Podcast, episodio 147: Influencias mormonas: Patience Worth

Pesquisas Mormonas Episodio 147: Influencias mormonas: Patience Worth
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José Smith y Pearl Curran, también conocida como Patience Worth

Traducido por Joy

José Smith dictó las palabras de todo El Libro de Mormón, como sabemos hoy, en unos tres meses. Esto por supuesto no tiene en cuenta el tiempo que se tomó para producir las 116 páginas que se perdieron o la casi una década de tiempo que José o bien estuvo produciendo esta narración en su mente o recibiendo instrucción del ángel Moroni, sea cual sea la historia que te resuene mejor. Hay opiniones dispares entre los Santos de los Últimos días acerca de la divinidad del Libro de Mormón. Algunos lo consideran como una obra completamente antigua, traducida milagrosamente por medio del don y el poder de Dios. Algunos mormones creyentes lo consideran como una extensión moderna de una fuente antigua queriendo decir que José Smith añadió algunas de sus propias ideas y copió pasajes de escritura de la versión de King James al texto. Algunos críticos lo consideran una obra del siglo XIX elaborada cuidadosamente por José Smith durante un amplio periodo de tiempo y puesta sobre papel en un breve periodo de tiempo. Hugh Nibley, como es bien sabido, desafió a sus alumnos de la Universidad de BYU a inventar una obra similar al Libro de Mormón, con todas sus complejidades, en un semestre (más tiempo del que, según él, José Smith tuvo para producir el Libro de Mormón).

¿Qué hay acerca de los ejemplos en la historia de otros a los que se les dio el don de ser prolíficos dictadores de texto?

Pearl Curran, quien supuestamente recibía comunicación del espíritu de una mujer llamada Patience Worth

¿Qué similitudes hay entre José Smith y Pearl Curran, también conocida como Patience Worth?

Pearl Curran era un ama de casa que el 8 de Julio de 1913 en San Luis Misuri, y por medio del uso de una tabla ouija, presentó al mundo a Patience Worth: Patience era un espíritu que había estado muerto durante unos 250 años. He aquí la primera comunicación recibida de Patience.

“Viví hace muchas lunas. Regreso de nuevo como Patience Worth que es mi nombre”

Cuando se le preguntó cuándo vivió, se dieron las fechas de 1649 al 1694 y que su hogar estaba “cruzando el mar”. Aunque Worth indicó que era de Inglaterra, nunca nombró la ciudad o el pueblo en el que vivió. Pero sí dio algunas pistas que fueron deducidas por algunos íntimos de los Curran que indicaban que Patience Worth había vivido en el área rural de Dorsetshire [pronunciado “Dorset shaier”] con su padre John y su madre Anne. Curran tenía una imagen mental del lugar en el que Patience Worth vivió, indicando que Patience vivía en un “. . .campo ondulante verde de laderas suaves, apenas cultivado, con casas aquí y allá. A dos o tres millas de este campo sobre esta carretera había un pueblo pequeño de pocas casas”. La señora Curran entonces visualizó a Patience marchando hacia América en una enorme goleta de madera con tres mástiles. Patience fue descrita por la señora Curran como “… Probablemente de unos treinta años. Su pelo era rojo oscuro, color caoba, sus ojos castaños, y grandes y profundos, su boca firme y rígida, como si estuviera reprimiendo fuertes sentimientos. Su pelo estaba despeinado por su gorro, y era de suaves y lustrosos rizos”. La señora Curran también vio a Patience “sentada a caballo, sujetando un paquete atado en lona, atado con correas y llevando puesto una burda capa de tela marrón oscura, con una capucha como una bufanda, con visera.  La cara está ensombrecida. Ella es pequeña y sus pies son pequeños con burdos zapatos de soporte cuadrado y calcetas de lana gris”. Después de un largo viaje, el barco llegó a la costa escarpada de América donde no pudieron encontrar un lugar de embarque para el barco. Varias barcazas fueron botadas y la señora Curran vio a Patience de pie en la proa de su barco y uno de los primeros en alcanzar la costa. Patience Worth más tarde indicó que ella finalmente fue asesinada por los indios”.

