Jacinda Ardern: Dejando la iglesia para guiar a la nación

Por Gina Colvin

Este último mes, Nueva Zelanda ha estado en el espacio oscuro y sombrío entre una elección general, la cuenta de los votos y tratos entre coaliciones. Esta noche fue confirmado que el partido New Zealand First ha hecho un trato con el partido New Zealand Labour. Esto significa que después de nueve largos años de tipos en trajes, del surgimiento de una política neoliberal sucia, del aumento de la deuda pública, de índices de desamparados en aumento, de hospitales a los que les cuesta cuidar a los enfermos, y de cuerpos de agua que han sido afectados por restos fecales bovinos, ¡finalmente tenemos a un gobierno de izquierda que está comprometido a cambiar todo eso! (Dedos cruzados.)

Pero si no saben nada sobre la política de Nueva Zelanda, está bien. Lo que es realmente interesante para esta blogger mormona kiwi es que nuestra nueva primera ministra es una ex mormona.

Hace tres años escribí sobre la prometedora carrera política de Jacinda Ardern y la imposibilidad de combinarla con su continua adherencia a la fe mormona. Como muchos antes que ella, Ardern se fue calladamente de la iglesia SUD por problemas con sus políticas sobre los LGBTQ (entre otras cosas), dejando otro espacio vacío en los bancos donde otra mujer mormona talentosa ya no podía sentarse más a causa de lo que Ardern llama “disonancia cognitiva”.

La religión debería refinar nuestra consciencia, no entrar en conflicto con ella. Nuestra fe debería despertarnos lo mejor de las ideas de cómo atender ética y moralmente a las necesidades sociales. Muchos mormones saben lo difícil que es encontrar un balance entre la consciencia personal y la austeridad institucional, una austeridad que ha seguido golpeando desde el púlpito el mismo martillo de la heterosexualidad por demasiados años. Puedo asegurarles a los no mormones que tomar una decisión de seguir la consciencia de uno y dejar el “rebaño” no es cosa fácil.

Ardern pertenece a una familia grande y bien establecida en la iglesia, y admite (como muchos mormones podemos) que su crianza en la iglesia fue feliz. Abandonar la iglesia es inmensamente complicado en el mejor de los casos, pero irse por un asunto de consciencia, cuando la iglesia de uno está absolutamente fuera de lugar con tu profundo sentimiento de lo que está bien y lo que está mal, puede ser insoportable. He oído a Ardern hablar abiertamente sobre su decisión de desafiliarse, e incluso si no estuviera de acuerdo con su decisión (aunque sí lo estoy), estaría bastante segura de que esta es una mujer con una integridad enorme.

Así que, esta noche voy a hacer un bailecito feliz, y nuestra familia está vitoreando camino a la cama, porque Jacinda Ardeen, una joven feminista, socialista, aliada de los LGBTQ, se convirtió en la primera ministra de Nueva Zelanda. Y dudo estar equivocada cuando digo que, si ella hubiera estado en frente de la sociedad de socorro el domingo, es casi seguro que no estaría dirigiendo a nuestro país mañana.

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