Podcast, episodio 142: Las enfermedades mentales de George Albert Smith

Pesquisas Mormonas Episodio 142: Las enfermedades mentales de George Albert Smith
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Gracias a Isra Flores por ayudar a grabar este episodio.

Cuando, en el 2012, la iglesia hizo que el manual de los profetas para ese año fuera la biografía de George Albert Smith, el blog By Common Consent se lamentó de que el manual hubiera perdido la oportunidad de hablar de un tema importantisimo que afecta a mucha gente en todo el mundo: la salud mental del presidente Smith. El artículo dice:

Creo que el comité de currículo de la iglesia se perdió de una tremenda oportunidad con la producción de su manual de estudio para este año. La mayoría conocemos a alguien que ha luchado con enfermedades mentales. Conocemos a alguien, tal vez nosotros mismos, que ha tomado antidepresivo estimulantes, litio, o AAPs. No es un secreto que, en el pasado, líderes y miembros de la iglesia no comprendieron las enfermedades mentales. Pero vivimos en un tiempo en que podemos ver a las enfermedades mentales como un problema biológico, como el cáncer, que necesita ser tratado. Sin embargo, yo creo que mucha gente que sufre de estas enfermedades todavía se sienten estigmatizadas, y algunos todavía piensan que es simplemente una falla emocional o espiritual.

Por lo tanto, es trágico que el nuevo manual no mencione la lucha de toda la vida de George Albert Smith con lo que parece haber sido una forma de depresión crónica y de desorden de ansiedad. En lugar de eso, describe sus problemas de salud y sus años de convalescencia como males estríctamente físicos (lo cual, aunque técnicamente correcto, ofusca el componente mental real de su sufrimiento).

Desafortunadamente, y aunque los documentos primarios son bastante explícitos en el tema, ha habido muy poco escrito sobre el asunto. Una excepción es el artículo del Journal of Mormon History escrito por la profesora de BYU Mary Jane Woodger, intitulado “‘Cheat the Asylum of a Victim’: George Albert Smith’s 1909–12 Breakdown” (O, “‘Estafar al asilo de una víctima’: La crisis nerviosa de George Albert Smith, 1909-1912”). El artículo de Woodger no es un estudio completo de la enfermedad mental de George Albert Smith, y ella es muy conservadora en su análisis, pero es un buen vistazo a la mayor crisis en la vida del entonces élder Smith.

Lo que debería quedar en claro a todos los santos de los últimos días es que uno puede sufrir una enfermedad mental y todavía ser el presidente de la iglesia, sostenido como profeta, vidente y revelador. Los líderes de la iglesia, incluyendo a los oficiales más altos, pueden sufrir, y lo hacen, de estas enfermedades. En conversación casual en las últimas semanas, el entender esto sobre George Albert Smith ha sido tremendamente reconfortante para mucha gente que conozco. ¿No sería maravilloso si todos los que sufren pudieran oír las buenas nuevas?

Este artículo obviamente fue escrito por un miembro fiel de la iglesia, quien reconoce que las enfermedades mentales no son un estigma, sino que son una realidad. Uno puede tener enfermedades mentales, tales como la depresión y la ansiedad, autismo, trastorno obsesivo compulsivo, Trastorno por déficit de atención, etc., y no solamente ser muy espiritual, sino muy exitoso, tal como el sr. Smith.

Es de entenderse que generaciones pasadas vieran a los problemas mentales como algo horrible, ya que gente con estos problemas eran internados, considerados locos, deshechados, etc. La psicología era una pseudo ciencia que se parecía más a la astrología que a la ciencia que es hoy. Entonces, para mi abuelo, el reconocer que necesitaba ir a ver a un psicólogo era semejante a admitir que estaba loco y listo para el manicomio. Pero hoy, cuando la psiquiatría y la neurociencia han hecho pasos agigantados y podemos ver cómo funciona el cerebro en tiempo real, cuando tenemos acceso a medicinas que pueden alterar una porción específica del cerebro sin afectar a las demas, ver a un terapeuta no debería ser tan tabú.

Aunque reconozco que hay una gran diferencia entre un psicólogo y un psiquiatra. Un psiquiatra es un doctor de medicina que puede diagnosticar trastornos mentales y recetar remedios, mientras que un psicólogo es un  terapeuta, alguien con quien uno puede ir y hablar sobre sus problemas. Por eso, es mucho más facil encontrar psicólogos que tienen poco conocimiento de lo que están hablando, ya que es un campo mucho más teórico que la psiquiatría o la neurociencia. Personalmente, cuando tuve mi bacha de ataques de pánico, fui a ver a mi doctor, no a un psicólogo, y ella me refirió a un neuropsiquiatra, quien me hizo un estudio de fondo y me pudo diagnosticar con el problema correcto. Y puedo asegurar que era el problema correcto porque con una pastillita que me recetó al día, nunca más tuve mis ataques de pánico.