Irving Litvag dijo:

En una carrera literaria de casi 25 años, ella produciría la asombrosa cantidad total de cuatro millones de palabras, siete libros enteros, miles de poemas variando desde unas pocas líneas de longitud a cientos, números incontables de epigramas y aforismos, relatos cortos, unas pocas obras de teatro, y miles de páginas de conversaciones ingeniosas y mordaces con los cientos de invitados que vinieran a visitarla. Uno de sus libros diría más tarde un historiador distinguido. “Indiscutiblemente éste el relato más grandioso de la vida y época de Cristo, escrito desde que los Evangelios fueron finalizados”. Un célebre profesor de Oxford la llamaría “una maravilla filológica”.

Necesito aclarar que no estoy intentando en manera alguna probar o refutar la autenticidad de la obra producida o bien por José Smith o por Pearl Curran. Simplemente estoy mostrando algunos paralelismos interesantes entre dos oradores dotados, que vivieron con casi un siglo de diferencia.

Educación formal muy limitada

Pearl Curran

La familia de Pearl Curran “se mudó a Saint Louis cuando tenía 14 años. Ella hizo un último intento por asistir a la escuela, pero se desanimó cuando se le puso en un grado más bajo basado en sus habilidades académicas. Los Curran tenían una educación media para esa época y poseían pocos libros; ninguno de ellos había viajado mucho. Los primeros siete años de su matrimonio fueron tranquilos”.(1)

En dos sesiones de dos horas cada una, el 26 de Noviembre de (1914) Patience dictó “El loco y la dama. Un tipo de Pagliacci medieval…. Piense lo que piense de esto como obra dramática o como poesía, y que verdaderamente apenas se ajusta a los gustos de los amantes del teatro de Broadway de hoy día, se debe admitir que tiene fuerza y un sentimiento profundo y un don para el lenguaje”. ¿Y de quien vino? de una ama de casa convencional de Saint Louis, inculta y presumiblemente sin talento.(2)

Hablando por medio de una tabla Ouija controlada por Pearl Lenore Curran, una ama de casa de educación limitada, Patience Worth no era menos que un fenómeno nacional en los primeros años del siglo veinte. Aunque sus obras hoy día están prácticamente olvidadas, La prestigiosa antología de Braithwaite enumeraba cinco de sus poemas entre los mejores publicados de la nación en 1917, y el New York Times proclamó a su primera novela como una “proeza de redacción literaria”.(3)

José Smith

Tendría yo unos diez años de edad, cuando mi padre, que también se llamaba José [Joseph] Smith, salió del estado de Vermont y se trasladó a Palmyra, condado de Ontario (hoy Wayne), estado de Nueva York. Como a los cuatro años de la llegada de mi padre a Palmyra, se mudó con su familia a Manchester, en el mismo condado de Ontario.

A la edad de aproximadamente diez años mi padre José Smith padre se trasladó a Palmira Condado de Ontario en el estado de Nueva York y estando en circunstancias indigentes fuimos obligados a trabajar duramente para el sostén de una familia grande que tenía nueve hijos y al requerir los esfuerzos de todos los que podíamos dar cualquier ayuda para el sostén de la familia por lo tanto se nos privó del beneficio de una educación basta decir que apenas tenía instrucción en leer y escribir y en las reglas básicas de aritmética que constituían todas mis obtenciones.(4)

Se ha hecho énfasis en que José Smith no tenía mucha educación formal, aunque en esencia es cierto que ninguno de los Smith tenía mucha educación formal porque todos tuvieron que trabajar simplemente para subsistir, y aunque él no pasó mucho tiempo en clase, José Smith se convirtió en una persona muy culta. Él era un aprendiz dotado que a menudo era enseñado por tutores divinos. Él también fue capaz de trasladar lo que había aprendido a enseñanzas magistrales al entregar un mensaje profético al mundo en esta última dispensación.(5)

Ambos tenían dificultad al componer textos por ellos mismos cuando no dictaban sus palabras

Pearl Curran

Ahora dígame esto. Si puedo hacer estas cosas, y si es una parte de mí, si es voluntario o consciente incluso en una medida, ¿por qué no veo ninguna de estas escenas, ninguna de estas historias, ninguna de las obras de Patience Worth de hoy, y por qué no tengo visiones de esta época y este día? Es muy difícil para mí escribir de manera normal. He estado casi toda la tarde escribiéndote esta carta, mientras que si hubiera sido La Triste Historia o un gran poema, habría hecho tres mil palabras en una hora y tres cuartos y me hubiera olvidado”.(6)

