Conferencia General, Octubre 2014

Hace un par de semanas fue la conferencia general de la iglesia. Por primera vez los discursantes que no hablan ingles como su primera lengua tuvieron la oportunidad de hablar en sus propios idiomas. Chi Hong Wong, de Hong Kong, dio el primer discurso no en ingles en su idioma nativo, cantonés. El Segundo fue Eduardo Gavarret, de Uruguay, obviamente en español. Ambos discursantes son miembros del quorum de los setenta. Ya era hora, considerando que desde 1997 han habido más miembros de la iglesia fuera de los EEUU y desde el 2000 que los miembros anglohablantes de la iglesia son la minoría. El domingo por la tarde, el élder Hugo E. Martinez comenzó su discurso en español diciendo, ” En La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se nos brinda la oportunidad y bendición personal de servir. Desde que soy miembro, lo he podido hacer de muchas maneras. En palabras que solía citar a menudo el hermano Udine Falabella, padre del élder Enrique R. Falabella: ‘El que sirve, sirve; el que no sirve, no sirve'”. Por suerte, la mayoría de los ejemplos que dio tenían que ver con la ayuda que uno puede dar a la gente en general. Si bien dijo dos veces que un gran ejemplo de ayuda es compartir el evangelio, también dijo que dar una mano a los que la necesitan, a pesar de que no tenga nada que ver con la iglesia o con el llamamiento en la misma, es un buen ejemplo de esa frasesita.

En la reunion de la sociedad de socorro, el elder Uchdorf dio mi discurso favorito de toda la conferencia. En una parte dijo,

Una madre sola con dos niños pequeños enfermó recientemente de sarampión. Por supuesto, al poco tiempo, los niños también enfermaron. La tarea de cuidar de sí misma y de sus pequeños sola resultó ser demasiado para esa joven madre; como resultado, la casa que normalmente estaba impecable, se convirtió en un lugar desarreglado y sucio; los platos sucios se amontonaron, y por todos lados había montones de ropa para lavar.

Mientras lidiaba con niños que lloraban, y con deseos de llorar ella misma, alguien llamó a la puerta. Eran sus maestras visitantes, quienes se percataron de la angustia de esa joven madre; vieron su casa, la cocina y oyeron el llanto de los niños.

Ahora bien, si a esas hermanas sólo les hubiera preocupado completar las visitas mensuales que se les asignaron, quizás le habrían entregado a esa madre un plato con galletitas, le habrían dicho que la extrañaron en la Sociedad de Socorro la semana anterior, y le habrían dicho algo así: “¡Avísenos si hay algo que podamos hacer!”. Entonces, se habrían ido alegremente a casa, agradecidas de haber logrado el 100 por ciento para otro mes.

Afortunadamente, esas hermanas eran verdaderas discípulas de Cristo. Se dieron cuenta de las necesidades de la hermana y pusieron sus muchos talentos y experiencia en acción: Pusieron en orden el caos, llevaron luz y claridad al hogar, y llamaron a una amiga para que fuera a comprar comestibles que tanto necesitaban. Cuando por fin terminaron sus labores y se despidieron, dejaron a aquella joven madre en lágrimas —lágrimas de gratitud y amor.

A partir de ese momento, la opinión de esa madre en cuanto a las visitas de maestras visitantes cambió; ella dijo: “Sé que no sólo soy una asignación más en la lista de tareas de una persona”.

Sí, las maestras visitantes tienen que ser fieles en hacer sus visitas mensuales, todo ello sin pasar por alto el porqué más importante de este mandamiento: amar a Dios y al prójimo.

Es tan importante hablar de este tipo de cosas, porque muchos miembros de la iglesia prefieren enfocarse en los rituales, en las formalidades, y se olvidan completamente que el propósito de la iglesia es crecer como personas. El elder Oaks, por ejemplo, dijo en su discurso del sábado por la tarde:

He hablado sobre principios generales; ahora hablaré en cuanto a la forma en que esos principios se deben llevar a la práctica en una variedad de circunstancias comunes en las que las enseñanzas del Salvador se deben seguir con más fidelidad.

Empiezo con lo que nuestros niños pequeños aprenden en sus actividades de juego. Con mucha frecuencia, las personas de aquí de Utah que no son mormonas se han sentido ofendidas cuando algunos de nuestros miembros se han distanciado de ellas y no permiten que sus hijos se hagan amigos de niños de otras religiones. Seguramente podemos enseñar a nuestros hijos valores y normas de comportamiento sin que se alejen ni muestren falta de respeto hacia cualquier persona que sea diferente.