Y muchos en el internet, incluyendo a ex amigos que también tienen sus problemas mentales (me lo han admitido personalmente), me dicen que tengo que ver a un psicólogo, porque hablar mal de la iglesia solo puede significar que estoy loco. Gente desde el admin de Cumorah hasta el hibero me han dicho que mi “obsesión” con la iglesia solo puede explicarse como un problema mental, y por lo tanto no soy digno de confianza. El problema es que mi trabajo con pesquisas no es una obsesión, es solo algo más que hago, además de mi trabajo, del tiempo que paso con mi hijo y mi esposa, del tiempo que paso paseando a mis perros, viendo programas de televisión (soy un ávido fan de la televisión moderna, y además de Big Love, no he visto ningún programa de televisión que tenga nada que ver con la iglesia), leyendo mis revistas de ciencia y escuchando de manera casi fanática las noticias. Si quieren decir que estoy obsesionado con algo, es la política, no el mormonismo. Pero sí, voy a admitir que sufro de ansiedad, lo que explica por qué de chico me mordía las uñas hasta hacerlas sangrar, no podía dejar de revisar mis libros de texto hasta memorizarlos por miedo a fallar un examen y por lo tanto quedarme de grado, y lo que produjo que, hace algunos años, cuando mi trabajo en la escuela se hizo excesivo, empecé a tener ataques de pánico. Hoy con la pastilla que tomo ya no me muerdo las uñas, no me obsesiono con tener grados perfectos en la universidad, y, lo mejor de todo, no tengo más ataques de pánico.

Pero si yo no soy creíble porque tengo ansiedad, ¿tenemos que creerle a George Albert Smith porque no solo tenía ansiedad, sino también depresión? Según la Anxiety and Depression Society of America, el 18% de la población nacional sufren de ansiedad, lo que la hace la enfermedad mental más común. Además de eso, el 2.7 % sufre de ataques de pánico (incluyendo a Tony Soprano), casi el 9 % sufre de fobias, el 1 % tiene trastorno obsesivo compulsivo, el 3.5 % sufre de trastorno por estrés postraumático, el 10 % sufre de depresión, y el 6.7 % sufre de desorden de depresión severo, la cual es la principal causa de discapacidad en el país para personas entre 17 y 44 años.

Entonces, si estoy loco por sufrir de ansiedad, no soy el único, y estatísticamente hablando, los que me acusan de esto pueden estar sufriendo de estas cosas ellos mismos, simplemente no quieren aceptarlo.

Y es que aceptar que uno tiene un problema es la parte más importante en el proceso de mejora. Gracias a mi diagnóstico, hoy entiendo por qué estaba siempre tan nervioso en la escuela, nervioso de fallar, nervioso de que nadie me iba a aceptar, etc. Hoy sé que esa era la enfermedad hablando, y no yo.

Lo más triste de todo esto, es que incluso hoy, e incluso entre los profesionales de la salud mental, este estigma todavía existe. Por ejemplo, un profesor de la BYU, un tal Ed Gantt, escribió una respuesta al artículo de Common Conscent que leí anteriormente. En su respuesta, Gantt niega rotundamente que Smith hubiera sufrido de alguna enfermedad mental. A pesar de tener todos los sintomas de la depresión, Gantt dice que no hay forma que el profeta haya tenido la enfermedad, ¡como si eso fuera un insulto! Gantt llega al punto de dudar del nivel del mormonismo del autor de ese artículo, como si aceptar que un profeta pudiera tener una enfermedad mental es cuestión solo de apóstatas. ¿Qué diría si se enterara entonces que todo el mundo sabe que Monson está senil? ¿Diría que la mayoría de los mormones en realidad no son mormones fieles por atreverse a pensar eso?

Pero es mejor si pasamos al artículo del señor Gantt y lo desmenuzamos de esa manera. Es más efectivo y más divertido.

George Albert Smith, La Depresión y Patologización de la Compasión

Recientemente, se publicó un mensaje en By Common Consent que hizo un reconocimiento de la posible enfermedad mental de George Albert Smith. Mi área de tesis escribió una respuesta al mensaje, basándose en una parte de su experiencia en la psicología. Él ha estado de acuerdo en que su respuesta sea publicada aquí. Tenga en cuenta: Éste no es un ensayo maquillado. El Dr. Gantt está, por así decirlo, “hablando directo,” y como tal, sus argumentos no han sido revisados, mezclados, etc. Verdaderamente, esto se lee bastante más como una copia de una de sus lecturas en su aula (donde él simplemente habla lo que le viene a la mente) que cualquiera de sus obras publicadas. Sin más demora, cedo el tiempo a Ed Gantt:

Y esta introducción es necesaria, creo yo, porque el administrador de este blog se da cuenta que Gantt, en este artículo, es repetitivo a más no poder.

Recientemente, un estimado amigo mío publicó un enlace aquí en Facebook hacia una publicación de blog por Jonathan Stapley en By Common Consent, un popular blog mormón. El breve mensaje era sobre la enfermedad mental y la vida y las dificultades del Presidente George Albert Smith. Antes de leer más allá, sería una buena idea que usted viera la publicación. Es muy corto, así que no le quitará mucho tiempo.

Es verdad. El artículo original en inglés tiene 361 palabras. La respuesta de Gantt tiene casi 4.000. Hablando de obsesiones patológicas…

Bien, quizá no hay ni que decirlo, al menos para aquellos que me conocen, estaba bastante menos que impresionado por la publicación de Shapley, encontrándola engañosa (aunque quizá no intencionalmente) de muchas maneras.  En un principio sólo iba a dejar todo esto pasar.   Como profesor de psicología, encuentro cosas como esto constantemente y desde hace mucho tiempo aprendí que no puedo responder a todo lo que sea engañoso y me moleste, no tengo el tiempo ni la energía. Yo tampoco era un entusiasta de tomar una postura controversial en un tema de significado profundo y que le afecte de manera cercana a un estimado amigo por miedo a tal vez ofenderlo. Sin embargo, cuando algunos otros amigos me preguntaron lo que pensaba acerca de la publicación, y cuando noté la respuesta adulatoria en general hacia la publicación en la sección de comentarios del blog, decidí que tenía que poner por escrito algunos pensamientos y al menos que constara en los registros como una muy extenuantemente desaprobación a los reclamos que Stapley hacía.