José Smith

José Smith ni podría escribir, ni dictar una carta coherente y bien redactada, ni mucho menos dictar un libro como el Libro de Mormón. Y, aunque yo era un participe activo en las escenas que se revelaban y estuvo presente durante la traducción de las planchas y tenía conocimiento de cosas mientras se revelaban, es maravilloso para mí, una maravilla y un prodigio tanto como para cualquier otra persona”.(7)

Ambos fueron capaces de dictar coherentemente grandes volúmenes de texto en un breve periodo de tiempo

Pearl Curran

El escrito de La Triste Historia continuó durante veinte meses, Partes de ella fueron dictadas en casi cada sesión con la tabla ouija durante ese periodo. Al principio, los segmentos eran mayormente breves, quizás 500 palabras. A veces menos. Más tarde, se alargaron a 2.000 y 3.000 palabras, y eventualmente, un segmento de 5.000 palabras fue dictado en una noche, con la tabla ouija, agitando letras tan rápido como podían anotar.(8)

Durante un periodo de una o dos semanas cinco sesiones, produjeron 16.000 palabras del libro. En una sesión, 5.800 palabras fueron dictadas, la sesión más productiva hasta ese momento. En dos ocasiones 3.000 palabras fueron dadas en un periodo de nueve minutos.(9)

. . .Por lo que respecta a mi persona, aun me confieso perpleja por la experiencia. Sólo puedo decir que, por lo que respecta a la reputada cooperación entre Pearl Curran y Patience Worth, los datos observables de la actuación excluyeron toda casualidad de conspiración o fraude. La Señora Curran se sentaba delante de la tabla, daba el mensaje tal como salía de la ouija, letra por letra, en una secuencia tan rápida que la manera mecánica de la actuación apenas era milagrosa. Para darse una idea, ella deletreaba en alto consecutivamente algunas páginas impresas a un ritmo constante de 36 palabras por minuto. A menos que tú, también, tengas tu conexión con algún apuntador, yo predigo que en menos de cinco minutos estarás hurgando y trabándote con todas las letras… Ahora, la Señora Curran, sin texto alguno ante ella, no tenía dificultad alguna en proseguir dos o tres horas de un tirón… Esa sorprendente descripción de cinco mil palabras de la crucifixión en La Triste Historia salió de una simple sesión.(10)

Hablar por medio de una tabla de Ouija manejada por Pearl Lenore Curran, un ama de casa de educación limitada de Saint Louis, fue un fenómeno nacional en los primeros años del siglo XX. Además de los siete libros, produjo una gran cantidad de poesía, relatos cortos, obras de teatro y resmas de conversación brillante: casi cuatro millones de palabras entre 1913 y 1937. Algunas noches trabajaba en una novela, un poema o una obra de teatro simultáneamente, alternando su dictado de una a otra sin perder el ritmo. Lo que es extraordinario de este caso es la fluidez, versatilidad, virtud, calidad literaria de los escritos de Patience, los cuales son sin precedentes en la historia de los escritos automáticos por los médiums.(11)

Un poema de 25 líneas le fue requerido; las líneas empezaban con las letras del alfabeto, excepto la 10ª, en el orden debido, el cual fue dictado instantáneamente. Pedí una conversación entre un patán y una doncella en una feria de campo, para que fuera propuesta en prosa arcaica, y un poema en inglés moderno sobre “La estupidez del ateísmo”. Primero un pasaje de uno y luego un pasaje de lo otro, así alternándose hasta el final. Esto me pareció una proeza mental imposible. Pero se hizo tan rápidamente como para gravar al escriba: cuatro pasajes de prosa graciosa rebosante de locuciones arcaicas alternándose con cuatro partes de un poema en inglés moderno de tono idealista y espiritual; y cuando se juntaba cada factor, creaba una pequeña pieza de literatura perfectamente articulada.(12)

