Cliché mormón: Como sapo en agua hirviendo

Recientemente escuché un comentario en la radio acerca de la historia que escuchamos en la iglesia de que si uno pone una rana en agua hirviendo, la rana va a saltar del agua inmediatamente. Pero si uno pone la misma rana en agua fría y de a poco empieza a subir la temperatura, va a quedarse hasta que al final va a morir de calor. Esto se usa como una metáfora del pecado: nadie va a romper la ley de castidad o a matar a alguien como primer paso hacia el pecado, sino que va a llegar allí gradualmente. Primero vamos a mirar pornografía, después vamos a tener fantasías y pensamientos inapropiados, y así de a poco hasta que antes que nos demos cuenta vamos a estar rompiendo la ley de castidad. Los mormones no son los únicos que usan esta metáfora, pero es algo que he escuchado miles de veces en la iglesia.

El problema es que el objeto del símile, lo de las ranas muriendo en agua caliente, no es cierto.

Primero que nada, uno tiene que preguntarse por qué alguien haría un experimento tan cruel. Aparentemente, la primera vez que el experimento se realizó fue para estudiar el sistema nervioso de la rana.

En 1896, mientras estaba haciendo experimentos tratando de encontrar el alma, el fisiólogo alemán Friedrich Goltz demonstró que una rana a la que se le removió el cerebro permanecería en agua gradualmente más caliente, pero si el cerebro permanecía intacto, el sapo trataría de escapar cuando el agua alcanzara los 25º centígrados. Así que si uno no tiene cerebro, la analogía funciona perfectamente.

Otros experimentos demonstraron que las ranas no trataron de escapar cuando la temperatura se subía mucho más gradualmente. En un experimento en 1872, Heinzmann demostró exactamente eso. En 1875, Fratscher lo verificó. Pero los científicos modernos no están convencidos. En 1995, el profesor Douglas Melton, del departamento de biología de la Universidad de Harvard, dijo: “Si uno pone una rana en agua hirviendo, no va a saltar, sino que se va a morir [inmediatamente]. Pero si uno lo pone en agua fría, va a saltar antes de que se caliente, porque las ranas no permanecen quietas [por mucho tiempo]”. El Dr. George R. Zug, comisario de reptiles y anfibios del Museo Nacional de Historia Natural, en los EEUU, también negó la sugerencia, diciendo que “Si un sapo tiene una manera de salir, ciertamente va a salir”.

Esto me hace pensar en un video de como hervir un sapo que vi en YouTube. Un pastor trató de demonstrar esta enseñanza haciendo el experimento, pero cuando puso al sapo en una olla al fuego, la tapó, lo cual inmediatamente invalida el intento.

En el 2002, el Dr. Victor H. Hutchison, profesor emérito de zoología en la Universidad de Oklahoma, explicó que mientras el agua se calienta a 1,1º centígrado por minuto, el sapo se vuelve más y más activo y va a tratar de escapar, y eventualmente va a saltar si el contenedor en el que está se lo permite [es decir, si no es demasiado grande].

Hay que admitir que es una buena metáfora, y muy útil. Se ha usado para defender la moralidad enseñada en las religiones, y también se ha enseñado para demostrar el efecto casi hipnótico de algunas religiones, es decir, ha servido los propósitos de los defensores y los críticos de las iglesias. Los economistas y políticos la han usado, y en cada caso ha sido relevante. Lo único que yo y otros han sugerido, es que cuando uno use esta metáfora, tiene que aclarar que no es científicamente verdadera, sino que es una simple historia.

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