Por favor tenga en cuenta que lo que sigue no es de ninguna manera un análisis exhaustivo – hay varios asuntos adicionales que podrían ser tratados y que opté por saltarme. Ni es esto tan estudioso como probablemente debería ser – que podría hacer, debido al costo de aumentar la inaccesibilidad al lector no especializado y al costo del considerable tiempo que actualmente no tengo.

Hay, por lo que veo, un par de problemas claves en la publicación que necesitan ser tratados.

Primero, en la evidencia medianamente carente de solidez, el autor (Jonathan Stapley) está volviendo a leer en la vida del Presidente Smith un desorden cuyos criterios de diagnósticos son a menudo tan expansivos e imprecisos (a propósito de esto – pero ese es un punto cínico diferente que no haré aquí) que es fácil de verlo dondequiera que alguien quiere verlo. Este tipo de cosas es algo semejante para esos activistas homosexuales que tienen el deseo de afirmar que Abraham Lincoln fue homosexual porque él ocasionalmente compartió una cama con otros hombres (algo que era, a propósito, común en su tiempo) y porque él no siempre se llevaba a las mil maravillas con su esposa. Si usted quiere que la homosexualidad sea generalizada, entonces usted la puede encontrar en donde sea que mire – no importa cuán injustificadas sean las conclusiones. Lo mismo pasa con las enfermedades mentales.

Aquí hay un par de problemas. Primero, Gantt está llamando a Stapley “engañoso”, aunque después lo suavisa diciendo que “tal vez no lo sea a propósito”. Stapley no es quien afirmó que Smith sufría de depresión, sino la familia misma de Smith.

El nieto de Smith, George Albert Smith V sugirió que su abuelo sufría de depresion, que se sentía incompetente y a menudo abrumado por su trabajo. Habían momentos cuando “no podía actuar normal bajo la presión”. Otra nieta, Shauna Lucy Stewart Larsen, quien vivió en la casa de su abuelo por doce años, recuerda que “cuando había un estrés de tipo emocional muy grave y tremendo, lo atacaba tan fuerte que no podía salir de la cama por días”. Su nieto Robert Murray Stewart recuerda “Habían problemas asociados con su salud mental, manteniendo control de sí mismo”. (Woodger 124)

El 19 de abril de este año, la revista de la iglesia LDS Living, publicó un artículo, el cual era un resumen de un programa del Mormon Channel, el canal oficial de la iglesia, titulado “Profetas y apóstoles comparten sus experiencias con enfermedades mentales”, en el que reconoce que George Albert Smith sufría de depresión, que la madre de Dalin H. Oaks sufría de ansiedad severa y Holland tuvo sus experiencias con depresión.

Segundo, el hecho de que Gantt viera la necesidad de atacar a los activistas homosxuales no solamente demuestra sus prejuicios, sino su falta de profesionalismo y, honestamente, de lógica. No hace falta andar buscando enfermedades mentales por todas partes para reconocer que Smith sufría de depresión. Eso habla, además, de sus propias inseguridades.

De cualquier manera, lo que el artículo al que Stapley hace referencia en realidad muestra – aunque en realidad casi nadie lo leerá porque sólo tomarán literalmente la interpretación de Stapley – es que George Albert Smith no fue nunca un individuo físicamente robusto, muy enfermizo y tuvo muchos problemas médicos de una naturaleza persistente, frustrante, y extenuante. Sin embargo, él fue también un hombre muy energético y activo que tomó su apostolado y familia y deberes comunitarios muy seriamente y frecuentemente trabajaba de más – así exacerbando sus enfermedades físicas. Su esposa también padeció de numerosos problemas físicos y necesitaba de mucha ayuda de la familia, algo que su marido rara vez podía proveer debido a sus extensos viajes y otros deberes. Esto fue, de manera poco sorprendente, algo de cuál él a menudo se sintió preocupado por su incapacidad para proveer la clase apoyo presencial que él sentía ella necesitaba y del cual él era responsable. Adicionalmente, la autora de Journal of Mormon History (Mary Jane Woodger) menciona que George Albert era “Bien conocido por su sensibilidad y compasión, él con demasiada facilidad tomaba las cargas de otros. En una ocasión él le confió a un presidente de estaca, ‘Aún cuando las cosas son normales mis nervios no son muy fuertes, y cuando veo a las otras personas con pesar o deprimidos soy fácilmente afectado.’”

Entonces, lo que tenemos es un hombre sobrecargado, poseyendo un profundo sentido de obligación pero no el suficiente tiempo o salud física para cumplir con sus obligaciones tal como él siente que debería, quien también tiene una naturaleza profundamente compasiva, y así, agudamente siente los dolores y pesares de otros. Que su energía señalaría a veces, incluso aún por largos periodos, que él a menudo estaría triste, pensativo, frustrado y emotivamente exhausto no es una sorpresa. Sin embargo, precipitadamente diagnosticar al hombre como alguien depresivo con una enfermedad mental es realizar un salto serio que muy probablemente malentiende tanto al hombre como el desorden. Si George Albert Smith estuviera aquejado de la enfermedad mental de depresión, entonces también lo estaba Jesucristo y muchas otras personas grandes y compasivas. Solo porque uno sea un pobre hombre de aflicciones no quiere decir que uno es un depresivo.

Este es un buen punto. Si el problema de Smith no es que sufría de depresión sino que era muy compasivo, entonces, ¿por qué no tenemos relatos de otros profetas que terminaron en cama por días, o del mismo Jesucristo, con quien compara a Smith? ¿Por qué no tenemos evidencia escrita de sus parientes diciendo que estos hombres sufrían de depresión?