José Smith

Las muchas responsabilidades de José a menudo interrumpían el proceso de traducción, a veces durante meses. No obstante una vez que José estaba libre para dedicar todo su esfuerzo a la traducción, la obra siguió adelante y tradujo de ocho a diez páginas al día, completando la preponderancia de la traducción de El Libro de Mormón en aproximadamente sesenta y tres días de trabajo…. ¿Podría alguno de nosotros hoy producir tal obra? ¿Podría un millar de los mejores teólogos y eruditos de lenguas antiguas o antigüedades del mundo escribir un libro similar   divino, transcendental? Ninguna otra persona con educación y capacidad tan limitadas como José ha traducido sin ayuda en tan corto periodo de tiempo de escritos antiguos unas quinientas páginas de texto escritural”.(13)

Ambos fueron capaces de empezar el dictado donde lo habían dejado, de dictar sin material escrito delante de ellos, y ambos tuvieron diferentes escribas.

Pearl Curran

Como en toda su obra, no importaba quien estuviera presente o quien se sentara alrededor de la tabla [ouija] con la señora Curran. Si la reunión era de hombre o mujer, anciana o joven, instruida o iletrada, la velocidad y calidad de la producción eran iguales.

Desde el principio hasta el final, unas 260 personas contribuyeron de esta forma a la composición de esta extraña historia, algunos ayudando a tomar unos pocos de cientos de palabras; algunos, muchos miles de ellas. Partes de la historia fueron tomadas en Nueva York, Boston y Washington. Cada vez que la historia era empezada en el punto donde la obra se había detenido en la reunión anterior, sin un descanso en la continuidad de la narración, sin la más mínima duda y sin la necesidad de una referencia a las palabras finales del capítulo anterior. Estas palabras eran a menudo leídas para el beneficio de los presentes, pero Patience repetidamente demostraba que no se le requería.(14)

José Smith

En una entrevista a su madre, Emma, uno de los hijos de Smith le preguntó una vez,

P: ¿No tenía él un libro o manuscrito del que leyera o dictara?

R: Él ni tenía manuscrito ni libro del que leyera.

P: ¿No podría él haberlo tenido y que usted no lo supiera?

R: Si él hubiera tenido algo así, él no podría habérmelo ocultado.

P: Madre, ¿cuál es su opinión acerca de la autenticidad u origen de El Libro de Mormón?

R: Mi opinión es que el Libro de Mormón es auténticamente divino. No tengo la más ligera duda de ello. Estoy satisfecha de que ningún hombre pudo haber dictado el escrito de los manuscritos a menos que fuera inspirado; pues cuando actué como escriba, tu padre me dictaba hora tras hora; y cuando regresaba después de comer, o tras alguna interrupción, él enseguida empezaba donde lo había dejado, sin ver el manuscrito o tener alguna necesidad de leérselo. Esto era algo que solía hacer. Habría sido improbable que un hombre instruido pudiera hacer esto, y para alguien tan ignorante e indocto tal como él era, era sencillamente imposible.(15)

José Smith tuvo muchos escribas diferentes para transcribir su dictado. Algunos de los escribas fueron Martin Harris (para las 116 páginas), Emma Smith y quizás el hermano de ésta, Reuben Hale. Oliverio Cowdery fue el principal escriba para el libro, tal y como hoy lo sabemos. Otro individuo que puede que haya servido como escriba durante un breve periodo de tiempo es John Whitmer (se ha sugerido que la escritura de un “escriba desconocido” sea atribuida a él).

Ninguno de los dos estaba familiarizado con el periodo histórico del que estaban escribiendo, pero afirmaron haber recibido detalles por intervención “divina”

Pearl Curran

Ella se sienta delante de la tabla ouija como si se sentara delante de una máquina de escribir, y comienza la recepción de comunicación sin más ceremonia que la que una mecanógrafa observaría. La señora Curran no ha tenido experiencia en composición literaria y no ha realizado estudio alguno en literatura antigua o moderna. Ni puede añadirse que haya realizado estudio alguno en la historia, las religiones, o las costumbres sociales del periodo de este relato, ni de la geografía o topografía de las regiones en las que se presenta. Su conocimiento de Palestina y de los comienzos de la religión cristiana no es mayor, y probablemente no menos, que el del comulgante promedio”.(16)

