La verdadera educación del profeta José Smith

Pesquisas Mormonas Episodio 146: La verdadera educación de José Smith
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Una defensa común de José Smith es que el pobre era un granjero ignorante, y con tan poca educación que nunca habría podido escribir el Libro de Mormón. Los apologistas citan las palabras de su primera esposa, Emma, quien dijo, defendiendo la veracidad del trabajo de su esposo, que él “no podía escribir ni dictar una carta coherente y bien redactada, y mucho menos dictar un libro como el Libro de Mormón”. Esto, por supuesto, trata de explicar que el Libro de Mormón debía ser inspirado, porque alguien como José nunca habría podido redactar una obra tan increíble. Esto, por supuesto, ignorando el hecho de que el libro no es tan increíble que digamos, pero continuemos.

Primero que nada, José no era un ignorante. Si bien tenía una educación de tercer grado, o lo que fuera que dicen que tenía, no era una educación inferior a la de la mayoría de sus vecinos. Al comienzo del siglo XIX, cuando José habría ido a la escuela, la participación académica era del 50 % por parte de la población de entre 5 y 19 años (NCES). DuPont de Nemours, el autor de un libro sobre educación en los Estados Unidos publicado en 1812, escribe:

Los Estados Unidos están más avanzados en sus instalaciones educativas que la mayoría de los países.

Tienen un gran número de escuelas primarias; y como sus afecciones paternales protegen a los niños del trabajo en los campos, es posible enviarlos a los maestros de escuela, una condición que no prevalece en Europa.

Si bien la descripción de Nemours hace ver a la educación de este país como infinitamente superior a la de los otros países, el autor aclara de qué se trata esta educación tan maravillosa:

La mayoría de los estadounidenses pueden, por lo tanto, leer, escribir y cifrar. No más de cuatro en mil son incapaces de escribir legiblemente, incluso prolijamente…

Inglaterra, Holanda y los cantones protestantes de Suiza son más similares al enfoque estadounidense, porque en esos países se lee la Biblia; es considerado una obligación leerles a los niños; y de esa forma de religión los sermones y las liturgias en el lenguaje de la gente tiene a aumentar y formular ideas de responsabilidad, controversia, también ha desarrollado argumentación y por lo tanto ha dado lugar al ejercicio de la lógica.

En los Estados Unidos, un gran número de gente lee la Biblia, y toda la gente lee un periódico. Los padres les leen en voz alta a sus hijos, mientras el desayuno es preparado, una tarea que ocupa a las madres por tres cuartos de hora cada mañana. Y como los periódicos de los Estados Unidos están llenos de todo tipo de narrativa… diseminan una cantidad enorme de información. (Daily Koss)

En resumen, el nivel de educación en la época de José Smith era leer, escribir y un poco de matemáticas. Ese era exactamente el nivel de educación del profeta mormón. Según la “Historia del Profeta José Smith” que apareció la revista Improvement Era, José había sido “instruido en lectura, escritura y las reglas básicas de la aritmética”. Además de eso, la familia de José Smith leía la Biblia todo el tiempo, y él había memorizado muchos pasajes, los cuales luego usó en sus discursos. Y, como dice la carta de Nemours de la típica familia estadounidense de la época, la familia de Smith parecía subscribirse a los diarios locales de todos los lugares donde vivían.

…[l]os Smith recibían el [periódico] semanalmente en Palmyra. Orasmus Turner, quien sirvió cinco años como aprendiz de impresor en Palmyra entre 1818 y 1822, recuerda que el joven José venía al pueblo a recoger el periódico de su padre. “Solía venir al pueblo de Palmyra con un poco de madera, de los bosques cerca de su casa; a veces iba a los negocios del pueblo demasiado libremente; a veces encontraba trabajos temporarios en la tienda de Seymour Scovell; y una vez a la semana entraba en la oficina del Palmyra Register a buscar el diario de su padre”.