Me alegra mucho que haya recordado a los miembros de la iglesia cómo comportarse de manera civilizada con sus vecinos, ya que la falta de inclusión en Utah es casi epidémica. Esta última semana, por ejemplo, mi amiga Sara me contó que sus vecinitos le dijeron a su hijo que no pueden jugar más con él porque no tiene un alma “santa”. La madre de una alumna que tuve el anio pasado me dijo que estaba avergonzada de que los miembros de su barrio prohibieran a sus hijos jugar con los hijos de no miembros (ella es miembro de la iglesia). En el mismo discurso, el Elder Oaks recordó a sus miembros que solo porque ellos crean que el unico matrimonio aceptable ante los ojos de Dios es entre un hombre y una mujer, no quiere decir que tengan que estar en contra de los matrimonios homosexuales, o en contra de aquellos que lo defienden. Por supuesto que el mismo Elder Oaks dijo en el 2013 que el matrimonio homosexual es “inmoral”, lo cual no suena muy caritativo y tolerante, pero al menos parece que está haciendo un poco de progreso en su opinion personal, al menos en lo que respecta a sus discursos en público.

Algunos comentarios que me parecieron un poco extraños vinieron de los siguientes líderes:

1. Elder Cook dijo a los hombres y mujeres mayores que están solteros, “Ustedes, jóvenes solteros, cuanto más tiempo permanezcan solteros, después de una edad y madurez determinadas, más cómodos se sentirán; ¡pero se deberían sentir más incómodos!”

Por más que uno sea muy feliz estando soltero, ¡no tiene que sentirse feliz! ¡Tiene que sentirse infeliz! Despues de todo, el élder George Q. Cannon dijo en la conferencia de abril de 1878, “Soy de la firme opinión de que un gran número de hombres solteros, mayores de veinticuatro años, son un elemento peligroso en cualquier comunidad, y un elemento sobre el cual la sociedad debe mirar con ojos desconfiados. Ya que cada hombre que se conoce a sí mismo, sabe cómo se constituye su prójimo; y si los hombres no se casan, son demasiado propensos a hacer algo peor”.

2. En la reunión del sacerdocio, el élder Uchdorf dijo,

“mi amigo y su esposa fueron llamados a una misión. Cuando regresaron tres años después, se quedaron atónitos al darse cuenta que durante el tiempo de su servicio, once matrimonios se habían divorciado.

“Aunque el barrio tenía toda la indicación externa de fidelidad y fortaleza, estaba pasando algo desafortunado en el corazón y la vida de los miembros; y lo más preocupante es que esa situación no es única. Suceden cosas terribles y a menudo innecesarias cuando los miembros de la Iglesia se desconectan de los principios del Evangelio. Por fuera tal vez aparenten ser discípulos de Jesucristo, pero en el interior de su corazón se han separado de su Salvador y de Sus enseñanzas. Gradualmente se han apartado de las cosas del Espíritu y se han acercado a las cosas del mundo.”

La parte más desafortunada de este comentario es que el élder Uchdorf pareciera estar diciendo que aquellos que terminan sus matrimonios en divorcio se han alejado de Dios, lo cual es horriblemente crítico e injusto. La gente se divorcia por muchas razones, muchas de las cuales tienen que ver con el simple hecho de que sus personalidades son incompatibles y que no son felices juntos. ¡Ese es, después de todo, uno de los mayores problemas de casarse rápido para evitar ser una amenaza para la comunidad! No sé cuántas mujeres he conocido en Utah que porque no se casaron a los 21 pensaban que no se iban a casar nunca.

3. En la sesión del domingo por la mañana, el Elder Nelson dijo, “el presidente Kimball llegó a ser el Presidente de la Iglesia, y durante muchos años proporcionó un liderazgo enérgico y valiente.

“Desde entonces hemos sostenido a los presidentes Ezra Taft Benson, Howard W. Hunter, Gordon B. Hinckley y ahora a Thomas S. Monson como Presidentes de la Iglesia: ¡profetas en todo el sentido de la palabra!”

Lo que me extraña de este comentario es que debemos suponer que el presidente Monson es un profeta en el sentido literal. Según el diccionario de la RAE, un profeta es:

1. m. Poseedor del don de profecía.

2. m. Hombre que por señales o cálculos hechos previamente, conjetura y predice acontecimientos futuros.

3. m. Hombre que habla en nombre y por inspiración de Dios.

La primera definición simplemente dice que un profeta es alguien que posee el don de profecía. ¿Y que es eso? Según el mismo diccionario, profecía es:

1. f. Don sobrenatural que consiste en conocer por inspiración divina las cosas distantes o futuras.

2. f. Don sobrenatural para pronunciar oráculos en nombre y por inspiración de Dios.

3. f. Predicción hecha en virtud de don sobrenatural.

¿Alguien me podría por favor referir a la última profecía de cualquier “profeta” desde la época de Brigham Young hasta la actualidad (suponiendo, por supuesto, que las profecías de José Smith se van a cumplir uno de estos días)

Finalmente, el mismo discurso del élder Faust me sorprendió en su énfasis en el hecho de que los líderes sufren las mismas enfermedades que cualquier otra persona, que a pesar de sus incapacidades, siempre van a haber otros líderes para tomar su lugar, etc. Esto me hace preguntar si no tendrá que ver con el rumor muy común aquí en Utah de que el presidente Monson tiene demencia y por eso hace cosas tan extrañas en sus discursos (me estoy refiriendo a los chistes que no tienen sentido y a las caras chistosas que hace sin ningún contexto lógico).

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