Todo su conocimiento de las cosas materiales parece provenir de asociaciones inglesas. Ella está sorprendentemente familiarizada con los árboles y las flores, los pájaros y las bestias de Inglaterra. Ella conoce los modales y costumbres de su gente tal y como eran hace dos o tres siglos, la gente de los campos o la gente de palacio. Su discurso está lleno de referencias a los muebles, utensilios y artilugios mecánicos de las casas de esa época, y sus prendas de vestir, instrumentos musicales, y herramientas de agricultura y artes mecánicas”.(17)

Será probablemente más que evidente para un lector de este asunto de que, quien quiera, o lo que quiera, que escriba esta poesía o prosa, posee, como ya se da a entender, no solo una mente inusual, sino un conocimiento inusual de las formas arcaicas del inglés, una familiaridad cercana a la naturaleza como si se encontrara en Inglaterra, y una familiaridad con los modos y costumbres de la vida inglesa de un tiempo atrás. Muchas de las palabras utilizadas en las composiciones más tardías, particularmente las de naturaleza dramática, son oscuras formas dialectales que no se pueden encontrar en ninguna obra de literatura. Todos los pájaros y flores y árboles referidos en las comunicaciones son originarios de Inglaterra, con las pocas excepciones que indican algún conocimiento de Nueva Inglaterra.

Nadie que no creciera con el idioma usado podría haber adquirido facilidad en él sin años de paciente estudio. Nadie podría familiarizarse con la naturaleza inglesa sin una larga residencia en Inglaterra: pues el conocimiento revelado no es del carácter que pueda obtenerse de los libros. La señora Curran no ha tenido ninguna de estas experiencias. Ella nunca ha estado en Inglaterra. Sus estudios, desde que dejó la escuela, han sido confinados a la música a cuyo arte está apasionadamente unida, y en la que es experta. Ella nunca ha sido estudiante de literatura, antigua o moderna y nunca ha intentado ninguna forma de obra literaria. Ella no tiene el más mínimo interés en la historia inglesa, la literatura inglesa o la vida inglesa.(18)

El problema del conocimiento, como lo expresó Casper Yost, fue siempre uno de los misterios más desconcertantes del caso de Patience Worth. A principios de 1917 en un artículo de una revista nacional, Yost había señalado otra vez que la Señora Curran nunca había leído nada arcaico, ni libros de literatura inglesa, y su educación no había cubierto este campo. Y además de su conocimiento exhaustivo de la vida y costumbres inglesas, Patience Worth, en su libro más reciente, entra en la Palestina de hace 2.000 años y revela un conocimiento de las minucias de la vida allí que es simplemente asombroso”.(19)

Joseph Smith

Algunas palabras que él no sabía pronunciar, incluso palabras, dijo ella, “como Sarah o Sariah, él las tenía que deletrear”, y ella se las pronunciaba. Cuando él se detenía por cualquier propósito en cualquier momento, cuando comenzaba de nuevo, empezaba donde había parado sin ningún tipo de vacilación, y una vez mientras él estaba traduciendo se detuvo de repente, pálido como una hoja de papel, y dijo: Emma, ¿Jerusalén tenía murallas a su alrededor? Cuando respondí “sí”, él contestó “Oh ¡Temí haber sido engañado!” Él tenía un conocimiento tan limitado de historia en ese tiempo que ni siquiera sabía que Jerusalén estaba rodeada por murallas.(7)

Ambos sobrepasaron la necesidad de objetos físicos

Pearl Curran

Luego, como experimento, pero usando aun la tabla, la Señora Curran por primera vez dictó un poema entero palabra por palabra deletreando simples cartas como ella siempre lo había hecho en el pasado. Desde ese día en adelante, la Señora Curran generalmente dictaba los poemas palabra por palabra. Su velocidad no flaqueaba bajo el nuevo sistema y su marido una vez midió su entrega en 110 palabras por minuto. En ocasiones la Señora Curran comenzaba a recibir un dictado de Patience cuando no estaba sentada frente a la tabla. Una vez, ella estaba en medio de una carta a la Señora Behr cuando, dijo, escuchó a Patience “tenue e insistentemente dictando”, y escribió un poema.