De nuevo, la obtusa negativa de Gantt de reconocer los problemas de Smith solo parecen acentuar sus propias inseguridades, especialmente después de que la iglesia, por medios oficiales, reconoció la enfermedad del profeta.

Al final, es demasiado regresar hacia atrás en diagnósticos psico-históricos para atribuirle los problemas del Elder Smith como “depresión clínica.” Solo porque su caso puede parecerse a la depresión clínica moderna desde 30,000 pies (por así decirlo) y desde un siglo a posteriori, no quiere decir que fuera lo mismo del todo. De hecho, el mismo artículo de la publicación menciona: “Por supuesto, el diagnóstico se vuelve progresivamente turbio e incierto, mientras más va uno hacia atrás” (p. 127).

Es verdad, pero no estamos asumiendo nada, ¡estamos analizando las palabras de su misma familia! No estamos viéndolo desde arriba, desde 30.000 pies, ¡estamos analizándolo del punto de vista de la gente que estuvo alrededor de él por años!

Interesantemente, el autor del artículo de la publicación de “la anomalía” del Presidente Smith pasa la mayor parte del artículo citando las opiniones de médicos contemporáneas sobre las dolencias físicas del apóstol. Éste es un asunto muy difícil y debe ser emprendido con cautela considerable y bastantes salvedades. Cuando Woodger menciona las dimensiones mentales del caso del apóstol, ella se refiere primero a un médico de la sala de emergencias (Dr. Kirk Gilmore) para el diagnóstico de depresión. Sin embargo, aun más interesante, Woodger manifiesta que mientras el médico citado está seguro de que George Albert experimentó depresión, “él se inclina por verla como ‘depresión secundaria’ causada por su prolongada ‘enfermedad crónica’ y complicada por su ‘frágil constitución’ y su exceso de sensibilidad a estar a dieta” (p. 128). Además, ella escribe que el Dr. Gilmore “descarta ‘enfermedad emocional o mental’ porque George Albert ‘no era irracional, con alucinaciones, ni engañoso” (p. 128). ¡Sí, está leyendo bien! El autor al que Stapley se refiere en su publicación del blog como evidencia de que George Albert Smith sufría de depresión de hecho sostiene exactamente lo contrario.

Me sorprende que un supuesto profesional de la salud sea tan ignorante. No todas las depresiones son causadas por lo mismo. En algunos casos, es biológico, en algunos casos, como el de Holland, es producto de presión emocional o mental. Además, incluso si fuera algo biológico, no es verdad que puede causar alucinaciones. Eso sería un caso extremadamente severo que puede venir de causas biológicas o emocionales. Una cosa no quita la otra.

Algunas páginas más adelante en el artículo, Woodger menciona que la valoración del psicólogo clínico Ford McBride, quien sugiere que “George Albert pudo haber experimentado un ataque de pánico o una depresión mayor” (p. 130). Ese es un bastante grande “pudo haber”– pero no es sorprendente viniendo de un psicólogo clínico cuando se dice que al psicólogo se le ha pedido sugerir un posible diagnóstico de una persona que vivió un siglo atrás y acerca de cuyo caso particular tenemos relativamente información limitada. Además, la explicación de las ansiedades de George Albert por el Dr. McBride en términos de la presencia causal de una situación “de conflicto” (p.e., mientras más duro trabajaba, más se enfermaba, pero mientras más descansaba, menos trabajo podía hacer y entonces se sentía más culpable de no haber realizado el trabajo) es en realidad pseudocientífico y circular. En resumen, la explicación del conflicto opina que nuestras ansiedades aumentan cuando nos encontramos en situaciones que aumentan la ansiedad. ¿Cómo, uno se podría preguntar, se puede saber que una persona está en una situación de aumento de ansiedad del tipo de conflicto? Bueno, si la ansiedad de esa persona está aumentando sería la respuesta. ¿Ve la circularidad?

Me da gracia que Gantt diga que McBride, un psicólogo clínico, sea “pseudo científico”, cuando él, un psicólogo, nunca estudió medicina y se basa 100 % exclusivamente en teorías abstractas. Además, el hecho de que la depresión sea circular no es culpa de McBride, es producto de la enfermedad. Por supuesto que si estoy deprimido, y esa depresión me echa en cama por días, voy a sentirme mal por no haber hecho mi trabajo, lo cual me va a llevar a sentirme más deprimido. Eso no solo es lógico, sino que casi todo el mundo lo ha experimentado en un nivel u otro.

Así que después de leer cuidadosamente el artículo de Woodger, así como también haber estudiado la vida y pruebas de George Albert Smith en alguna profundidad, diría que lo que realmente estaríamos viendo aquí es a una persona que estaba entristecida y frustrada por incapacidad demasiado frecuente, traída por la debilidad física y las enfermedades persistentes, para realizar los deberes y las responsabilidades que él sentía que debía realizar. Acompañado con una profunda sensibilidad por las necesidades y los sufrimientos de otros, esto a menudo le dejaba sintiéndose triste, inadecuado y preocupado. Algo que no es, sin embargo, la depresión como se entiende en los círculos psiquiátricos o psicológicos hoy en día. En lugar de ser evidencia de una patología de cualquier tipo, es una maravillosa prueba de normalidad, sensibilidad espiritual y bondad básica. Es bueno cuando no medicinamos a las personas por tales cosas. Tengo miedo del día cuando la compasión sea reducida a la patología.

¿Estar echado en cama por días es prueba de normalidad? ¿De qué habla este hombre? Además, dice que las debilidades físicas de Smith lo debilitaban emocionalmente, pero en un párrafos más arriba se queja porque Woodger dice que Smith era débil físicamente. ¿En qué quedamos?

