Mi problema con la expresión “anti mormón”

No es sorprendente que me hayan llamado “anti mormón” unas cien veces desde que empecé el podcast. Después de todo, yo mismo usé la expresión cuando todavía era un miembro creyente y alguien hacía algún comentario que iba en contra de la iglesia o de lo que creía. Como yo definitivamente no tengo ningún problema llamando la atención a problemas con la iglesia, tanto en la antigüedad como hoy día, no es de extrañar que me hayan asignado el rótulo.

Mi primera experiencia con el anti mormonismofue el libro de Ed Decker, Los fabricantes de dioses. Ese libro está tan lleno de mentiras y exageraciones que pensé que iba a ser facilísimo contradecir a este tipo de adversario. Por supuesto que eso fue antes del internet, y los recursos para aprender lo que los opositores a la iglesia pensaban o tenían para decir eran limitados a los panfletos que nos compartían los misioneros evangélicos o lo publicado en la Atalaya. Ese es el anti mormonismo que un miembro de la iglesia promedio tiene en mente cuando usa esa expresión, lo cual me parece bien, ya que esa gente está tratando activamente de hacer que la gente se vaya de la iglesia y que se una a sus propias congregaciones. Lo que no entiendo es cómo yo, u otra gente que no trata activamente de inactivar a nadie o de destruir la iglesia, podemos ser considerados anti mormones.

Cuando yo me fui de la iglesia, después de casi 25 años de membresía, una de las cosas que más me atrajeron fue la cantidad de material disponible aquí en los Estados Unidos sobre la historia de la iglesia. Cuando empecé a realmente aprender la historia, yo ya había dejado de creer en la veracidad de la iglesia, por lo que para mí la historia mormona tiene más que ver con un interés histórico, antropológico, sociológico, psicológico, etc., más que con su rol como una herramienta para probar que la iglesia no es verdadera. En realidad no tengo ningún interés en demostrar que la iglesia es falsa.

Ahora, mi verdadero problema con la expresión tiene más que ver con la liberalidad con la que los mormones la utilizan. Hace poco alguien me llamó anti mormón en Facebook, y cuando le pregunté por qué pensaba eso, simplemente respondió, “bueno, es obvio”. Lo que me lleva a pensar que esta expresión más que ser una conclusión basada en la realidad, es una reacción emocional. Además, es algo que se usa tanto porque lo escuchamos muchísimo en la iglesia. En mis años de miembro, especialmente durante mi misión, escuché este término casi la misma cantidad de veces que escuché “espíritu santo” o “santa cena”. Y por eso es que cuando pregunto la razón por la que soy un anti mormón, no me saben responder.

El mormonismo es una religión que ha seguido las tendencias conservadoras de este país. En sus inicios, los mormones se mudaron al oeste con la intención de crear su propia nación, Deseret. La cultura estadounidense siempre ha sido particularmente individualista, pero en esa época en la que los medios de comunicación se movían a pasos de caracol, el individualismo era mucho mayor de lo que es hoy. En la época de los 20 a los 40, el mormonismo se convirtió de a poco en un reflejo del conservadorismo en general, hasta que en los 60 el conservadorismo SUD fue tan exagerado que se convirtieron en una caricatura del clima conservador nacional: la iglesia estaba tan en contra de los movimientos hippies que la barba fue considerada una herramienta del diablo (a pesar de que todos los profetas por años, y Jesucristo mismo, tenían barbas). Estaban tan en contra de la lucha de los derechos civiles que se continuó negando el sacerdocio a los negros por 20 años más. Estaban tan en contra de la igualdad entre los sexos que invistieron incontable tiempo y dinero para asegurarse que la enmienda de la igualdad de derechos de la constitución no pasara en el congreso.

Esta tendencia feroz al individualismo llevó a los mormones a considerarse una etnia. Después de todo, cuando uno vive en una pequeña zona, aislados del resto de la población, tal como los antiguos habitantes del estado de Deseret vivían, no es difícil considerarse una gente aparte. Por años se disuadió a los miembros de la iglesia a que participaran en matrimonios interraciales, dando todo tipo de excusas doctrinales. El presidente Kimball dijo en el púlpito que si los indios se hacían miembros de la iglesia se iban a volver blancos.

Es claro que el tema racial ha jugado un papel importantísimo en la historia de la iglesia. Joanna Brooks, famosa escritora de temas sociales de la iglesia, escribió en el blog del sitio religioso Patheos que el mormonismo sí es definitivamente una etnia. ¡Y ella es una mormona liberal! Como ilustración, en Utah existe una agrupación llamada “Daughters of Utah Pioneers”—Hijas de los pioneros de Utah—, un grupo social en el que sólo las mujeres que pueden rastrear su árbol genealógico a algún pionero que vino a Utah entre 1847 y 1869 son permitidas. Como es de esperarse, este es un grupo particularmente homogéneo.

¿Y por qué esta extraña obsesión con tratar de probar que los mormones se consideran a sí mismos una etnia? ¿Al menos los mormones de Utah? Porque si uno se considera parte de una etnia en particular, entonces puede quejarse de prejuicio. De la manera que yo lo veo, cuando un mormón se queja de “anti mormonismo”, consciente o inconscientemente se está poniendo en el rol de un judío: en la iglesia se habla de que los mormones son el pueblo elegido de Dios, que los que no son mormones son “gentiles”—una vez escuché a un cómico judío decir que Utah es el único lugar en el mundo donde él es considerado un gentil. Los judíos durante toda su historia fueron perseguidos, y los mormones han adoptado esa misma narrativa. ¡Todos nos odian, lo cual es prueba de que somos los elegidos! Por supuesto ignoran el hecho de que en el medio oriente y en Asia gente es asesinada en masa por sus creencias religiosas, mientras que la persecución mormona es un tipo con un blog. Pero divago…

Una vez que los mormones justifican que son una etnia y que son los verdaderos judíos de esta era, ya que son el pueblo escogido que ha recibido la plenitud del evangelio en los últimos días, es claro que el término “anti mormón” es paralelo al término “anti semita”. Según esta definición, un anti mormón no es alguien que critica a la iglesia, sino que es un racista.

Tal vez esta conclusión es un sofisma. Se me ha dicho que esta conclusión estó equivocadísimo, lo cual es posible. Después de todo no soy un filósofo o un erudito, soy simplemente alguien a quien le gusta analizar problemas de este tipo. Lo que hay que aceptar es que los mormones tienen un complejo de persecución muchísimo mayor que el del resto de la población, y que uno no escucha a los miembros de otras iglesias quejarse de los “anti católicos” o de los “anti metodistas”. De la manera que lo veo, y por lo poco que he leído, los judíos y los mormones son los únicos que usan el prefijo “anti” al hablar de sus críticos. Por supuesto que de los dos, los judíos pueden comprobar que el anti semitismo existe, ya que ha reclamado la vida de millones de judíos en todo el mundo, mientras que la tragedia más grande en la historia mormona fue la masacre de Haun’s Mill, en la cual murieron 19 miembros de la iglesia. Compárese con la masacre de Mountain Meadows, en la que un grupo de mormones asesinaron a unos 120 personas culpables de haberse atrevido a cruzar Utah para ir a California.

En conclusión, y en mi humilde opinión, el termino “anti mormón” no tiene fundamento en la realidad.

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