El 12 de febrero de 1920, la tabla ouija fue descartada definitivamente. Se había decidido a arriesgarse a experimentar sin la tabla. Desde este día en adelante no hubo objetos físicos de cualquier tipo sirviendo de intermediario en el caso de Patience Worth. Pearl Curran simplemente veía las imágenes y las palabras en su cabeza y las convocaba como si vinieran de la mano de Patience Worth”.(21)

José Smith

En una reunión del 28 de junio de 1874 dirigida por el Presidente Brigham Young y muchas otras autoridades generales, el Élder Pratt dijo a su audiencia que estuvo “presente muchas veces” cuando José Smith “estaba traduciendo el Nuevo Testamento”. Viendo que no había ningún instrumento interpretativo en uso durante el proceso de traducción, él se preguntó por qué José “no usó el Urim y Thummim, como cuando tradujo el Libro de Mormón”.

Mientras el Élder Pratt observaba al profeta traducir, “José, como si leyera sus pensamientos, elevó la vista y explicó que el Señor la dio el Urm y Thummim cuando él era inexperto en el espíritu de inspiración, Pero ahora él había avanzado tanto que podía comprender las operaciones de ese espíritu sin la ayuda de ese instrumento”.(22)

Pearl Curran

Dejad que un hombre se presente a sí mismo como psíquico si siente que el fundamento firme de su respetabilidad se sacude debajo de sus pies. Puede que él haya alcanzado, por medio de una vida rigurosa una reputación envidiable, pero si una vez él mismo se admite como un instrumento que difiere en cualquier manera de las masas, él se hallará a sí mismo como un personaje sospechoso. La ciencia, con miradas laterales, hablará en secreto de asuntos enrevesados y urgentes relacionando con su nombre tales asociaciones como disociaciones, obsesiones, maldades secretas de todo tipo y manera. Ellos le siguen la corriente al sujeto y escuchan con tolerancia su esfuerzo para demostrarse a sí mismo cuerdo, mientras se arrojan miradas sabias y una sonrisa.

Él encontrará que el mero acto de honestidad, al intentar dar al mundo la verdad, ha abierto la puerta de su alma al ridículo y al abuso. Es mi honesta opinión que la humillación que el mundo ha ofrecido al psíquico ha conservado muchos esplendidos ejemplos de los misterios ocultos de Dios, y hay muchos fenómenos verdaderos y maravillosos que no están revelados o anunciados, por solamente esta razón”.(23)

José Smith

Ningún hombre conoce mi historia, no puedo contarla, nunca me comprometeré, no culpo a nadie por no creer mi historia. Si yo mismo no la hubiera experimentado, ni yo mismo la habría creído”.(24)

Así fue conmigo, yo había visto una luz, y en medio de esa luz vi a dos personajes, y de verdad me hablaron, y aunque fui odiado y perseguido por decir que había visto una visión, sin embargo, era cierto y mientras ellos me perseguían, injuriándome y hablando todo tipo de maldad contra mi falsamente por decir eso, me llevaba a decir en mi corazón. ¿por qué me persiguen por decir la verdad? En realidad, he visto una visión; ¿y quién soy yo para resistirme a Dios?, o ¿por qué el mundo piensa en hacerme negar lo que en realidad he visto? Pues yo había visto una visión; lo sabía, sabía que Dios lo sabía, no podía negarlo, ni me atrevía a hacerlo, al menos sabía que haciéndolo así ofendería a Dios y caería bajo condenación”.(25)

Conclusión

Entonces, ¿fueron las creaciones literarias de José Smith y Pearl Curran productos de mentes creativas e imaginativas, de inspiración divina, o quizás un poco de ambas? Este artículo no trata de criticar los métodos o resultados de lo que José Smith y Pearl dictaron, sino de que sus declaraciones fueron aceptadas tal y como eran. Hay un número de diferencias entre José Smith y Pearl Curran, pero basados en el número de similitudes, ¿puede alguien aceptar una de ellas como inspirada y rechazar a la otra como no inspirada? Si la calidad y velocidad con las que José dictó las palabras del Libro de Mormón son indicadores de inspiración divina y ayuda, ¿puede decirse lo mismo de las obras religiosas de Patience Worth?

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