Ahora, sobre mi segunda, preocupación más filosófica de la publicación: La aseveración demasiado llena de seguridad del autor de que “vivimos en una época donde todos podemos ver de manera segura la enfermedad mental como un problema biológico, como el cáncer, que necesita ser tratado.” Aunque es ofrecido como una declaración de hechos, tal reclamo no es, de hecho, un hecho, sino en realidad es una aseveración altamente controversial para la cual solamente hay una buena evidencia si usted primero asume que es verdadera la misma cosa que usted está aseverando que es verdadera. Es decir, sólo si usted primero asume que (tal como otros tantos en la psicología contemporánea y medicina lo hacen) esos acontecimientos psicológicos son en realidad sólo biológicos en naturaleza y entonces usted asegura que las enfermedades mentales son problemas primordialmente biológicos. La falta de lógica del razonamiento debería ser obvia. Ese, sin embargo, no es el problema más serio aquí. El problema más serio es la noción de que la biología da razón a la psicología. Cuando uno asume que los acontecimientos psicológicos anormales o los estados son en realidad simplemente los productos o manifestaciones de estados o acontecimientos biológicos, entonces uno también igualmente debe asumir que los acontecimientos psicológicos normales o los estados son en realidad los productos o manifestaciones de estados o acontecimientos biológicos. Y, así, en una orden realmente breve usted ha descartado la realidad de la agencia humana, moralidad y significado. Después de todo, si uno no es responsable en alguna forma significativa por los sentimientos y pensamientos depresivos de uno y porque son el resultado de causas biológicas no racionales que son mecánicas y deterministas en naturaleza, y sobre las cuales no puede ejercer control, entonces uno tampoco es responsable en alguna forma significativa por los sentimientos y pensamientos no depresivos de uno porque ellos también deben ser el resultado de causas biológicas no racionales que son mecánicas y deterministas en naturaleza, y sobre las cuales no puede ejercer control. Entonces, por ejemplo, si siento que todos a los que amo realmente me odian y están molestos por mi culpa, y esos sentimientos y pensamientos son simplemente en realidad el producto de estados subyacentes del cerebro o alguna disfunción en la neuroquímica, entonces el sentir que todo el mundo que amo también me ama de verdad es también realmente el producto de estar bajo estados subyacentes del cerebro o alguna disfunción en la neuroquímica. Y, de ser así (en ambas instancias), entonces ninguno de esos tipos de pensamientos o sentimientos realmente reflejan cómo son las cosas realmente – simplemente reflejan algo que mi cerebro resulta estar realizando, como series de pensamientos y sentimientos que parecen estar creando para mí.

Y aquí es donde el artículo de Gantt pasa de ser ignorante a ser peligroso. Según Gantt, el pensar que las enfermedades mentales son biológicas es una opinión simplemente filosófica. No, no, no, no. Hoy uno puede meter a una persona en un escaner, y ver en tiempo real cómo el cerebro se ilumina en ciertas partes, o no. Los neurocientíficos saben, sin lugar a dudas, que las enfermedades mentales tienen su origen biológico y, en muchos casos, genético, es decir, pasan de un padre o madre a un hijo o hija. Este hombre se ha quedado en el pasado, discutiendo filosofías que pueden resolverse en media hora en un laboratorio.

Por otra parte, este hombre dice que los hombres son cien por ciento responsables por sus acciones, y el culpar nuestros hechos, e incluso nuestras emociones, a nuestra biología, es una excusa, ignora el hecho de que cuando alguien toma una pastilla puede pasar de ser una persona paranoica a ser una persona “normal”. Que alguien puede tomar una droga que puede hacernos más sociales, y que, al dejar de tomarla, uno siente que nadie lo quiere, etc. Estas cosas y estos problemas son reales, y las curas, por más imperfectas que todavía sean, son iguales de reales.

Tengo una conocida que sufre de autismo, y tal vez lo sabían, pero a las personas autistas les cuesta creer en Dios, y me dijo que dependiendo de la medicina que tome, o se siente super espiritual, con una necesidad urgente de orar y creer en Dios, o tiene una apatía absoluta hacia lo religioso, y en momentos le cuesta siquiera pensar que Dios existe. ¿Cómo podría ser que alguien que cree tan intensamente un momento decida que todo es falso al siguiente si nuestra biología realmente no tuviera ninguna influencia en nuestros pensamientos?

Así que, entonces, uno bien podría preguntar: ¿Cuál es el estado que mi vida social, psicológica y emocional tiene realmente?  Respuesta: Ilusión. Nada de lo que sentimos o pensamos es real o verdaderamente refleja las relaciones reales, significados o nuestro involucramiento participativo activo en el mundo. Más bien, todas nuestras percepciones de tales cosas son meramente el subproducto de las operaciones subyacentes de la carne y los productos químicos que en cierta forma son lo suficientemente complicados y poderosos para producirse en mí. Si mi pensamiento de que Dios debe odiarme es en realidad simplemente un síntoma depresivo causado por algunas acciones de neurotransmisores o ausencias en el sistema límbico de mi cerebro, entonces el pensamiento de que Dios me ama y ha contestado mis oraciones es también simplemente un síntoma no depresivo traído por algunos neurotransmisores o ausencias en el sistema límbico de mi cerebro. ¿Dios realmente me ama o me odia? ¿Quién sabe? De cualquier manera realmente no tiene importancia porque sus pensamientos y sentimientos – cualquiera que los pensamientos y sentimientos de Dios pudieran ser – son simplemente para usted determinados por su condición biológica subyacente.