Después de que se mudaron a su granja en Manchester, la familia Smith se subscribió al Wayne Sentinel, el sucesor del Register y del Herald. Una noticia anunciando el costo de subscripción y la cantidad debida por Joseph padre sugiere que los Smith recibieron el diario por más de dos años. El Sentinel costaba $2,00 al año si era recogido en la oficina. El 11 de agosto de 1826 incluía a “José Smith” entre los subscriptores morosos con una deuda de $5.60. (Marquardt y Walters)

Pero la educación formal de Smith no debería insinuar que era un ignorante. Abraham Lincoln, legendario presidente de los Estados Unidos y uno de los discursantes más emotivos y elocuentes de la historia de este país, tenía una educación formal inferior a la de Smith, habiendo ido a la escuela por solo doce meses. Esto obviamente no le impidió convertirse en un gigante intelectual. Las mujeres en la época de Smith tampoco recibían educaciones formales, incluyendo a escritoras como Louisa May Alcott y Jane Austin, sin embargo, el cuerpo literario de estas mujeres es sorprendente y, podría argüirse, superior a la literatura popular actual escrita por autores con mucha más educación. ¡Incluso Mark Twain, considerado el gran autor americano, no terminó el quinto grado!

De Jane Austin, aprendemos que

la mayoría de su educación fue recibida en privado en su hogar, donde su padre, el reverendo George Austen, suplementaba su ingreso clérigo tomando pupilos como inquilinos. Es probable que las hermanas Austen se beneficiaran de la biblioteca de su padre y de su instrucción informal… Mientras que dos de sus hermanos recibieron títulos de la Universidad de Oxford y otro completó su educación con un gran tour de Europa de cuatro años, Jane Austen y su hermana, como todas las otras mujeres de su tiempo, incluso las de su antecedente social (el señorío y la clase media alta), tenían poca educación formal, no eran admitidas en la universidad o para obtener una carrera, y ninguna oportunidad de viajes independientes. (Sutherland)

Al igual que el padre de Austen, los padres de Smith eran maestros. Según un artículo de la revista oficial de la iglesia,

A pesar de su limitada instrucción, José Smith amaba estudiar y aprender. En parte, había sido influenciado por sus asociados que eran maestros. Su padre una vez enseñó en la escuela. Su abuela maternal, una maestra de escuela, enseñó a su madre los rudimentos de “sumas, escritura a mano y ortografía”. La esposa de José era una maestra, “una mujer de una cultura liberal e insistente en la educación”. Y su escriba principal durante la traducción del Libro de Mormón era el maestro de escuela Oliver Cowdery. (Hartley)

A pesar de las declaraciones de su esposa, y de la afirmación de Oliver Cowdery de que José “podía leer con mucha dificultad y escribir con una letra muy imperfecta”, tenemos algunas de las cartas escritas de su propia mano, y el resultado no es tan “imperfecto”. De hecho, su escritura es bastante compleja, con múltiples ideas en cada párrafo e incluso en cada oración. La siguiente es una carta que el joven profeta escribió

defendiendo la idea de la revelación moderna a su tío Silas, quien vivía en Stockholm, Nueva York… Silas, un presbiteriano en ese tiempo, estaba al tanto de las revelaciones de su sobrino y del Libro de Mormón… La mayoría de los cristianos de esa época creían que el canon de las escrituras estaba cerrado y encontraban la idea de revelaciones canónicas adicionales repugnantes, incluso blasfemas.

Esta carta es un ejemplo primo del argumento mormón a favor de la revelación moderna y continua. En la carta, José Smith referencia libros del Antiguo y del Nuevo Testamento para demostrar que cada era necesita oír la vos de Dios una vez más. (Joseph Smith Papers)

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“Kirlland Mills, Ohio, 26 de septiembre de 1833.

Respetado tío Silas,

“Es con sentimientos de profundo interés por el bienestar de la humanidad, los que llenan mi mente con la reflexión de que todos fueron formados por la mano de Aquel que los llamará para que le den una explicación imparcial de todas sus obras en ese gran día al que usted y yo, junto con ellos, estaremos obligados, tomo mi pluma y me siento en una actitud de dirigirle algunas líneas, aunque imperfectas, para su lectura.

“No tengo ninguna duda de que estará de acuerdo conmigo en que los hombres serán responsables de las cosas que han hecho, y no por las cosas que no han hecho. O que toda la luz e inteligencia que su benéfico Creador les comunique, ya sea mucho o poco, por eso mismo ellos, en justicia, serán juzgados. Y se les exigirá que rindan obediencia y mejoren, y solo eso, lo cual les es dado, porque el hombre no vivirá solo de pan, sino de cada palabra que sale de la boca del Señor.

