Lo que aprendí de un apologista mormón

Hace poco tuve una charla con una persona en Facebook que se llama a sí mismo “Apologista Mormón”. Mientras conversábamos, me dijo que él en la iglesia se sentía tan especial, y que como antes él era anti mormón y ahora es un apologista, y ahora su vida es tanto más feliz, tiene que significar que la iglesia es verdadera. Yo le comenté que mi tía evangélica dice lo mismo, queriendo significar que toda la gente cuando se une a una fe se siente igual que como él se siente ahora, pero me parece que no me entendió y me respondió:

Esto me hizo pensar en cómo a todos nos gusta sentirnos especiales, y por eso nos unimos con gente que tiene similares intereses que nosotros, o similares ideologías, y de ahí pasamos a decir que este es el mejor grupo que hay. Si me gusta el fútbol, mi equipo de fútbol es el mejor. Si soy de un cierto país, mi opinión es que ese es el mejor país que hay. Sea el grupo que fuere, nos gusta sentirnos que ese grupo es el mejor, ya que por extensión nos hace sentir que nosotros también lo somos.

Cuando estaba en la escuela secundaria, todos los años después de los actos patrióticos íbamos en masa a otra escuela cerca de la nuestra a tirar piedras. Hasta el día de hoy nadie me sabe decir por qué hacíamos esto o cómo empezó la tradición, pero realmente no es fácil adivinar: cuando uno se considera que es el mejor, necesita un enemigo, alguien que obviamente no es tan bueno como nosotros. Lo interesante de esto es que los chicos de esta otra escuela tampoco entendían por qué nosotros hacíamos eso, no tenían ninguna animosidad en contra nuestra, y en realidad querían que los dejáramos en paz. Esto por supuesto es algo que todos hacemos como grupos. Los fans de Soda Stereo odian a los Redonditos de Ricota. Los hinchas de Boca odian a los hinchas de River–una vez un grupo de chicos casi me agarraron a patadas cuando tenía unos seis años porque llevaba una camiseta del equipo de mi ciudad, Belgrano de Córdoba, y ellos eran del equipo opuesto, Talleres. Esa mentalidad de grupo afecta a todos, lo que me hace pensar que tiene que tener un componente genético.

Entonces, a todos nos gusta sentirnos parte de algo especial, y todos los grupos necesitan un enemigo. ¿Qué tiene esto que ver con la iglesia?

El comentario del Apologista Mormón nos está claramente diciendo que para él, ser mormón no es tener parte de la tarta, sino tener la tarta entera, lo cual significa que los mormones tienen toda la verdad y toda la felicidad, mientras que el resto del mundo está en tinieblas, dependiendo de la luz prestada que le ofrecemos nosotros. Después de todo, en la tercera charla que yo enseñaba como misionero, le decíamos a la gente que en su primera visión, Dios le dijo a José Smith que no se uniera a ninguna iglesia,

porque todas estaban en error; y el Personaje que me habló dijo que todos sus credos eran una abominación a su vista; que todos aquellos profesores se habían pervertido; que “con sus labios me honran, pero su corazón lejos está de mí; enseñan como doctrinas los mandamientos de los hombres, teniendo apariencia de piedad, mas negando la eficacia de ella”.

Palabra duras, ¿no? ¿Qué tipo de Dios llamaría a su creación entera una “abominación”? Si yo le diera eso a mi hijo tal vez me lo sacaría la gente de servicios sociales por abuso mental

En conclusión, los mormones somos los únicos que tenemos la plenitud del evangelio, somos el pueblo escogido, etc., etc., etc. Pero ya que estamos hablando de lenguaje duro, analicemos la siguiente enseñanza del Libro de Mormón. Según Nefi, hablando de los nefitas y los lamanitas—recordemos que los lamanitas son supuestamente los antepasados de los indios—, dijo que como “[los nefitas] eran blancos y sumamente bellos y deleitables, el Señor Dios hizo que [a los lamanitas] los cubriese una piel de color obscuro, para que no atrajeran a los de mi pueblo. Y así dice el Señor Dios: Haré que sean repugnantes a tu pueblo, a no ser que se arrepientan de sus iniquidades” (2 Nefi 5:21-22). ¡Repugnantes! Ouch. Pero eso no es todo, en Jacob 3:5 se dice que la maldición de la piel negra era una maldición “inmunda”.

¿Por qué entonces un descendiente de un indio querría pertenecer a un grupo en el que es considerado “inmundo” y “repugnante”? Esto es lo que le pregunté a un amigo una vez, y él me dijo, “Si te acordás, los lamanitas terminaron siendo los buenos en la historia, y los nefitas se murieron en su totalidad por causa de su maldad. Además, los lamanitas son descendientes de Lehi, un profeta judío, ¡así que nosotros somos los verdaderos descendientes del pueblo de Dios!

Así mi amigo pasó a ser no sólo un mimbro de un grupo selecto y especial, sino que es parte de un sub grupo que es aún más especial. ¡Es un elegido entre elegidos!

¿Y quiénes son los enemigos de la iglesia? Los “anti mormones”, por supuesto. Aunque, como mencioné en un post anterior, hoy día un anti mormón es un tipo con un blog, mientras en el mundo hay gente que está siendo asesinada por sus creencias.

Lo más desafortunado de todo esto es que al sentirnos tan especiales, estamos considerando a todos los que no son parte de nuestro grupo como ordinarios y “no especiales”. Es una conclusión obvia. Mientras mi amigo el “Apologista Mormón” me decía que “cualquier hijo o hija de Dios tiene derecho y puede ser feliz como desee”, también decía que sólo los mormones tienen la tarta entera. Como dirían los cerdos en Rebelión en la granja, de George Orwell, “Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros”.

Entonces, cuando uno dice que es parte del “pueblo escogido de Dios”, ¿cómo se siente al pensar que el resto de los 7.000 millones de personas en el mundo no son el pueblo de Dios? Cuando era miembro creyente de la iglesia habría dicho algo como “Ya van a tener su oportunidad en el mundo de los espíritus”, o algo así. Pero igual, es una actitud tan arrogante…

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