Exacto. Y esto puede demostrarse incluso con la experiencia de miembros fieles de la iglesia. ¿Quién, en un momento de depresion, estrés, o simple tristeza, no siente que está solo en el universo? ¿Es realmente decisión nuestra cómo nos sentimos? ¿Realmente podemos controlar nuestras emociones? ¿O puede que sea producto de los químicos en nuestros cerebros?

Me interesó ver que el escrito de la publicación hace mención del famoso sueño de George Albert Smith en el cual él conoció a su abuelo muerto desde hace mucho tiempo, quien le preguntó: “Me gustaría saber lo que has hecho con mi nombre.” La mayoría de los SUD que están familiarizados con la historia saben que George Albert respondió: “Nunca he hecho nada con su nombre de lo cual pueda estar avergonzado.”Ahora, en el artículo, Woodger –como un supuesto Santo de los Últimos Días – toma este sueño literalmente y de ninguna manera trata de explicarlo en términos de la biología o la psicopatología. Sin embargo, el sueño le ocurrió a George Albert en 1909, en medio de uno de sus “reiterados periodos de desasosiego” (p. 140). Las contemporáneas explicaciones médicas y psicológicas probablemente aseverarían que el sueño era ya sea (1) disparates generados por el tiroteo aleatorio de sinapsis durante el sueño o (2) sintomático de la depresión del hombre (debido a su obsesión patológica con considerarse ser un buen hombre, obediente, responsable y digno). Al final, sin embargo, realmente no tiene importancia cuál explicación es ofrecida aquí, las dos reducen el sueño, su contenido y realidad de la revelación a nada, los subproductos sin sentido de funciones subyacentes del cerebro. El Elder Smith no conoció a nadie, no vio nada, no recibió ninguna revelación en absoluto, sobre este modelo. Más bien, él simplemente interpretó un poquito del sueño cerebral soñando que era simplemente el producto del funcionamiento normal del cerebro durante el curso del dormir o el subproducto de una condición biológicamente basada e inducida y depresiva.

Mientras el autor de la publicación – y probablemente Stapley no lo haría tampoco – no interpreta el sueño en ninguna de estas formas, el no hacerlo simplemente refleja arbitrariedad e inconsistencia intelectual. Si el cerebro es la fuente de nuestros pensamientos y sentimientos y sueño y desordenes – entonces este poderoso sueño del Elder Smith de hecho no tiene sentido. Recuerdo la respuesta inicial de Ebenezer Scrooge a la visita de sus anteriores socios comerciales Jacob y Robert Marley. Al principio Scrooge se rehúsa a creer en lo que ve cuando los dos fantasmas aparecen, tomándolos por alucinaciones o una pesadilla, explicándolas al sugerir: “Usted puede ser un pedacito indigesto de carne roja, una mancha de mostaza, una migaja de queso, un pedazo de papa cruda. ¡Hay más de salsa que de tumba acerca de usted, cualquier cosa que usted sea!” Si la historia biológica de nuestra psicología es, de hecho, la manera en que las cosas lo son – como sugiere Stapley, entonces la visión de noche de su amado abuelo de George Albert Smith tenía “más de salsa que de tumba” acerca de ella. Usted simplemente no puede contar con ambas alternativas. O nuestra biología es la fuente de nuestros pensamientos y sentimientos, sueños y desordenes o tales cosas son mejor tomados en consideración en alguna otra forma. Usted no puede reclamar con una consistencia lógica que nuestro cerebro SÓLO causa nuestros sentimientos y pensamientos perturbados y que algo diferente es la fuente de todos los pensamientos y sentimientos que encontramos aceptables. Después de todo, ¿cómo un cerebro sabría cómo señalar la diferencia y decidir cuál es cuál, cuál es normal y socialmente aceptable y cuál es patológico?

¿Y ahora Gantt se queja de que Woodger no sobreanaliza a Smith? Si lo analiza, se queja. Si no lo analiza, se queja. ¡Nada le viene bien a este hombre! Además, Gantt está poniendo palabras en la boca de Woodger. ¡Ella nunca afirmó ninguna de las cosas de las que Gantt la está culpando!

Por supuesto, esto no debería ser interpretado como que el cerebro y el funcionamiento del cerebro, especialmente el disfuncionamiento, no tienen ningún papel o no tienen consecuencias en nuestra vida psicológica y emocional. Los cerebros que no están funcionando bien, o que están dañados en algún modo, de hecho contribuyen a nuestras experiencias y a las de otros. Los cerebros, sin embargo, en lugar de ser las causas de nuestros pensamientos y sentimientos, son mejor considerados como dando el contexto y restricción en tales cosas. Es decir, si mi cerebro no está funcionando correctamente, habrá restricciones en mis capacidades y consecuencias para mis experiencias. Una consecuencia o una restricción no es, sin embargo, lo mismo que una causa. De hecho, es exactamente lo contrario. Por ejemplo, si mis rodillas están rotas, no puedo jugar hockey sobre hielo – o, al menos, no lo puedo jugar bien. Las rodillas son una condición necesaria para jugar hockey sobre hielo y una consecuencia de tener rodillas dañadas es una incapacidad para hacer algo que de otra manera podría hacer (p.e., jugar hockey).