“Al ver que el Señor nunca le ha dado al mundo a entender, por medio de ninguna revelación hasta ahora, que ha cesado de hablar a sus criaturas para siempre, cuando buscado de una manera apropiada, ¿por qué habría de ser algo increíble que Él esté complacido de hablarles nuevamente en estos últimos días para su salvación? Tal vez le sorprenda esta aseveración, que hable de la salvación de sus criaturas en estos últimos días, ya que tenemos en nuestro poder una gran cantidad de sus palabras, las que Él nos ha dado previamente. Pero admitirá usted que las palabras pronunciadas a Noé no fueron suficientes para Abraham, o no se le exigió a Abraham que abandonara la tierra de su natividad y buscara una herencia en un país extraño por medio de las palabras que se les habían dicho a Noé: Sino que obtuvo promesas para sí mismo de la mano del Señor, y caminó en esa perfección, hasta que fue llamado amigo de Dios. Isaac, la simiente prometida, no estaba obligado a reposar su esperanza solo sobre las promesas hechas a su padre Abraham, sino que fue privilegiado con la seguridad de su aprobación, en la vista del Cielo, por la voz directa del Señor hacia él. Si un hombre puede vivir de las revelaciones dadas a otro, ¿no podría, con propiedad, preguntar por qué la necesidad de que el Señor le hable a Isaac como lo hizo, como está registrado en el capítulo veintiséis de Génesis? Porque el Señor allí repite, o más bien, promete nuevamente cumplir el juramento que había jurado previamente a Abraham; ¿por qué esta repetición a Isaac? ¿Por qué no fue la primera promesa tan segura para Isaac como lo fue para Abraham? ¿No era Isaac el hijo de Abraham, y no podía confiar implícitamente en la veracidad de su padre como un hombre de Dios? Quizás puedas decir que él era un hombre muy peculiar, y diferente de los hombres en estos últimos días; consecuentemente, el Señor lo favoreció con bendiciones peculiares y diferentes, ya que era diferente de los hombres de esta era. Reconozco que era un hombre peculiar, y no solo fue bendecido de manera peculiar, sino que fue bendecido en gran manera. Pero toda la peculiaridad que puedo descubrir en el hombre, o toda la diferencia entre él y los hombres en esta era, es que él era más santo y más perfecto ante Dios y fue a él con un corazón más puro, y con más fe que los hombres de este día.

“Lo mismo podría decirse sobre el sujeto de la historia de Jacob. ¿Por qué fue que el Señor le habló de la misma promesa, después de habérsela hecho una vez a Abraham y renovársela a Isaac? ¿Por qué Jacob no podía estar satisfecho con la palabra que le habían dicho a sus padres? Cuando llegó el tiempo de la promesa de la liberación de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, ¿por qué era necesario que el Señor les hablara? La promesa o mensaje a Abraham fue que su descendencia serviría en la esclavitud y sería afligida por cuatrocientos años, y después de eso saldrían con gran poder. ¿Por qué no confiaron en esta promesa, y cuando habían estado en Egipto, en la esclavitud por cuatrocientos años, salieron, sin esperar más revelaciones, sino que actuaron completamente sobre la promesa dada a Abraham, que deberían salir? ?

“Pablo les dijo a sus hermanos hebreos que Dios podría mostrarles más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, y lo confirmó con un juramento. También los exhorta, a ellos, quienes mediante la fe y la paciencia heredan las promesas.

“A pesar de eso, nosotros (dijo Pablo) hemos huido en busca de refugio para aferrarnos a la esperanza que tenemos ante nosotros, y es a esa esperanza que tenemos como el ancla de nuestras almas, tan segura como firme, y que entra en aquello que está dentro del velo”; sin embargo, él se aseguró de impresionar sobre ellos la necesidad de continuar hasta que ellos, así como aquellos que luego heredaron las promesas, pudieran tener la seguridad de su salvación confirmada por un juramento de la boca de Aquel que no puede mentir; porque ese parecía ser el ejemplo en la antigüedad, y Pablo lo presenta a sus hermanos hebreos como un objeto alcanzable en su día. ¿Y por qué no? Admito que al leer las Escrituras de la verdad, los santos, en los días de Pablo, pudieron aprender, más allá del poder de la contradicción, que Abraham, Isaac y Jacob tenían la promesa de la vida eterna confirmada por un juramento del Señor, pero esa promesa o juramento no era garantía de que ellos serían salvados; pero podrían, siguiendo los pasos, continuar en la fe de sus padres, obtener, para ellos mismos, un juramento de confirmación de que estaban reunidos para ser partícipes de la herencia junto con los Santos en la luz.

