se puede asumir del uso de tal terminología masónica por parte de Lee, Brown insiste en tratar de convencer a sus lectores de que Lee no estaba usando palabras masónicas y que es un “mito” que Lee lo había hecho.

Para poder hacer su argumento más robusto, Brown degrada a John D. Lee de secretario de registros del templo a “uno de los muchos voluntarios que querían ayudar con las operaciones del templo de Nauvoo”, asignado por Brigham Young para “actuar como encargado y también para cuidar las fogatas en los departamentos y cuartos superiores, etc.” Tratando de hacer como que John D. Lee no era una figura importante en el templo de Nauvoo, Brown postula: “Algunos tal vez sostengan que la palabra ‘grados’ es exclusivamente masónica, pero en este caso John D. Lee no la utilizó en la típica manera masónica para referirse a los rangos o estatus de los iniciados. Parecería que Lee estaba usando la palabra ‘grados’ para referirse a los jardines exteriores de los cuartos en el ático. En este sentido, podía haber estado refiriéndose a lo que el diccionario de inglés de Noah Webster del año 1828 identifica como un ‘escalón o porción . . . elevada’ [y Lee h]abía subido una considerable distancia en elevación al subir las escaleras del templo”. Brown también pone en duda el uso de la palabra “guardia”, sugiriendo que Lee estaba usando el término para referirse a un simple guarda y no necesariamente usando lenguaje masón (a pesar de que la palabra a la que se refiere Brown es “Tiler”, una palabra que en el inglés corriente significa “azulejero”, y no “guardián”), después de lo cual el autor concluye con su segunda declaración contundente: “a la luz de la cita completa del diario de Lee, se puede suponer que los ‘implementos’ que le permitieron la entrada a través de ‘la puerta del jardín de afuera’ eran pedazos de leña, lo cual es una conclusión sin ningún fundamento en evidencias. Según Literski, estos argumentos son tan vergonzosos que si él fuera Brown, se aseguraría de que su nombre fuera borrado de la tapa del libro.

Es importante hacer mención sobre las fuentes usadas por Brown. Cuando uno examina la bibliografía, se da cuenta fácilmente que Brown usó muy pocas fuentes primarias. Brown escribe para una audiencia SUD devota, compuesta de lectores que nunca se cuestionaron la veracidad del mormonismo temprano o la divinidad de las escrituras SUD. Como tal, Brown usa citas de Doctrina y Convenios y/o autoridades mormonas de la época para “desmentir” las implicaciones de la evidencia histórica. Al mismo tiempo, Brown ignora las declaraciones de autoridades que contradicen sus argumentos. Por ejemplo, cuando Dimick B. Huntington es citado como la fuente de los comentarios profundamente masónicos de José Smith, Brown trata de debilitar la cita señalando que fue hecha 34 años después de los eventos, a pesar de que Brown usa muchísimas citas hechas con mucho más retraso que el de Huntington si le es conveniente. Brown descarta rápidamente a los mormones apostatas, pero cuando el apóstata Ebenezer Robinson hace un comentario atribuyendo la masonería de Nauvoo a John C. Bennett, Brown no menciona que Robinson hizo estas declaraciones 48 años después de los eventos, que se unió a los rigdonitas, a la SUDR, y a los whitmeritas. Tampoco menciona que cuando era whitmerita, Robinson consideró a José Smith un profeta caído. El uso de fuentes de Brown es inconsistente y, en última instancia, engañoso para sus lectores.

En resumen, Brown hace bien al apartarse de apologías tradicionales, las cuales han sido probadas inválidas. Pero en vez de reflejar su propio título, lo único que Brown explora es nuevas maneras de evitar la evidencia de las influencias masónicas en el mormonismo temprano.

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