Los cerebros son casi lo mismo a este respecto. Si mi actividad de serotonina es muy baja, o carezco de los niveles requeridos de producción de hormona en mis sistemas nerviosos centrales y periféricos, entonces voy a sufrir mucho siendo extáticamente jovial o energético, o incluso sólo “sentirse normal.” No tendré la energía básica para hacer o experimentar tales cosas.  Eso, sin embargo, no quiere decir que mi letargo y mis sentimientos de estar muy deprimido son causados por mis niveles de serotonina. Más bien, mis niveles de serotonina y la falta de producción correcta de hormona conducen a un malestar físico general que tiendo a interpretar o entender como tristeza o fatiga. Y, si tales cosas continúan lo suficiente, bien podría empezar a comprender mi situación en términos de la depresión. Incluso podría cansarme tanto de sentir en la manera en que lo hago que empezaría a contemplar el suicidio. Sin embargo, en ningún punto mi cerebro o mis hormonas o mis neurotransmisores me hicieron pensar o sentir ningún pensamiento o sentimiento particular. Fue, más bien, mi propia participación activa en mis propias experiencias lo que causó mi forma suicida de pensar y mi sufrimiento depresivo.

Ahora, esto no quiere decir, por supuesto, que mi interpretación fue formada fuera de “la tela entera” o son disparates “meramente subjetivos” que sólo estoy haciendo. Mi interpretación de mí mismo, mis experiencias y relaciones son muy reales y están ocurriendo en el contexto de mi (quizá disfuncional) personificación. No obstante, sea como fuere, en ningún punto es lógicamente justificado afirmar que mi cerebro es la causa de mis pensamientos y sentimientos. Es, sin embargo, realmente justificable decir que como un agente moral personificado estoy activamente haciéndome cargo y dando sentido a mi experiencia –experiencia que tiene un contexto biológico profundo y muy real.

Todo esto es una ensalada de palabras que trata de decir que la biología puede afectar nuestros pensamientos, pero no tanto. Si al final de nuestra depresión tenemos un pensamiento suicida, es absolutamente culpa nuestra, es nuestra elección, y por lo tanto nosotros somos responsables por nuestra propia depresión.

Terrible, ¿no? ¿Se imaginan estar deprimido, ir a un terapeuta, y que el les diga que sus sentimientos son culpa suya?

En este punto, pienso que es absolutamente central manifestar tan enfáticamente como sea posible que el objetar a una cuenta biológicamente reduccionista y determinista de estados o acontecimientos psicológicos, como la depresión, de ninguna manera estoy sugiriendo que el cerebro no tiene importancia o no está involucrado en tales cosas. Con toda seguridad lo hace y con toda seguridad lo está. (Me disculpo si estoy siendo ligeramente redundante aquí, pero tantas veces he sido innecesariamente incomprendido que quiero ser muy claro – incluso al costo de ser algo repetitivo.) Mi preocupación es que la publicación de Stapley en el blog repite las suposiciones demasiado confiadas de medicina contemporánea, psicología y naturalismo científico sugiriendo que las explicaciones biológicas de fenómenos psicológicos, como la depresión, son suficientes en naturaleza – es decir, que uno sólo necesita apelar a la biología para ofrecer una explicación completa de la enfermedad mental y nada más importa. Éste, sin embargo, es razonamiento seriamente defectuoso – aunque frecuente. Yo sostendría la opinión de que la biología tiene importancia para nuestras vidas psicológicas, sociales y de relaciones, pero no exclusivamente. Es decir, la biología es una condición necesaria para la vida psicológica –normal y anormal – pero no es suficiente como para explicar esa vida.

Y aquí vemos que Gantt no solamente está molesto con Stapley por su blog, sino con la medicina contemporánea y el naturalismo científico. Este hombre llegó a un punto en el que pareciera estar tirándose los pelos, rodeado de su propia caca, gritando “¡el gobierno nos quiere matar a todos!” Y todo porque la ciencia no concuerda con sus conclusiones.

Un ejemplo rápido para ilustrar mi punto: El ojo humano es absolutamente necesario para la visión. Sin el ojo, uno simplemente no puede ver cosa alguna. Esto no quiere decir, sin embargo, que el ojo es la causa o fuente de la visión. Los ojos no nos hacen ver cosas, pero sin embargo son absolutamente requeridos para que nosotros veamos cualquier cosa que sea. Sólo porque usted tiene ojos que funcionan bien no quiere decir que usted pueda ver algo –por ejemplo, usted podría tener ceguera originada en un nervio óptico disfuncional. Pero si usted puede ver algo, entonces usted debe tener ojos que funcionan bien para hacer eso. De modo semejante, entonces, el cerebro de uno no causa una percepción suicida o de ser inútil (o, respecto a eso, extáticamente feliz al regreso de un ser querido que ha estado ausente por largo tiempo). No obstante, uno necesita tener un cerebro funcionando para sentir una tendencia suicida o de ser inútil, o para sentir cualquier cosa. El cerebro tiene importancia en formas profundas e intensas, sólo que no tienen tanta importancia como la ciencia contemporánea, cultura y psicología piensan que lo hace (p.e., como agentes causales primarios).

Un punto más que necesita también ser enfáticamente indicado aquí a fin de evitar otro malentendido común: Argumentando a favor del papel central e inescapable que el órgano moral juega en toda existencia humana, en los casos de las llamadas “enfermedades mentales” y de otra manera, no es lo mismo que aseverar que la depresión aguda es sólo cuestión de elección consciente, deliberada – como si uno pudiera dejar de sentir una tendencia suicida al conscientemente encender el “interruptor de felicidad.” El decir que uno se ha envuelto activa y participativamente en la construcción de nuestra propia vida depresiva y experiencias no es decir que uno simplemente estuviera caminando calle abajo un día y después de sopesar cuidadosamente los costos y beneficios en una manera racional, ha optado por sentirse miserable. Asimismo, es raro el caso en el que uno simplemente opta por la felicidad y normalidad en un momento de elección libre y racional entre alternativas. La historia es obviamente mucho más complicada y multifacética que eso.