“Si los santos, en los días de los apóstoles, tuvieron el privilegio de tomar a los santos como ejemplo, y aferrarse a las mismas promesas, y alcanzar los mismos privilegios exaltados de saber que sus nombres estaban escritos en el Libro de la vida del Cordero, y que fueron sellados allí como un recuerdo perpetuo ante el Altísimo, ¿no tendrán la misma fidelidad, la misma pureza de corazón y la misma fe, la misma seguridad de la vida eterna, y de la misma manera los hijos de los hombres viviendo en esta era del mundo? No tengo ninguna duda de que los santos Profetas, y los Apóstoles, y los Santos en los días antiguos son salvos en el reino de Dios; tampoco dudo que mantuvieron conversación y comunión con él mientras estaban en la carne, como les dijo Pablo a sus hermanos corintios, que el Señor Jesús se había mostrado a más de quinientos Santos al mismo tiempo después de su resurrección. Job dijo que sabía que su Redentor vivía, y que lo vería en carne y hueso en los últimos días. Puedo creer que Enoc caminó con Dios, y por fe fue trasladado. Puedo creer que Noé fue un hombre perfecto en su generación, y que también caminó con Dios. Puedo creer que Abraham se comunicó con Dios, y conversó con los ángeles. Puedo creer que Isaac obtuvo una renovación del pacto hecho a Abraham por la voz directa del Señor. Puedo creer que Jacob conversó con ángeles sagrados, escuchó la palabra de su Creador, que luchó con el ángel hasta que prevaleció y obtuvo una bendición. Puedo creer que Elías fue llevado al cielo en un carro de fuego con caballos ardientes. Puedo creer que los santos vieron al Señor y conversaron con él cara a cara después de su resurrección. Puedo creer que la Iglesia hebrea llegó al monte de Sión, a la ciudad del Dios viviente, la Jerusalén celestial, y a una innumerable compañía de ángeles. Puedo creer que miraron hacia la eternidad y vieron al Juez de todos, y a Jesús, el Mediador del Nuevo Pacto. Pero, ¿me ofrece esto una garantía de que iré a las regiones del día eterno con mis ropas impecables, puras y blancas? O, ¿no debo obtener, por mi propia fe y diligencia en guardar los mandamientos del Señor, una garantía de salvación para mí mismo? ¿Y no tengo el mismo privilegio que los antiguos santos? ¿Y no escuchará el Señor mis oraciones y escuchará mis lamentos tan rápido como lo hizo con los de ellos, si yo llegase a él de la manera en que ellos lo hicieron? O, ¿hace Él acepción de personas?

“Debo ahora cerrar este tema por falta de tiempo; y, puedo decir, con decoro, al comienzo. Estaremos encantados de verlo en Kirtland; y más feliz de que abrace el Nuevo Pacto.

“Sigo siendo

“Afectuosamente suyo,

“JOSÉ SMITH, Jun”.

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Conclusión

Si bien es verdad que la carta es un poco enrevesada y repetitiva, es imposible negar su complejidad, especialmente para alguien que “no podía escribir ni dictar una carta coherente y bien redactada”. Obvia y claramente José no era ningún ignorante, y las afirmaciones de que era tan poco educado es un hombre de paja que evita admitir que tenía el mismo nivel de educación, o más, que el resto de la gente de su época. Según los estándares de hoy, obviamente la educación de Smith es inaceptable, pero tampoco lo son la de Jane Austen, Mark Twain y Abraham Lincoln, y sin embargo sus proezas literarias son muy superiores a las del joven profeta. ¿Debemos considerar que estas personas también fueron inspiradas de Dios, o podemos aceptar que algunas personas nacen con el genio suficiente como para hacer una diferencia inmensa en el mundo, para bien o para mal, sin necesidad de títulos universitarios?

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