No obstante, la agencia y la responsabilidad, así como también el significado y la moralidad, juegan un papel clave en nuestra voz activa, interpretaciones de nuestro mundo, de nosotros mismos, nuestros cuerpos y nuestras relaciones.  Además, nuestras capacidades como agentes morales no están separadas de o en competencia con nuestros atributos meramente físicos y personales.  Más bien, ser un agente moral es ser una persona – y los cuerpos tienen consecuencias.  Decir que (1) los seres humanos son fundamentalmente agentes morales capaces de elegir, así como que también activamente participan y constituyen sus mundos de significados y experiencias Y que (2) el cerebro no es la causa de nuestra agencia, pensamientos, sentimientos o psicopatologías NO ES decir que el cuerpo es irrelevante para nuestra agencia o que nuestra habilidad para racionalmente deliberar y escoger siempre impera soberanamente sobre las condiciones de nuestra persona.  La agencia moral, intrincadamente entretejida con la personalidad, cultura e historia, son claramente cuestión de bastante más que simplemente la capacidad cognitiva de elegir entre una lista de alternativas de estilo de vida abstractamente presentadas a nuestro intelecto como una serie de opciones en un menú chino.

Esta es la parte donde la cosa se pone complicada. Aquí Gantt claramente dice que el cerebro no es el que produce nuestros pensamientos. Es nuestra libertad de acción, nuestro intelecto, nuestra moralidad, lo que hacen que nos sintamos como nos sentimos. Pero, si el cerebro no produce estas cosas, ¿qué lo hace? Y aquí es donde pasamos del campo de lo científico al campo de lo metafísico. Obviamente Gantt, sin decirlo, se está refiriendo al espíritu, a algo externo al cuerpo.

Cualquier creyente en este momento va a estar en el campo de Gantt, el problema es que aquí es donde su mensaje se vuelve realmente peligroso. Porque, si yo me siento mal, deprimido, suicida, entonces no es mi cerebro el que me hace sentir así, porque mi espíritu está por encima del cerebro, y yo supuestamente tengo control total de mi espíritu. Entonces, si me siento suicida, no es culpa de un cerebro lleno de todos los químicos incorrectos, sino que es mi decisión personal. Es culpa mía. Por lo tanto, además de sentirme depresivo, ahora me siento mal por sentirme depresivo, porque después de todo es algo que yo, de funcionar bien, debería poder controlar. El resultado es que ahora estoy más deprimido que antes.

¿Se entiende entonces por qué los antidepresivos y los suicidios son más comunes entre los mormones que entre otras comunidades?

Dados los dos requisitos anteriormente citados, es momento de un requisito final: Criticar las causas biológicas de la enfermedad mental y sostener la opinión de que una comprensión de la agencia humana es vital para cualquier comprensión viable de la naturaleza humana, normalidad, y/o psicopatología, no quiere decir que piense que las personas que han estado gravemente (o incluso marginalmente) deprimidas “lo están fingiendo” en alguna forma o que realmente no están experimentando experiencias emocionales, psicológicas, físicas y de relaciones dolorosas y poderosas. Es perfectamente permisible aceptar las experiencias reales de las personas sin tener que adoptar cualquiera que sea la explicación indefensible de esas experiencias que resultan de pasar por la verdad científica. Las teorías que tendemos a generar en medicina y psicología, especialmente estando informado por una cosmovisión naturalista, son altamente objetables, a menudo patentemente falsas y engañosas. Aquellos que sufren, sin embargo, son nuestros hermanos y hermanas y merecen nuestro respeto y nuestra comprensión más compasiva. Por supuesto, sólo merecen ese respeto y compasión porque son mucho más que su cerebro, son seres eternos que son literalmente la descendencia de un Padre Celestial que ha impregnado a cada uno de ellos con agencia moral y les ha dado a un mundo de significado moral, profundidad de relaciones y el propósito espiritual en el cual realizarse a sí mismos como su descendencia. No tengo duda que el Presidente George Albert Smith habría estado de acuerdo incondicionalmente con este sentimiento. No estoy del todo convencido que él habría estado de acuerdo con las explicaciones y suposiciones naturalistas de la vida humana y el sufrimiento que han sido tan afianzados de nuestra ciencia y nuestra cultura en estos últimos días.

Hay mucho más que podría y debería ser dicho acerca de los asuntos que he traído aquí – e.j., el papel de la medicación en el tratamiento de “la enfermedad mental,” la naturaleza problemática de usar la metáfora médica de “enfermedad” para referirse a los problemas sociales, morales, emocionales y espirituales de la vida, etc. – pero eso tendrá que esperar para otra ocasión.

—Edwin E. Gantt, PhD

En esta parte final, Gantt dice que él admite que la depresión puede venir de nuestras experiencias. Experiencias, no biología. O sea, si algo trágico me pasa en la vida, es obvio que voy a estar triste, pero si tengo un nivel descontrolado de seratona en el cerebro, eso no debería afectarme. Después de todo, según este hombre, yo tengo mi “agencia”, o “libertad de elección”, por lo tanto debería ser capaz de curarme con el pensamiento, las buenas ondas, la oración, la obediencia, etc. Y para rematarla, dice que al usar la palabra “enfermedad” para referirnos a los transtornos mentales es una “metáfora”.

Y este hombre todavía enseña en BYU.

¿Alguien está interesado en recibir una educación ciéntifica de primera en Sion? Vayan a la Universidad de Utah o a Utah State. Les va a ir mejor.

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